10 ¿Esto es una broma? #2
—Sí, desde luego no es la típica —respondo—, aunque no sé si eso es bueno o una señal clara de que deberías salir corriendo.
Él suelta una pequeña risa mientras me mira con un brillo en los ojos.
—No voy a mentirte —añade, inclinándose un poco hacia delante—, lo del matrimonio… es mucho. Pero tú me has encantado.
Ahora mismo estoy alucinando. Lejos de dejarme tirada, asustarse y huir, ahora parece que le he gustado… Punto para Judith Alister, señores.
—Pues ya es raro con todo lo que ha pasado… —murmuro.
Se hace un silencio y Liam tamborilea los dedos sobre la mesa un par de veces antes de mirarme otra vez.
—Tranquila, no voy a salir corriendo —añade finalmente—, solo… necesito saber en qué lío estoy metiéndome si decido conocerte mejor.
Lo observo unos segundos más de la cuenta, como si por primera vez estuviera intentando verlo de verdad y no a través del filtro absurdo de parecerse a quien no debería. Y me doy cuenta de que la pregunta no es incómoda por él… sino por mí.
—En uno algo complicado. Pero es tarde, así que eso tendrá que esperar a la siguiente cita —respondo, haciéndome la interesante.
Entonces me mira de nuevo con un aire de seducción y me pide que intercambiemos los teléfonos para poder quedar de nuevo.
—Será mejor que pidamos la cuenta, aunque hoy te invito yo —dice él, caballeroso.
—Gracias, aunque ya veo cuál es tu estrategia: así tendremos que quedar de nuevo para que te invite yo y estemos en paz.
Sonrío sin poder evitarlo, porque realmente lo estoy pasando bien.
—En serio, Judith, de verdad me gustaría conocerte. Lo que me has contado asusta un poco de primeras, pero, si eso es así, es porque tienes un problema y quizá te podría ayudar.
Ahora me sonríe de forma discreta, algo que valoro después de todo lo que ha ocurrido en esta cena.
Cuando se gira para efectuar el pago en el mostrador principal del restaurante, me quedo congelada. Al otro lado de la cristalera está Graham observándonos y su mirada se me queda clavada en el corazón.
¿Por qué nos está mirando? ¿No había otro restaurante para que fuera a cenar? Y lo que es más importante… ¿qué coño le pasa al universo que ahora me lo va a poner hasta en la sopa?
Estaba serio, enfadado, y no sé si es porque le duele todo lo que le dije en el despacho o porque ya venía girado, pero no me gusta verlo mal, aunque también me haga daño yo.
Noto una mano en mi espalda y es la de Liam.
Caminamos juntos hasta el coche y nos despedimos con dos besos y la promesa de que nos llamaremos.
Sam ya me está esperando; la veo apoyada en el capó, con el móvil en la mano y esa sonrisa suya que no sé si significa que todo ha salido bien o que ha sido un desastre histórico digno de enmarcar.
En cuanto nuestras miradas se cruzan, empieza a reírse sin ningún tipo de disimulo.
—Oye, no sé si darte las gracias o denunciarte —le digo mientras me acerco con los brazos cruzados—, porque lo de hoy ha sido tan surrealista que todavía no tengo claro si ha sido una cita o una trampa. Pero te tengo que decir que lo he pasado bien.
—¿Ves? Yo tenía razón. Buscarte citas por internet ha sido la mejor decisión que he podido tomar —responde entre risas—, porque desde mi mesa te he visto sonreír más de lo que pensaba, y eso ya es todo un logro teniendo en cuenta que ibas preparada para matar a alguien con la mirada.
—Sí, claro, es que no me lo has puesto fácil —ironizo—.
No sé cómo no ha pensado que estoy loca, sobre todo cuando le he soltado lo del matrimonio como si estuviera pidiendo el postre.
Aunque, si te he de ser sincera, no me ha disgustado tanto.
Liam es un hombre muy interesante y pienso seguir conociéndolo, así que no me organices más citas, por favor.
Sam alucina y me mira ahora seria.
—Venga ya, Jud, no me jodas, que tengo la agenda cargadita…
Ahora la que se pone seria soy yo.
—Yo no te dije que planificaras nada. Acepté tu loca idea porque estoy un poco desesperada, pero con este chico creo que puedo solucionar todos mis problemas.
Y, si te he de ser sincera, hacía mucho que no me sentía bien con nadie.
—Ahora me mira intrigada—. Sam, sabes que no soy de salir con nadie, soy muy mía; pero de verdad con Liam me he sentido a gusto en todo momento, y no quiero estar quedando con nadie más si decido quedar más veces con él.
—Vaya… sí que te ha gustado…
Comienza a reírse como si esta idea fuera una locura enorme. Y lo es, pero hay un momento, uno muy pequeño, en el que su risa se corta antes de tiempo, como si algo se le hubiera cruzado por la cabeza.
Y eso… eso no me gusta.
—¿Qué? —le digo, entornando los ojos—. ¿Por qué pones esa cara?
—¿Qué cara? —responde demasiado rápido.
—Esa —insisto—, la de «acabo de darme cuenta de algo pero mejor me callo».
Se pasa la mano por el pelo, desviando la mirada hacia la calle, como si de repente el tráfico fuera lo más interesante del mundo.
—Nada, tía, paranoias tuyas —murmura—, solo digo que… no sé, ese chico es un poco raro.
—¿Raro? —repito—. ¿En qué momento? Porque yo lo único raro que he visto es que no haya salido corriendo después de lo que le he contado.
—Precisamente por eso —dice, mirándome fijamente—. Demasiado tranquilo, ¿no crees?
—O igual es que le gusta el drama —respondo, encogiéndome de hombros—. Hay gente para todo.
Yo también tengo mis dudas, pero no las voy a expresar delante de Sam. Ella me ha metido en este fregado y pienso aprovecharme de la situación.
—O igual le gusta otra cosa —añade ella, bajando un poco la voz.
La miro fijamente unos segundos, intentando descifrar si está exagerando como siempre o si realmente hay algo detrás de ese comentario.
—No empieces, Sam —le advierto—, que bastante tengo ya.
—Yo solo digo que vayas con cuidado —responde alzando las manos—, nada más. Porque os habéis dado los teléfonos y eso implica más citas; y, si te enganchas, espero que sea de Liam y no de un falso Graham.
Y ya lo ha soltado. Resoplo, negando con la cabeza, porque me niego a convertir esto en otra paranoia más.
—No seas tonta, eso no va a pasar, pero puede ayudarme. Y con él puede funcionar —digo finalmente—. Es actor, sabe fingir, no le asusta lo raro… encaja más de lo que pensaba.
Sam me observa en silencio, y esta vez no sonríe.
—Sí… —murmura—, encajar encaja. Definitivamente creo que ahora la que se va a meter en un lío enorme vas a ser tú.
Y no sé por qué, pero la forma en la que lo dice hace que, por primera vez en toda la noche, algo dentro de mí se tense de verdad.