28
Lucas estaba en la cafetería del hospital. Mientras movía la cucharilla en su taza de café, observaba a Benji a un par de mesas de distancia, desayunando con unos compañeros cardiólogos. Riendo con la boca bien abierta, gesticulando de forma exagerada, incluso golpeando la mesa con la mano.
Lucas lo miraba embelesado y se preguntaba cómo podía ser tan adorablemente escandaloso.
Se habían saludado de lejos con un leve gesto, pero deseaba acercarse. Se peinó con las manos, rozó su incipiente barba castaña y se comparó con él: Benji solía ir afeitado siempre, pero estaba convencido de que, con barba o sin ella, no perdería su atractivo jamás.
Lucas se sentía atraído por él.
Siempre le habían llamado la atención los hombres, igual que las mujeres, pero jamás había estado con un chico.
Desde el primer día en que conoció a Benji sintió una chispa: le gustaba físicamente y, tras conocerlo, su atracción se intensificó.
Su actitud directa y atrevida, su descaro, la seguridad con que se movía por el mundo.
Desprendía una masculinidad magnética para él.
Cuando se enteró de que Benji era gay, no pudo evitar plantearse si podría ser él quien le ayudase a aliviar su curiosidad.
Benji, sin embargo, no le hacía caso en ese sentido. Algo lógico, teniendo en cuenta que sabía que tenía novia. Pero Benji no podía imaginar cuál era la verdad de todo.
Las cosas con Lucía iban bien. Más que bien: iban maravillosamente bien y la quería mucho.
Pero, precisamente por eso, porque empezaron a hablar de planes de futuro, temió quedarse el resto de su vida sin saber qué se sentía al besar a un hombre; así que, antes incluso de conocer a Benji, se sinceró con ella.
Lucía sabía que le gustaría probar alguna vez, por lo que habían llegado a un acuerdo: Lucas podía liarse con un chico si surgía la ocasión.
Y Lucas quería que fuera Benji.
Después de esos meses ya lo consideraba un amigo y eso, unido a la atracción que sentía, le hacía pensar que con él se sentiría seguro y cómodo.
Aun así, le costaba proponérselo porque era muy tímido. Lo único que hacía era tontear sin éxito.
En ese momento vio a Leo entrar en la cafetería acompañado de Santi y Óscar, su tutor.
Automáticamente volvió a fijar la mirada en Benji.
Miraba a Leo expectante. Cuando Leo se dio cuenta, el de ojos verdes arqueó una ceja y sonrió de esa forma chulesca que tanto le gustaba a Lucas.
Leo giró la cabeza como si hubiera pasado de él, pero entonces Lucas atisbó una sonrisa contenida en el rostro del mayor, que no parecía tener nada que ver con la conversación que mantenía con sus compañeros.
Lucas se preguntó, intrigado, si Leo sonreía así por Benji. Jamás lo había visto de esa manera en los casi dos años que llevaba en el servicio, y no era la primera vez que notaba algo extraño entre ellos.
Dejando a un lado cualquier observación y sin querer sacar extrañas conclusiones, dio un largo sorbo a su café y se levantó.
Caminó con paso lento, intentando parecer decidido, hinchando un poco el pecho conforme se aproximaba.
En ese instante deseó tener al menos la mitad de la seguridad con la que se desenvolvía Benji.
Llevaba meses intentando llamar su atención y estaba dispuesto a hacer lo que fuera por lograrlo: si tenía que cambiar de peinado, de forma de vestir, de marca de colonia…
lo haría; si tenía que ser más dulce o más atrevido, más adorable o más salvaje…
también. Estaba decidido a transformarse y a fingir lo que fuera, si así conseguía que esos atrayentes ojos verdes lo miraran con deseo.
—Hola —saludó Lucas nada más llegar.
Los cardiólogos le echaron un vistazo rápido al oírlo, pero enseguida volvieron a su acalorada discusión. Se pasó una mano por su corto cabello, que relucía con el sol que entraba por las ventanas, tornándolo en un color casi dorado.
Benji lo miró de arriba abajo como si le estuviera haciendo un escáner completo. Lucas percibió el sentido de ese vistazo y se vino arriba.
—Hola —dijo Benji al fin.
—¿Qué tal te va por aquí? —preguntó, señalando a los cardiólogos con la cabeza.
—Bien, aunque os echo de menos —respondió Benji.
—También se te echa de menos a ti… Al menos yo lo hago —Lucas bajó la mirada y lo miró de reojo. Cuando se ponía nervioso, siempre hacía ese tierno gesto: sus ojos miel desprendían un brillo tímido y vulnerable.
Benji se peinó con los dedos. Parecía inquieto pero divertido.
—Con que tú sí, ¿eh? —preguntó con picardía.
Lucas intentó sostenerle la mirada con aire insinuante, pero la risa le traicionó: estalló en carcajadas y Benji se unió.
—Podríamos quedar algún día —se atrevió a proponer Lucas—. Así charlamos de cómo nos va, ya que ahora no coincidimos mucho…
—Claro, tío. Tenemos pendiente echarnos unas partidillas a la Play, que siempre lo decimos y nunca surge —propuso Benji.
—Me parece buen plan.
—Benjamín —la grave y autoritaria voz de Leo interrumpió el momento. Su rostro estaba contraído, el ceño fruncido y la mirada severa—. Tengo que hablar contigo. Ahora.
Lucas vio a Benji confundido.
