Este Highlander no entraba en mis planes Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Sabía desde hacía años que Mara vivía en Milán.

Fiona la había mencionado alguna vez y, después de su muerte, nuestras conversaciones y correos por las reparaciones de la casa habían terminado confirmándome que viajaba bastante por trabajo.

Nunca le había preguntado a qué se dedicaba exactamente porque, hasta aquel momento, tampoco había tenido ningún motivo para hacerlo y ahora resultaba que dirigiría el diseño interior del proyecto más importante que teníamos en marcha aquel año.

Recordé nuestra conversación de hacía apenas media hora, cuando me había dicho que saldría temprano al día siguiente. No había explicado a dónde iba y yo tampoco había preguntado, así que ninguno de los dos sabía que volveríamos a vernos tan pronto. Bueno, ahora uno de los dos sí lo sabía.

Sonreí mientras guardaba el móvil porque podía imaginar bastante bien la cara que pondría Mara al entrar en aquella reunión y encontrarse conmigo allí. No pensaba estropearle la sorpresa.

Volví al trabajo y repasé los avances del día.

El equipo de arquitectura quería revisar a primera hora la biblioteca, las habitaciones del ala oeste y la propuesta para recuperar dos de las chimeneas originales.

También había una visita programada a las antiguas caballerizas y una discusión pendiente sobre unos revestimientos que alguien consideraba prescindibles y que no pensaba dejar desaparecer sin presentar batalla.

Si Mara Sinclair era tan buena en su trabajo como parecía ser discutiendo mis presupuestos, al menos la reunión tendría algo de interés.

Terminé de responder un par de correos y cerré el ordenador poco después de las siete.

Antes de marcharme pasé otra vez por la nave, donde la lijadora había dejado por fin de sonar.

Uno de los chicos había cubierto los paneles de roble y dejado preparadas las piezas que necesitaba para la ventana de casa de Mara.

Las cogí y las llevé hasta la furgoneta.

Podía haber mandado a cualquiera al día siguiente y, de hecho seguramente habría sido lo más lógico teniendo en cuenta todo lo que teníamos en marcha. Sin embargo, mientras cerraba las puertas traseras, tuve bastante claro que seguiría ocupándome personalmente de aquella ventana.

El trayecto hasta mi casa era de unos veinte minutos, tiempo suficiente para alegrarle la tarde a mi amigo. Arranqué y llamé a Jamie por el manos libres.

—Mira quién llama ahora por iniciativa propia.

—Para que veas que voy aprendiendo.

—No sabes la ilusión que me hace. ¿Qué ha pasado?

—Acabo de hablar con Ewan.

—¿Y?

Sonreí.

—¿Sabes quién va a llevar el interiorismo del hotel?

—Ni idea.

—Mara.

Hubo un segundo de silencio.

—No me jodas.

—Te juro que no.

Jamie empezó a reírse.

—¿Mara va a trabajar contigo?

—Parece que durante los próximos meses.

—Esto es demasiado bueno.

—Eso he pensado yo.

—Espera. Ella no sabe que tú estás metido en el proyecto.

—No tiene ni idea. Mañana va a llegar a la reunión pensando que no volverá a verme hasta que termine la ventana.

La carcajada de Jamie llenó la furgoneta.

—Pagaría dinero por verle la cara.

—Me lo imaginaba.

—¿Cuánto quieres?

—¿Para qué?

—Para que la grabes.

Me eché a reír.

—Ni de coña.

—Cincuenta libras.

—No.

—Cien.

—Jamie.

—Doscientas y no vuelvo a pedirte que arregles un grifo en seis meses.

—Eso sí empieza a ser una oferta seria.

—Sabía que encontraríamos un punto de acuerdo.

Negué con la cabeza.

—Vas a tener que conformarte con que te lo cuente.

—No es lo mismo.

—Es lo que hay.

—Y ahora vais a tener que discutir por algo más que presupuestos y grifos.

—Eso parece.

—Mañana me llamas.

—Ya veremos.

—Callum, como no me cuentes hasta el último detalle, te subo la comisión de la próxima casa que compres.

—No funciona así.

—Soy el dueño de la inmobiliaria. Algo se me ocurrirá.

—Buenas noches, Jamie.

—Grábala en vertical.

Colgué todavía riéndome y continué hacia casa. Cuando llegué, la lluvia había vuelto a apretar, así que tuve que correr desde la furgoneta hasta la puerta. Dejé las llaves en el cuenco que había sobre la consola, me quité las botas y fui directo a la cocina.

Abrí la nevera y confirmé que mis posibilidades para cenar seguían siendo exactamente igual de escasas que por la mañana, así que terminé preparando algo rápido mientras repasaba mentalmente la reunión del día siguiente.

Los propietarios querían avanzar deprisa, el estudio de arquitectura intentaba mantener los plazos y nosotros ya habíamos tenido dos discusiones sobre elementos originales que se habían presupuestado como sustituciones cuando podían restaurarse perfectamente.

Las discusiones no me preocupaban porque estaba acostumbrado a ellas; lo que me daba curiosidad era saber en qué lado se colocaría Mara.

Por lo poco que había leído de la propuesta de interiores, el estudio italiano había entendido bastante bien el edificio.

No pretendían convertirlo en una caricatura de las Highlands ni llenar cada habitación de tartán para que los huéspedes recordaran dónde estaban.

Había materiales naturales, tonos sobrios y bastante respeto por los espacios originales, así que de momento tenían varios puntos a favor.

Terminé de cenar y llevé el plato al fregadero antes de ir hacia el dormitorio. Tenía una camisa limpia preparada para la reunión y un traje que utilizaba bastante más de lo que la mayoría de la gente imaginaba cuando me veía llegar a una obra con botas de seguridad.

Al sacarlo del armario volví a pensar en Mara mirándome como si alguien hubiera cambiado al hombre que esperaba encontrar debajo del fregadero por otro completamente distinto. Si aquella tarde ya se había llevado una sorpresa, la mañana siguiente prometía ser bastante entretenida.

Dejé el traje preparado y fui a ducharme sin ninguna intención de avisarla.