28 #2
Eran casi las tres de la mañana y, si todo iba bien, le dejarían irse a dormir a las cuatro. Esa hora se le iba a hacer eterna. Llevaba despierto y sin parar desde las siete de la mañana.
Estaba terminando de historiar a una paciente y a punto de enviarla de nuevo a la sala de espera para que le realizaran algunas pruebas, cuando alguien llamó a la puerta de la consulta. Lucas asomó la cabeza con gesto serio.
—Doctor Rosal, cuando puedas tenemos que comentar un paciente.
—Sí, claro, dame un momento —respondió con seriedad y, cuando la puerta volvió a cerrarse, se dirigió a la paciente y su marido—. Ahora tienen que esperar un momento fuera y la llamarán para la analítica. Cuando tenga los resultados, les aviso.
El matrimonio asintió y salió de la consulta.
Nada más cerrar la puerta, Benji se despatarró en la silla y suspiró.
Le pesaba todo el cuerpo del agotamiento que tenía acumulado de todo el día.
Comprobó en el ordenador que no tenía nada pendiente, que todos sus pacientes estaban en ese momento a la espera de pruebas y que no había llegado ninguno nuevo.
Estaba limpio por el momento, lo que le venía perfecto, porque por nada del mundo querría perderse aquello tan importante e interesante de lo que Lucas le tenía que hablar a las tres de la mañana.
Cuando llegó al estar de los médicos, su compañero ya estaba frente a la máquina expendedora de café con un vaso en la mano. En realidad, Benji sabía desde el principio que aquello tan importante para hablar era un descansito de diez minutos. Se había aprendido ya el código.
—¿Te pido uno?
—Sí, con leche, por favor...
Benji se dejó caer en el sofá y resopló. Lucas se sentó a su lado y le rozó la pierna.
—¿Avisaste a alguien más? —preguntó Benji. Después bebió de su café y soltó un «¡Ay, coño!» al quemarse los labios.
Lucas rio bajito.
—Sí, pero estaban liados. Quizás Almu pueda venir.
Benji dejó el café en la mesita de enfrente y se estiró en el sofá, emitiendo un alarido que provocó de nuevo la risa de Lucas. Lo miró sonriente, con los ojos entrecerrados y con claros signos de cansancio.
—Esto es la muerte, tío. Qué ganas de que pase el invierno...
—Ya, todos los años pasa lo mismo. La gente se resfría y ya parece el apocalipsis. Pero el invierno pasado fue peor, al menos no ha sido superado hasta ahora.
—Calla, no seas boca de cabra, que aún queda invierno. Qué sueño tengo… —Benji bostezó, dejó caer la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
—Te veo muy cansado hoy.
—Lo estoy, anoche dormí regular —murmuró, conforme apoyaba las piernas en la mesita, se cruzaba de brazos y cerraba los ojos.
De pronto, sintió un toque en la punta de su nariz. La arrugó de la sorpresa y abrió los ojos. El de ojos miel lo miraba con cara de pillo.
—Eres un cabrón, no me dejas descansar a gusto…
—No te puedes dormir todavía, tenemos que esperar al cambio de turno —le recordó Lucas con un leve apretón cariñoso en el lateral del cuello. Y ese apretón se acompañó de una caricia.
Recordó las palabras de Leo. Igual tenía razón. En su momento llegó a pensar que Leo podía ser bisexual, heterocurioso o algo por el estilo. ¿Por qué Lucas no? Al principio parecía un enganche amistoso, pero últimamente le parecía que iba más allá.
Se incorporó para cortar cualquier contacto y cogió su café. No quería perder la amistad con Lucas, así que no le quedaba otra que comportarse con naturalidad.
—Por cierto, esta mañana al final se nos quedó la conversación colgada. ¿Quedamos un día para echar un FIFA entonces? Se lo podemos decir a Tomás —dijo Benji.
—Por mí sí, pero no llores cuando pierdas de paliza.
Benji carcajeó.
—¿Perder? ¿Yo? No estás tú chalao ni na …
—¿Quieres apostar? —propuso Lucas con maldad.
—No.
—Porque sabes que perderás.
—Vale, apostaremos. Si gano, me haces una guardia.
—Y una mierda —Lucas rio con ganas, negando con la cabeza—. El que pierda, tiene que hacer lo que el otro le diga.
Benji se quedó mirándolo a los ojos y sintió que su compañero escondía algo. Como si estuviera tramando alguna travesura. Lucas lo miraba con una sonrisita desafiante y los ojos entrecerrados. Esa misma mañana parecía tímido, pero ahora actuaba con una seguridad sospechosa.
Definitivamente, no entendía nada.
—Te vas a arrepentir… —concluyó Benji, intentando apartar de su cabeza las paranoias que le estaban viniendo.
Lucas le dio un golpecito en la pierna con la suya.
—Por cierto, ha bajado Escrivá hace un rato, ¿lo has llamado tú? —preguntó de repente, de nuevo con algo de intención.
Benji negó con la cabeza y bajó la mirada.
Normalmente, cuando Leo tenía que bajar a Urgencias, lo buscaba para saludarlo, aunque solo fuera un minuto.
Pero esta vez no lo había hecho. Quizás estaba hasta arriba de trabajo como él, pero algo en su interior se retorció ante la duda.
Se preguntó si Leo estaría dándole vueltas a…
a cualquier cosa, realmente. A lo de Lucas, a lo que pasó con Carmen…