Están lloviendo hombres 34
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El último día de congreso fue un horror.

Benji había dormido poquísimo y se había despertado varias veces por culpa de sueños y pesadillas.

Durante el día sobrevivió como pudo, pero tan pronto terminó el congreso a mediodía, se fue a dormir una siesta.

Avisó a sus compañeros para que no lo molestaran y durmió casi tres horas.

Ese día tocaba salir hasta las tantas para aprovechar la última noche.

Cuando despertó eran cerca de las siete de la tarde.

Como todavía era temprano, siguió tumbado en la cama durante un rato más mientras veía la televisión.

En breve tendría que empezar a arreglarse para salir, pero apuraría hasta el último momento.

La cama era demasiado cómoda y eran sus últimas horas en esa magnífica habitación.

Esa noche tenían la cena de clausura del congreso a la que asistiría todo su servicio, tanto residentes como adjuntos. Tras eso, irían a una discoteca.

Benji tenía muchas ganas.

Lo único que le incomodaba era encontrarse allí con Leo, aunque no sabía si iría o no.

Seguramente asistiría a la cena, pero no tenía claro lo de la fiesta.

Con lo soso que era, seguro que decidía no ir en el último momento.

Se lo imaginaba volviendo solo a la habitación y poniendo el canal de películas en la televisión, tumbado en la cama, tal y como estaba él en ese momento.

Era capaz de recrear la imagen a la perfección: su expresión, su mirada, su postura.

En el fondo, le jodía haber llegado a conocerlo tan bien. Y le jodía aún más saber que, si todo hubiera ocurrido de otra forma, mandaría a la mierda la fiesta y se iría con él a ver la película más aburrida del mundo.

Cuando desistió en el intento de encontrar algo interesante y estaba a punto de cambiar a un canal de radio para dejar algo de música de fondo, alguien llamó a su puerta. Supuso que sería Carmen, o quizás sería Lucas que aquellos días se había convertido en su sombra.

Se levantó con parsimonia, se abrochó el pantalón por el camino y abrió la puerta.

—¿Cómo vas? —era Lucas. Traía un par de latas de cerveza en la mano.

—¿Y eso? —exclamó Benji emocionado y lo dejó pasar.

—Para ir cogiendo ritmo antes de salir.

Lucas lo recorrió con los ojos sin ningún disimulo: Benji supo sin ninguna duda que la causa de esa mirada hambrienta era su torso desnudo.

Se sentaron en el sofá, abrieron las latas y brindaron antes del primer sorbo.

—Ha estado guay el congreso, ¿eh? —dijo Lucas.

—Sí, y todavía no ha terminado… Falta la fiesta de esta noche —Benji movió los hombros con gracia, se recostó con las piernas abiertas y bebió de su lata.

Lucas lo observó con atención; también bebió, como dos o tres largos tragos seguidos, y se sentó de lado. De pronto, Benji sintió una presión sobre su muslo: su compañero había apoyado la rodilla sobre él.

Benji se fijó en el lugar donde se había producido el contacto y luego en esos ojos miel que lo analizaban con curiosidad. Casi parecía estar esperando algo.

—Oye, Lucas. Quiero hablar contigo de algo.

Benji le palmeó la rodilla con cierta rudeza y la apretó. Lucas dejó de sonreír y empezó a respirar más rápido.

—Dime.

—¿Me estás buscando por algo en concreto? —preguntó sin rodeos. Lo escrutaba con la mirada y veía cómo Lucas se ponía cada vez más nervioso—. No vamos a andarnos con tonterías a estas alturas, ¿no?

Lucas negó lentamente, con la boca entreabierta. Bebió otro largo trago de cerveza. Luego, inspiró con fuerza.

—Me gustas.

Benji, que no esperaba que su compañero fuera a sincerarse con tanta facilidad, arqueó una ceja.

—¿En qué sentido te gusto?

—Me atraes físicamente. Pero tú ya lo habías notado, no te hagas el nuevo ahora. Has dicho que no nos íbamos a andar con tonterías.

—¿Qué pasa con Lucía? —preguntó con curiosidad.

—Ella lo sabe. No hay ningún problema.

Benji alzó las cejas de nuevo mientras asentía, sorprendido, con su labio inferior pronunciado.

—Pero no se lo digas a nadie, por favor —se apresuró a decir Lucas—. Es que nunca he estado con un hombre y quiero saber qué se siente.

—Y quieres probar conmigo.

—Sí, quiero liarme contigo. No hace falta que haya sexo de por medio, si no te apetece… —aclaró, y carraspeó con nerviosismo. Después, se acercó un poco y deslizó sus dedos por la mandíbula de Benji.

Benji sintió un pequeño calor. Lucas iba lanzado y él aún tenía que procesar lo que estaba sucediendo. Entrecerró los ojos, se humedeció los labios y dejó escapar una risita.

Estudió la situación. Lucas estaba cerca, a unos veinte centímetros, con la respiración acelerada y con un brillo de esperanza en los ojos. Solo tenía que inclinarse y dejarse llevar. Nadie lo sabría. Nadie lo juzgaría.

Y, sin embargo, una presión en el pecho le impedía hacerlo.

—Anda, ven —Benji le hizo un gesto con el brazo para que apoyara la cabeza en su pecho, y Lucas lo abrazó por la cintura—. Es que… no puedo hacerlo.

—¿Por qué? —preguntó con desconcierto—. ¿No te gusto?

—¿Cómo no me vas a gustar? Eres guapísimo, Lucas, pero… —se interrumpió y resopló divertido. Seguía fijándose en la postura que mantenían, con el brazo de Lucas sobre su piel desnuda—. Soy gilipollas, en realidad sí que puedo. Pero sentiría que estoy traicionando a otra persona.

—No te entiendo, ¿estás con alguien?

