Este Highlander no entraba en mis planes Capítulo 12
33%

Capítulo 12

Mara

Llegué al hotel algo más tarde de lo habitual porque tuve que comprobar dos veces que había cerrado bien la puerta de casa. Al parecer, había bastado con que alguien entrara una vez para que mi cerebro activara el modo máximo de seguridad.

Callum ya estaba allí. Lo vi nada más cruzar el vestíbulo, hablando con Ross junto a una de las puertas que habían desmontado el día anterior. Llevaba ropa de trabajo, tenía un lápiz sujeto detrás de la oreja y parecía bastante cansado. Nadie diría que había pasado la noche en mi sofá.

Me vio acercarme, terminó de hablar con Ross y vino hacia mí.

—¿Todo bien?

—Sí. He conseguido salir de casa sin volver tres veces para comprobar la puerta, así que vamos avanzando.

—¿Solo has comprobado dos?

—No necesito que me juzgues tan temprano.

Sonrió.

—Solo era una inocente pregunta.

—Ya.

Aquello era mentira, pero tampoco iba a discutir por una cerradura a las ocho y media de la mañana.

—Por cierto, ha llegado la compra —añadí—. Mi nevera vuelve a tener comida.

—Me alegro.

—Ayer no parecías muy preocupado cuando me viste pedir la cena.

—Sabía que eres una mujer de recursos.

—Qué confianza.

Callum señaló con la cabeza hacia el ala norte.

—Tengo las muestras de las puertas.

—Eso me interesa más que hablar de mi nevera.

Fuimos hacia una de las habitaciones que estaban utilizando para guardar parte del material y encontré dos muestras apoyadas sobre una mesa. Las dos eran del mismo roble que estaban recuperando en las puertas originales, aunque una tenía un acabado algo más claro.

Cogí esa primero y la acerqué a la ventana.

—Esta.

—También prefiero esa.

Lo miré.

—Pues nos ahorramos una discusión.

—Podemos buscar otro tema.

—No hace falta. Seguro que aparece solo.

Volví a mirar la muestra con la luz natural. El tono era bastante más parecido al que yo había imaginado desde el principio y dejaba ver mejor la veta de la madera, que era justo lo que necesitábamos para que las puertas no quedaran demasiado pesadas con las paredes claras.

—Si podéis conseguir este acabado en todas las originales, yo no tocaría nada más.

—Podemos.

—Perfecto.

Callum sacó varias fotografías de una carpeta y las fue dejando sobre la mesa. Habían probado también dos tratamientos distintos en las molduras y recuperado una parte del panel que vimos en el taller, así que pasamos un buen rato revisándolo todo.

Y funcionaba. Eso era lo que más me estaba sorprendiendo de trabajar con él.

Seguíamos sin estar de acuerdo en muchas cosas y seguramente seguiríamos así hasta que termináramos el hotel, pero ya no perdíamos media mañana defendiendo cada uno su terreno.

Yo empezaba a saber qué cosas no iba a tocar él y él había dejado de asumir que cualquier propuesta mía suponía cargarnos doscientos años de historia.

Supongo que a eso podía llamarse progreso.

Callum terminó de guardar las muestras mientras yo hacía una última anotación en la tableta.

—¿Has empezado a ordenar lo del despacho? —preguntó.

—Un poco. Ayer no estaba precisamente para ponerme a revisar cajas, pero esta mañana he preparado una hoja de cálculo.

—Me habría sorprendido más que hubieras dicho que no.

—No sé si tomármelo como un cumplido.

—Tómatelo como quieras.

—Estupendo. Entonces era un cumplido.

Sonrió y cerró la carpeta que tenía delante.

—¿Hay mucho?

—Más de lo que pensaba. Documentos de mi madre, recibos de la casa, contratos antiguos y un montón de papeles de mi abuelo que no he mirado en años. Y eso solo en las primeras cajas.

—Te va a llevar tiempo.

—Sí, pero ahora quiero saber qué hay. Antes podía tener todo eso guardado otros diez años sin preocuparme demasiado, pero después de lo que pasó, me cuesta bastante ignorarlo.

No podía saber si faltaba algo porque ni siquiera conocía todo lo que había dentro antes de que alguien revolviera las cajas, pero al menos podía empezar por ordenar lo que sí tenía y ver si encontraba algo que explicara por qué habían ido directamente al despacho.

—Si empiezan a aparecer papeles de obras o reparaciones antiguas y no entiendes algo, tráemelos —dijo Callum—. Puede que reconozca nombres de empresas, materiales o zonas de la casa.

—Eso me vendría bien. Hay documentos de mi abuelo que parecen escritos para alguien que ya sabe de qué está hablando.

—Seguramente porque él sí lo sabía.

—Gracias por la aclaración.

—Para eso estoy.

