28 #3
Desde aquel día, en ocasiones le había notado extraño en el trabajo, y eso que se veían poco.
Como si Leo hubiese decidido mantener más distancia entre ellos para evitar cualquier sospecha.
El pensamiento le dejó un sabor amargo, aunque intentó convencerse de que solo era una rayada suya.
Después de todo, esa misma mañana incluso se habían morreado en el despacho del jefe. Eso había sido raro. Muy raro.
Quizás había sido un impulso por un ataque de celos.
—Es increíble lo bien que os lleváis —siguió Lucas—. Creo que solo con Santi se comporta así, además de contigo.
—He tenido suerte de caerle en gracia.
—Supongo —Lucas levantó las comisuras de sus labios muy sutilmente, con un brillo extraño en los ojos. Se hizo un silencio incómodo hasta que Benji se levantó con pesadez y volvió a estirarse—. ¿Y lo de esta mañana? Cuando te fuiste con él. ¿Ha pasado algo?
—Nada, una tontería —respondió Benji con rapidez. Tenía que cambiar de tema antes de que Lucas siguiera por ahí—. Bueno, ¿vamos a rescatar a alguien más?
Lucas asintió y salieron de la habitación.
Por el pasillo, comentaban los últimos pacientes que habían visto y Benji le preguntaba algunas dudas.
Cuando el de ojos miel sacó su libretita de apuntes para enseñarle un esquema sobre cómo proceder, Benji le pasó un brazo por los hombros y se acercó para poder leer mejor el algoritmo que Lucas tenía apuntado.
De repente, por un pasillo lateral, apareció Leo junto a otro adjunto de Urgencias. Benji dio un respingo y le quitó el brazo de encima a Lucas.
Leo, con el semblante serio y echándole miradas de reojo, le dio unas últimas indicaciones al que lo acompañaba y se detuvo frente a ellos.
—¿Qué tal la guardia? —preguntó Benji sonriente.
—Mal —respondió Leo de forma brusca y con una falsa sonrisa que parecía decir «te mato».
Benji serenó la expresión. Sabía que le había molestado verlo agarrado a Lucas después de lo de esa mañana.
—Os dejo que habléis —dijo Lucas, mirándolos con sospecha—, que os habéis echado de menos seguro… Búscame luego y te dejo que le eches un vistazo a esto —le enseñó la libreta a Benji y desapareció por el pasillo.
—¡Vale! —exclamó Benji.
—¿A qué ha venido ese comentario? —preguntó Leo atónito.
—Está de broma…
—¿No le habrás contado nada? —susurró, vigilando a cualquiera que pasara cerca de ellos.
—¡No! ¿Cómo le voy a contar eso? —preguntó con una risita ante la ocurrencia. Leo le dirigía una mirada inquisitiva—. Sabe que somos amigos, es un comentario sin importancia.
—Tú nunca le das importancia a nada… —le reprochó.
—¿Has podido descansar algo? —Benji cambió de tema. No quería que Leo adquiriera ahora esa actitud hipervigilante que tanto le fastidiaba.
—Poco, la verdad… Pensaba irme a dormir ahora. ¿Tú?
—No me dejan irme hasta las cuatro…
Leo sonrió levemente y le dio un pequeño apretón en el brazo.
—Ánimo, ya te queda poco. Luego hablamos, por si quieres que nos veamos mañana en mi piso como habíamos dicho.
—Claro —Benji asintió, muriéndose de ganas por darle un beso para despedirse.
Por un momento, pensó en lo bien que se sentiría si pudiesen mostrar la verdadera relación que mantenían. Y cuánto le dolía no poder hacerlo.
Leo le hizo un gesto con la mano para despedirse y se dirigió al ascensor para volver a la planta de arriba.
Mientras lo veía alejarse, Benji inspiró profundamente y dejó escapar el aire de forma lenta. Había algo nuevo en Leo, por mucho que se empeñara en ocultarlo, que le había encendido todas las alarmas.
Leo se tumbó en la incómoda cama, mirando el techo. Estaba agotado y no precisamente por la guardia.
No sabía cuánto más podría seguir fingiendo que todo iba bien.
No había sido del todo sincero con Benji: el encuentro con Carmen le había hecho reflexionar esos días… Y menos mal que había sido ella. No quería ni pensar qué habría sucedido si los hubiese visto otra persona.
Se giró de lado, se encogió ligeramente como si buscara refugiarse en un lugar seguro lejos de amenazas externas, y cerró los ojos.
Pensó en Benji. En lo fácil que parecía todo cuando estaban solos. En lo difícil que se volvía en cuanto aparecían los demás.
Abrió los ojos de nuevo y se llevó una mano a la cara.
Lucas también había hecho un comentario extraño esa noche, quizás sin importancia, pero le había dejado con la duda.
Era inevitable: llevaba meses cegado por el amor de Benji y se había relajado demasiado.
Quizás debía retroceder unos pasos y volver al momento en que ya mantenían una relación, pero disimulaban mejor y dominaban con más soltura el arte de esconderse.
De nuevo se agolparon en su mente las mismas inseguridades que le había confesado a Benji esa mañana, cuando sintió la desesperada necesidad de marcar territorio.
Qué mal. Tanto tiempo manteniendo su vida bajo control, y de pronto se le ocurría hacer una estúpida temeridad en el hospital por culpa de unos celos irracionales.
Empezaba a pensar que esos celos nacían del temor a que Benji, algún día, pudiera cansarse de él e irse con alguien como Lucas.
Alguien que no tuviera ningún problema en mostrar su interés delante de todos. Alguien que no tuviera miedo.
Volvió a girarse hacia la pared y cerró los ojos, rogando para que el sueño llegara pronto.
Ojalá todo fuera tan sencillo como cuando estaban solos.