—No lo sé. Supongo que ya no.

—¿Entonces? —preguntó Lucas aún más confuso, alzando la mirada.

Benji lo observó. Besar a un chico tan guapo se le hacía muy tentador, pero la imagen de Leo se le venía a la cabeza una y otra vez sin remedio.

—Quiero a esa persona. Y esa persona… —dudó por un momento lo que quería decir, pero, después del secreto que Lucas le había confesado, pensó que sería justo responderle con la misma sinceridad.

De todas formas, suponía que no sería una novedad para su residente mayor—.

Esa persona sabe quién eres y sabe que hemos tonteado mucho. Te lo cuento porque confío en ti.

Lucas se incorporó con los ojos muy abiertos, como si estuviera recibiendo una confirmación de algo que en algún momento había sospechado. Benji asintió con la cabeza, diciendo más con ese gesto que con cualquier palabra.

—Ni una palabra de lo que te he dicho, es un secreto.

—Leo.

—Joder, qué rápido has pillado de quién hablaba.

—Empecé a sospechar de tanto mirarte. También he oído algún comentario por el hospi recientemente, nada serio ni seguro, pero ya sabes…

A la gente le gusta hablar —Lucas esbozó un gesto de disgusto—.

Dicen, medio en broma, medio en serio, que ya no os habláis porque estabais liados y os habéis peleado.

Me dio que pensar, y con esto ya me lo has confirmado.

Pero si dices que ya no estáis juntos… ¿qué más da?

Lucas tenía razón: nada le impedía disfrutar unos minutos, y el contacto que mantenían en ese momento hacía que su deseo se incrementara. Los dedos de Lucas acariciaban su vientre.

Sin embargo, algo había cambiado en él. Ya no quería dejarse llevar por un impulso. Aunque Leo y él no estuvieran juntos, sabía que no se sentiría bien desquitándose con Lucas. Necesitaba un tiempo.

—Mira, vamos a hacer una cosa —Benji se incorporó y deshizo el abrazo—. Cuando volvamos a Málaga te vienes un día de fiesta con Nico y conmigo. Te presentaré a gente, conozco a muchos chicos guapos —guiñó un ojo—. Y si alguno te gusta, ya tienes ahí a tu experimento.

—Oye… No lo llames así, suena feo —Lucas le golpeó el brazo—.

No te voy a negar que me quedo un poco decepcionado, pero lo entiendo.

No te voy a insistir ahora por un capricho mío.

Acepto la propuesta. Pero que sea alguien de confianza, porfa.

Y guapo. Aunque no sé si va a haber alguien tan guapo como tú, así que si cambias de idea en el futuro…

Benji se acercó para darle un sonoro beso en la mejilla y se llevó la lata de cerveza a los labios. Su amigo le sonrió a duras penas.

—Mira… No quiero meterme donde no me llaman, pero…

—Lucas lo miró de soslayo, con duda—. Supongo que no te has dado cuenta porque ahora no estás con nosotros en el servicio o porque estás evitando algo, pero Escrivá…

está raro. Siempre te busca con la mirada, sobre todo en la cafetería, que es donde más coincidimos.

Por ejemplo, estamos hablando entre nosotros, pero él se queda mirándote durante minutos.

Cuando te ríes, él también sonríe. Se cree que los demás no nos damos cuenta.

Les pregunta a otros adjuntos por ti, lo he oído varias veces.

«¿Cómo está? ¿Le va bien?», y algún que otro «¿Ha preguntado por mí?

». Te juro que nunca lo había visto así.

Y si él se comporta de esa manera y tú no quieres ni darme un beso por él… No entiendo por qué no estáis juntos.

Benji enmudeció. La presión que tenía en el pecho esos días se acrecentó y tragó con dificultad.

—¿Por qué me cuentas esto ahora? Creía que intentabas ligar conmigo, no ayudarme en mis problemas amorosos —trató de bromear, aunque era consciente de lo forzado que sonaba.

—En parte me siento culpable. Una vez hice un comentario que quizás no debería haber hecho.

Benji agitó la mano para restarle importancia.

—Tú no tienes culpa de nada, ese comentario podría haberlo hecho cualquiera.

Es él quien tiene su forma particular de ver las cosas.

Y yo no soporto estar con una persona así, Lucas.

No sabes lo que es tener que estar pendiente continuamente de que nadie sospeche y tener que ir escondiéndonos de todo el mundo.

—Entiendo… —Lucas suspiró y se quedó mirando al techo—. Si puedo ayudar en algo, me lo dices. Te considero un amigo, independientemente de que me parezca que estás buenísimo —le guiñó con picardía y Benji se señaló a sí mismo, haciéndose el sorprendido.

—Gracias por preocuparte, yo también creo que eres un buen amigo… ¿Sabes? Creo que te voy a presentar a Aitor, se parece un poco a mí.

Lucas soltó una carcajada y le dio un puñetazo en el brazo. Benji volvió a rodearlo con el brazo y su compañero lo besó en la mejilla, como él había hecho minutos atrás.

Planearon la salida que harían en Málaga a la vuelta y se terminaron la cerveza. Era la hora de arreglarse para la cena, así que Benji acompañó a Lucas hacia la puerta. Bromeaban, se golpeaban en el costado con cariño, se partían de risa.

Pero, al abrir, esa risa se les borró de la cara.

Frente a ellos estaba Leo, con el puño alzado, a punto de llamar. Rígido y con la mirada teñida de extrañeza.

—Hola, Leo. Yo ya me iba —Lucas balbuceó y se fue a paso rápido, como si hubiera hecho algo malo.

Benji trató de recomponer la expresión desconcertada que le había provocado el verlo allí y, disimulando su sorpresa de forma pésima, soltó incómodo:

—¿Qué?