Guardé la tableta y recogí mis cosas.

—Perfecto. Ya tengo traductor de papeles viejos.

—Ese servicio se cobra aparte.

—Eso sí me lo creo.

Salimos de la habitación y encontramos a Ewan en el pasillo con varios planos bajo el brazo.

—Os estaba buscando.

—Eso nunca trae nada bueno —dije.

—Hoy no es para tanto.

—Ewan, que cada vez que dices eso acabamos delante de una pared abierta.

Callum me adelantó sin comentar nada y siguió a Ewan hacia la planta baja. Yo fui detrás porque, por desgracia, aquella observación no significaba que pudiera librarme.

Habían retirado parte del revestimiento junto a una de las puertas secundarias y había aparecido la unión de dos muros que no coincidía con el plano que teníamos. Callum se agachó para mirar la zona mientras Ewan extendía los papeles sobre una mesa.

—Este tabique es posterior —dijo Callum.

—Eso parece. El problema es que tampoco coincide con esta reforma.

Me acerqué al plano.

—¿De qué año es?

—De 2008.

—Entonces necesitamos uno anterior.

—Puede que entre los papeles de ayer aparezca algún plano —dijo Ewan—. Los están ordenando arriba.

—Si encuentran algo del ala oeste o de esta zona, quiero verlo.

—Se lo diré a Graham.

Callum terminó de revisar la unión y nos explicó qué parte podían abrir sin tocar nada importante. Marcamos la zona, hicimos un par de cambios en el plano y seguimos con el resto de la mañana.

Cuando volvimos a cruzar el vestíbulo, Graham estaba entrando mientras hablaba por teléfono.

Nos saludó con la mano y siguió hacia una de las salas.

Al rato lo vi salir con una mujer que llevaba varias carpetas y supuse que sería la persona que estaba revisando toda la documentación que había aparecido.

Subimos a la planta superior, donde una de las puertas acabó ocupándonos durante la siguiente hora.

Yo ya la había dado por perdida. Tenía una parte bastante dañada y estaba convencida de que acabaríamos teniendo que sustituirla, pero Callum no estaba tan dispuesto a rendirse.

—Se puede recuperar —dijo después de revisarla.

—¿Seguro?

—Sí.

—No me la defiendas por orgullo.

—Si no pudiera salvarse, ya te habría dicho que la cambiaras.

—Me dejas más tranquila.

Me miró.

—La madera está bien. Hay que reconstruir esta parte y cambiar dos piezas, nada más.

Me acerqué para verlo mejor.

—¿Y quedará igual?

—No va a parecer recién salida de una fábrica, si es lo que preguntas.

—No quiero que parezca nueva.

—Entonces estamos bien.

Le dejé hacer. Cada vez me costaba menos, aunque no pensaba compartir esa información con él porque todavía tenía que conservar algo de dignidad durante los meses que nos quedaban.

A mediodía, Ewan se marchó a comer con dos personas del estudio de arquitectura y yo me instalé en una de las mesas de la oficina provisional para hacer una videollamada con Giulia.

Callum apareció poco antes de empezar y dejó una botella de agua junto a mi portátil.

—Gracias.

—Voy a salir a por algo de comer. ¿Quieres que te traiga?

—Sí, por favor. Lo que sea, mientras no necesite cubiertos y pueda comerlo aquí.

—Muy específico.

—Tengo una reunión dentro de tres minutos.

—Eso ya lo había deducido.

Se fue antes de que pudiera contestarle y Giulia apareció en la pantalla justo después.

—Tienes cara de no haber dormido.

—Buenos días a ti también.

—¿Qué ha pasado?

Le conté lo de la casa mientras revisábamos la propuesta que me había enviado la noche anterior.

Evidentemente, la parte de que Callum había terminado durmiendo en mi sofá apareció bastante pronto porque Giulia tenía una habilidad especial para encontrar justo el detalle que yo preferiría pasar por alto.

—¿Fraser durmió en tu casa?

—En el sofá.

—No he preguntado dónde.

—Pero lo estabas pensando.

—Ahora sí.

—Giulia.

Se echó a reír.

—¿Y qué tal?

—¿Qué tal qué?

—El sofá.

—No pienso seguir esta conversación.

—Entonces cuéntame otra cosa.

Eso hice. Volvimos al proyecto, revisamos telas, cambiamos una lámpara y pasamos casi veinte minutos discutiendo por un tono de verde que para ella era perfecto y para mí seguía teniendo demasiado amarillo.

Callum volvió mientras todavía hablábamos y dejó una bolsa de comida a mi lado.

—Gracias —dije.

Giulia levantó la vista de la pantalla.

—¿Ese es él?

Cerré los ojos un segundo.

Callum se inclinó lo justo para aparecer en cámara.

—Hola.

