31 Golpe de realidad #2
Graham ya se está riendo directamente, mientras yo me tapo la cara unos segundos. Me conoce perfectamente.
—Pero necesitaba asegurarme de algo antes de irme.
Necesitaba saber que no ibas a encerrarte sola detrás de esas paredes creyendo que podías con todo sin permitir que nadie te quisiera de verdad.
Porque eres fuerte, demasiado incluso, pero las personas más fuertes también necesitan a alguien que las sostenga cuando el mundo se cae.
La mano de Graham acaricia lentamente mis dedos y yo me aferro a él todavía con más fuerza.
—Y, si no me equivoco… —continúa mi abuelo mirando fijamente a la cámara— el hombre que está a tu lado ahora mismo es exactamente quien esperaba que estuviera.
Graham se queda inmóvil.
Puedo notar cómo contiene la respiración.
—Porque yo he visto cómo te miraba desde que erais unos críos y también vi cómo tú fingías que no sentías nada mientras se te caía la baba por él. Así que no, cariño, nunca me engañasteis demasiado bien.
Graham me mira con una sonrisa incrédula y yo noto cómo las mejillas me arden.
—Ahora bien… Jason.
El ambiente cambia de golpe.
Toda la sala se tensa.
Jason deja lentamente el café sobre la mesa y su mandíbula se endurece.
—Sé perfectamente lo que has hecho durante este tiempo.
Sé cómo has manipulado situaciones, cómo has intentado jugar tus cartas y cómo has querido aprovecharte del miedo de mi nieta para controlar el casino.
Pero, hijo… —mi abuelo suspira despacio— tú cometiste un error muy grande.
Pensar que eras el más listo de la sala.
Jason traga saliva.
Por primera vez desde que lo conozco parece incómodo de verdad.
—Porque yo quizá estaba enfermo… pero seguía viendo perfectamente. Y precisamente por eso dejé todo bien atado antes de irme.
Dennis baja la mirada hacia unos documentos, mientras los inversores, que acaban de entrar por la puerta, observan a Jason con expresión seria y él no sabe ni dónde esconderse.
—El casino jamás ha dejado de pertenecer a Judith.
Nunca. Lo único que estaba en juego era la dirección del mismo, y aun así establecí límites muy claros para proteger el legado de nuestra familia.
Ninguna propiedad podrá venderse o transferirse sin la autorización de Margaret Alister.
Así que, si alguien intentó hacer negocios a espaldas de mi familia…
me temo que acaba de cavar su propia tumba.
El silencio que invade la sala es brutal.
Jason palidece poco a poco, mientras Mark se cruza de brazos y uno de los inversores aprieta la mandíbula.
Yo directamente dejo de respirar durante unos segundos.
—También dejé otra condición. Si alguno de los dos abandonaba el casino durante este año, la cláusula de dirección quedaba automáticamente anulada. Porque necesitaba saber quién lucharía realmente por este lugar… y quién solo quería el poder.
Mi abuelo sonríe suavemente desde la pantalla.
—Pero no todo iba a ser castigos y dramas, que ya bastante telenovela os he dejado montada. Hay algo más importante que todo esto.
Mi madre rompe a llorar antes incluso de que continúe hablando.
—Durante este último año se ha creado en secreto la Fundación Alister, una organización destinada a ayudar a familias afectadas por el síndrome de Wolfram y a financiar investigaciones para intentar mejorar la calidad de vida de quienes padecen esta enfermedad.
Porque nadie debería sentirse solo pasando por algo así.
Las lágrimas comienzan a caerme sin control.
—Judith, quiero que seas tú quien la dirija. Y Margaret… quiero que sigas cuidando de nuestra niña como siempre has hecho, aunque ya no necesite que le sujeten la bicicleta.
Mi madre se ríe entre lágrimas mientras se tapa la boca.
Yo ya ni siquiera puedo hablar.
—Mis últimos años fueron duros, muchísimo más de lo que os dejé ver, pero vosotras hicisteis que mereciera la pena quedarme un poco más. Fuisteis mi motivo para seguir luchando incluso cuando mi cuerpo ya no podía más.
La voz de mi abuelo tiembla apenas un instante.
Y eso destroza lo poco que me quedaba de compostura.
—Así que no lloréis demasiado por mí. He tenido la vida que quería. Y ahora os toca vivir la vuestra. Sed felices, equivocaos, enamoraos, gritad, reconciliaos… pero vivid de verdad.
Entonces mira directamente a cámara una última vez.
—Y tú, Judith… deja ya de huir del amor, porque eres muy inteligente para algunas cosas, pero con Graham siempre has sido un auténtico desastre.
Lloro riéndome al mismo tiempo y Graham apoya la frente en la mía, cerrando los ojos.
La pantalla se queda en negro.
Y durante varios segundos nadie en la sala se atreve a decir absolutamente nada.
Mis lágrimas no paran y mi madre está igual que yo. Nunca nos hubiéramos esperado esto. Mi abuelo nos ha sorprendido.