—¿Ahora? ¿Qué pasa?
—Sí, ahora. Vamos.
Lucas pensó que nadie se atrevería a decir que no, con ese tono de voz tan cortante. Benji se disculpó con la mirada y susurró un «ahora os busco, voy a hablar con mi tutor» al resto de presentes en la mesa.
Lucas los vio alejarse: Leo en cabeza, caminando con pasos largos y rápidos, y Benji siguiéndolo a cierta distancia, con expresión contrariada. Le hizo gracia verlo de esa manera, como un niño pequeño temiendo una reprimenda.
Después, su atención se detuvo en la mesa de sus adjuntos. Frunció el ceño al ver que el café del Leo seguía allí, humeante y casi intacto. Santi y Óscar charlaban distraídamente frente a la taza abandonada.
Algo no cuadraba. Alzó las cejas y se dio media vuelta para terminar con su desayuno.
Leo caminaba por los pasillos con paso firme y solo le faltaba echar humo por las orejas.
Benji lo seguía a una distancia prudencial, comiéndose la cabeza con mil y una preguntas: ¿Había hecho algo mal?
¿La había cagado en Cardiología y se habían chivado?
¿La había liado en alguna guardia de Urgencias y Leo acababa de enterarse?
¿Qué podría haber pasado para que le hubiera hablado de esa manera? Tenía que ser algo grave, seguro.
Sus temores se acrecentaron cuando vio que Leo se dirigía al despacho del jefe. Si iban a ver a Alfredo, tenía que haberla cagado a base de bien.
Leo abrió la puerta y le dejó paso, pero cuando Benji entró se dio cuenta de que el despacho estaba vacío. Su tutor cerró de un portazo y lo estampó contra la puerta, aprisionándolo entre sus brazos.
—¿Qué te dije acerca de coquetear con Lucas? —susurró y, sin darle tiempo a responder, se lanzó a besarlo con rabia.
Benji, recuperándose aún del susto que se había llevado, consiguió corresponder su beso hasta que sintió un mordisco en su labio inferior.
—Hijo de puta, pensaba que había hecho algo mal.
—¿Y no lo has hecho?
Benji soltó una carcajada entrecortada.
—No coqueteaba con él. Él lo hacía conmigo. Es diferente —dijo con provocación. Sabía que eso volvería a Leo loco de celos, y no había nada más excitante que verlo así: cuando cambiaban los papeles y el mayor se volvía autoritario.
—Entonces tendré que dejarle las cosas claras a él.
—Hazlo, lo estoy deseando…
—No escurras el bulto. ¿Te crees que no he visto cómo lo has mirado? —preguntó con una sonrisa retadora.
—Joder, Leo, venga ya. Es guapo. Tú también lo piensas.
—Le estás dando pie.
—¿Pie a qué exactamente? —preguntó, pero Leo se lanzó a besarle el cuello. No entendía a qué venía ese ímpetu, pero no se iba a quejar—. Lucas no es tan malo, gracias a él me has besado por primera vez en el trabajo —vio a Leo sonreírle con la mirada—. ¿No vendrá nadie?
—Alfredo acaba de irse y no volverá en un rato, no me arriesgaría si no estuviera seguro —Leo deslizó una de sus manos por su cintura, lo atrajo hacia sí y susurró a escasos centímetros de sus labios—. Te daré tu merecido por tu comportamiento inadecuado.
—Puedo ir a tu piso después de la guardia para recibir mi castigo.
—Te estaré esperando —dijo con picardía—. Y no quiero que Lucas pueda tener ni medio pensamiento de que puede hacer algo contigo.
Benji lo agarró de la bata antes de que Leo se girara para salir.
—Estás obsesionado con Lucas y ni siquiera sabemos si le gustan los tíos —dijo, intentando que dejara de darle vueltas a ese tema.
Leo resopló con la incredulidad en el rostro.
—Tienes tu famoso radar escacharrado… o finges tenerlo así por algún motivo.
—¿Qué dices? —preguntó Benji desconcertado.
—Nada… Venga, vámonos.
—No, oye… —lo sujetó de nuevo del brazo y le acarició con los dedos—. ¿Qué te pasa?
Leo suspiró.
—Incluso Lucas, que tiene novia, se atreve a ligar abiertamente contigo. Y yo no hago nada… A veces siento que no soy lo suficientemente… —hizo una leve pausa— bueno para ti.
Benji lo miró sorprendido. Jamás se le había pasado por la cabeza que Leo pudiera tener ese tipo de inseguridades.
—No pienses tonterías —le acarició la mejilla—. Estoy contigo. Quiero estar contigo.
Leo asintió lentamente y se giró para abrir la puerta. Justo entonces, incapaz de resistirse, Benji le soltó un azote en el culo que resonó en todo el despacho.
Se giró de golpe. Benji le sostenía la mirada con una sonrisa de auténtico chulito. Su tutor alzó un dedo en gesto de advertencia, pero en realidad se estaba mordiendo el labio para no reír.
Salieron al pasillo con disimulo y Benji se despidió de él con un guiño divertido.
La guardia estaba siendo un auténtico caos. La epidemia de gripe, típica de esa época, sumada a los simples resfriados o dolores de garganta que los pacientes se empeñaban en llamar «gripe» eran los culpables.
Benji no había tenido ni un momento para parar, salvo la hora de rigor para cenar, y ya empezaba a notar un fuerte dolor de cabeza y el cansancio acumulado en sus piernas.