—Hola, Callum. Por fin te pongo cara.

—Giulia ha oído hablar mucho de ti —dije antes de que a ella se le ocurriera explicarle exactamente cuánto.

—Espero que bien.

—Depende del presupuesto —respondió ella.

La miré.

—Tenemos trabajo.

—Sí, jefa.

Callum se alejó sonriendo y yo esperé a que estuviera fuera de la oficina antes de volver a mirar la pantalla.

—Giulia.

—Solo lo he saludado.

—Y me gustaría que siguiera siendo así.

—Qué poca confianza tienes en mí.

—Te conozco.

—Precisamente por eso deberías saber que puedo ser muy discreta.

—Eso sí que no te lo crees ni tú.

Terminé la llamada unos minutos después y comí mientras revisaba unos correos. El resto de la tarde se me pasó bastante rápido entre habitaciones, medidas y decisiones que llevábamos posponiendo desde que empezó la obra.

No volví a hablar a solas con Callum hasta que estaba a punto de marcharme.

Me encontró guardando la tableta.

—¿Te vas?

—Sí. Tengo una cita maravillosa con varias cajas de papeles viejos.

—Suena bien.

—No sabes la envidia que te da.

—Muchísima.

Me colgué el bolso.

—Mañana te cuento si descubro algún tesoro familiar.

—Con que encuentres lo que estaban buscando, me conformo.

La frase me hizo quedarme quieta un momento, porque hasta entonces no lo había pensado exactamente así.

Alguien había entrado en mi casa y había ido directamente al despacho. No parecía que hubiera tocado nada de valor y, por cómo estaban las cajas, seguramente había estado buscando algo concreto.

El problema era que yo no tenía ni idea de qué.

—A ver si tengo suerte —dije.

Callum me acompañó hasta el vestíbulo.

—Llámame si necesitas algo.

—No voy a llamarte porque una factura de 1994 me parezca sospechosa.

—Te lo agradezco.

—Aunque si está relacionada con una ventana, quizá sí.

—Entonces atenderé.

Salí del hotel antes de que encontráramos otro motivo para seguir hablando.

Cuando llegué a casa comprobé la cerradura una vez y conseguí no volver sobre mis pasos. Para mí, aquello ya contaba como una victoria.

Guardé las últimas cosas de la compra que seguían en bolsas, me cambié y preparé algo de cena antes de meterme en el despacho. Había dejado allí el portátil con la hoja de cálculo abierta y varias cajas separadas para no tener que empezar otra vez desde cero.

Durante la primera hora clasifiqué documentos de la casa. Recibos, contratos, facturas de reparaciones y papeles que mi madre había guardado por algún motivo que seguramente solo ella entendía.

Después empecé con los de mi abuelo. De él había bastante más de lo que recordaba: nóminas, correspondencia, libretas, recibos y carpetas relacionadas con distintos trabajos. Mi abuelo había pasado media vida arreglando cosas y parecía haber considerado necesario guardar prueba de casi todas.

Fui anotándolo en la hoja de cálculo sin encontrar nada que me llamara especialmente la atención hasta que abrí una caja más pequeña que recordaba haber visto fuera de sitio la noche anterior.

Dentro había varias carpetas con el nombre de mi abuelo y, al sacar una de ellas, una fotografía cayó sobre la mesa.

Lo reconocí enseguida, aunque allí debía de tener poco más de cincuenta años. Aparecía con ropa de trabajo y los brazos cruzados, muy serio, como en casi todas las fotos, a pesar de que luego era incapaz de pasar cinco minutos sin hacer alguna tontería.

Iba a dejarla a un lado cuando me fijé mejor en el edificio que tenía detrás. La fachada había cambiado en algunas zonas y el jardín estaba bastante más descuidado, pero llevaba suficientes días recorriendo el hotel como para reconocerlo sin problemas.

Mi abuelo estaba delante del hotel en el que yo llevaba semanas trabajando.

Le di la vuelta a la fotografía.

Alasdair Sinclair. 1998 .

Me quedé con ella en la mano mientras intentaba recordar cuánto sabía realmente del trabajo de mi abuelo. Siempre había sabido que se dedicaba al mantenimiento y que había trabajado en varias propiedades de la zona, pero jamás había relacionado una de ellas con el hotel.

Quizá me lo habían contado alguna vez y simplemente lo había olvidado. Llevaba tantos años fuera que había cosas de mi familia que ya tenía bastante difusas.

Dejé la fotografía junto al ordenador y cogí la carpeta que había debajo. Si mi abuelo había trabajado en el hotel, tenía sentido que algunos de aquellos papeles estuvieran relacionados con él.

Además, alguien había entrado en mi casa y había estado revolviendo precisamente esas cajas.

Con eso me bastó para abrir la carpeta.