No solo nos ha dejado un gran legado que protegeremos siempre, sino que ha creado otro que ayudará a miles de personas, porque esta enfermedad no cuenta con muchas ayudas, tiene muy poca investigación financiada y muchas familias crean iniciativas privadas para intentar avanzar en tratamientos.
Así que lo que ha hecho mi abuelo es excepcional.
Jason tarda unos segundos en reaccionar.
Se queda completamente quieto en la silla, con la mirada clavada en la pantalla apagada mientras el silencio de la sala se vuelve incómodo, pesado, asfixiante, y yo puedo ver perfectamente el momento exacto en el que entiende que todo le ha explotado en la cara.
Pero Jason nunca pierde con dignidad. Por eso, en lugar de hundirse, muestra una sonrisa torcida, nerviosa y llena de rabia.
—Vaya… —dice soltando una pequeña carcajada mientras se recuesta en la silla—. Así que el viejo tenía un último truco guardado. Qué sorpresa.
—Jason… —murmura Mark con tono serio.
—No, no, espera, esto es buenísimo —continúa levantándose lentamente—. ¿En serio vais a creeros toda esta mierda sentimental? ¿Un vídeo? ¿Unas cláusulas escondidas? ¿Esto os parece normal?
Mira directamente a los inversores intentando recuperar terreno.
—Vosotros sois empresarios. Sabéis perfectamente que esto puede pelearse legalmente durante años. Os han vendido una historia bonita para intentar asustaros y salvar el casino.
Uno de ellos lo mira con absoluta frialdad.
—Los documentos son claros.
La mandíbula de Jason se tensa.
—Claro, claro… ahora todos vais de listos. —Se ríe sin humor mientras pasea la mirada por la sala hasta detenerse en mí—. ¿Y tú qué? ¿Vas a seguir haciéndote la víctima? Porque aquí la única persona que ha firmado documentos sin leer ha sido la gran Judith Alister.
—Cállate.
La voz de Graham suena seca, peligrosa.
Jason sonríe al verlo alterarse.
—¿O qué, campeón? ¿Vas a pegarme delante de todos? Porque eso sí que sería interesante. La niña rica pierde el casino y el novio acaba detenido. Bonita historia de amor.
Graham da un paso hacia él, pero le agarro la mano antes de que haga ninguna locura.
Puedo notar la tensión en todo su cuerpo.
Jason se ríe otra vez, aunque ahora ya no parece tan seguro.
—Además, no podéis demostrar nada. —Mira a Mark rápidamente—. Todo estaba firmado. Legalmente firmado. Así que como mucho esto será una disputa civil.
—No exactamente.
La voz grave del inversor hace que Jason deje de hablar.
Todos miramos hacia la puerta justo cuando dos agentes entran en la sala acompañados del director de Silver Peak Holdings, la agencia inversora.
Y entonces sí.
Entonces Jason palidece de verdad.
—¿Qué coño es esto?
—Jason Queen —dice uno de los agentes acercándose a él—, queda detenido por fraude documental, falsificación, apropiación indebida y estafa millonaria.
Jason da un paso atrás, luego otro. Mira alrededor buscando una salida que no existe.
—Esto es ridículo, yo no he estafado a nadie, ellos aceptaron la compra. ¡El dinero fue transferido legalmente!
—A una cuenta creada mediante documentación alterada —responde Mark—. Y eso convierte esto en un delito penal.
—No podéis demostrar que fui yo quien modificó esos anexos.
—Sí podemos. —El inversor le lanza una carpeta sobre la mesa—. Tus accesos internos, registros de edición, cámaras de seguridad y movimientos bancarios dicen lo contrario.
Por primera vez desde que lo conozco, Jason parece realmente asustado.
Ya no hay arrogancia, no hay superioridad, solo desesperación.
—Judith… —me mira entonces directamente a mí—. Judith, escucha, esto puede solucionarse. Yo puedo devolverles el dinero, podemos llegar a un acuerdo…
—¿Un acuerdo? —pregunto levantándome lentamente—. ¿Después de intentar destruir el casino de mi familia? ¿Después de engañarme durante meses?
—Lo hice por nosotros. —Da otro paso hacia mí, desesperado—. Tú nunca entendiste que juntos habríamos sido imparables.
—No pronuncies la palabra «nosotros» nunca más en tu vida.
Los agentes se acercan y le colocan las esposas mientras él aprieta la mandíbula con rabia contenida.
Y aun así, incluso cuando empiezan a llevárselo, gira la cabeza una última vez hacia Graham.
—Disfruta mientras puedas —escupe lleno de odio—, porque alguien como ella siempre acaba rompiendo todo lo que toca.
Graham ni siquiera se inmuta, solo me rodea la cintura y me acerca a él mientras observa cómo se llevan a Jason fuera de la sala.
Y es curioso, porque mientras escucho el sonido de las esposas alejándose por el pasillo, por primera vez desde la muerte de mi abuelo siento que todo el peso que llevaba encima desaparece un poco.