23
—¡Me encanta la Navidad! Y me encanta cómo han decorado el centro este año, ¡monísimo todo!
¡Mira esas luces! ¡Es divino! Y mira calle Larios, ¡cuánta gente!
¿Has visto el árbol de la plaza de la Constitución?
¡Tenemos que hacernos una foto y luego la subo!
¡Vamos, vamos! —Nico hablaba demasiado rápido por la emoción.
Empezó a dar pequeños saltos como un niño y miró a Benji con súplica. Al final, accedió rendido.
—Venga, va. Pero eras tú el de la prisa por ver a Juanca.
—¡Solo será un segundo! —eufórico por la aprobación de Benji, Nico tiró de él hasta que llegaron a la mencionada plaza.
Frente a ellos se erguía una gran figura en forma de árbol de Navidad decorada con pequeñas luces brillantes. Los ojos del rubio destellaron y se colocó de espaldas al árbol, tirando de Benji que se dejaba hacer.
—Baja, coño.
—Voy, voy… —Benji flexionó un poco las rodillas para estar a su altura y sonrieron hacia la cámara frontal del móvil, mientras Nico intentaba encontrar el ángulo perfecto—. Hazla rápido que tú no eres el que está haciendo sentadillas —masculló entre dientes sin perder la sonrisa.
Nico hizo un par de fotos y luego posaron con muecas divertidas hasta tener siete.
—Qué guapos salimos —dijo Nico, repasando las fotos conforme reanudaban el camino.
—Sobre todo en la última —Benji señaló aquella en la que aparecían bizcos y sacando la lengua. El rubio se echó a reír y la seleccionó como fondo de pantalla—. Ni se te ocurra subir esa.
—¡Ay, maricón! ¡Pero si es la mejor! —protestó. Benji levantó una ceja—. No la voy a subir… Subiré la que salimos sonrientes, cual modelos. Esta solo de fondo, ¿vale? —y, con su mejor cara de cordero degollado, consiguió convencerlo.
—Bueno, ¿qué tal con Juanca? ¿Y a qué vamos ahora al pub? Si todavía no ha abierto.
—Es que… tengo que llevarle una cosilla. Luego ya hacemos lo que quieras.
Benji apenas le dio importancia al tono evasivo de Nico, porque estaba leyendo el mensaje que Leo acababa de mandarle: «Dentro de 5 horas es el cumpleaños de un chico muy guapo».
—Vale —Benji guardó el móvil sin poder ocultar su ilusión—. Pero no me has contestado a lo primero.
—Ay, pues ¡no sé! —lo miró avergonzado y se escondió en su bufanda.
—¿Cómo que no sabes? ¿Te crees que soy tonto? Estáis demasiado amigables.
—Venga ya, Benji, si tú lo sabías antes que yo…
—¿Saber el qué?
—Pues eso.
—¿Y eso qué es?
Nico lo miró con exasperación.
—¡Calla!
—No te piques… —Benji le pasó un brazo por el cuello y le plantó un beso en la frente.
—Es que me da vergüenza que me preguntes por eso. Juanca ha cambiado mucho en estos meses. Ya sabes, desde que me dio el chungo —Benji asintió—. Y aunque no me lo ha dicho directamente, creo que le gusto. O yo qué sé… —Nico bajó la mirada.
—La reina divina está cortada… —se burló Benji.
—Es que no me imaginaba que me viera de esa manera.
Siempre he pensado que es un madurito supersexy, desde que lo conocimos.
Y él me piropeaba, pero yo creía que era un tonteo sin importancia, como hacía con todos.
Hasta ahora no me había parado a pensar que quizás sí que quiere algo más.
No quiero sonar creído, pero últimamente hasta me acompaña de compras, a tomar algo… ¡Eso antes no lo hacíamos!
—No creo que seas un creído, yo también pienso que le gustas. Hacéis buena pareja.
—Si tú lo dices…
—Yo lo digo. Y creo que a ti también te gusta un poco, si no, no le seguirías el rollo. No eres de esos —Benji empezó a subir y bajar las cejas con picardía. Nico soltó una risita avergonzada y le dio otro manotazo en el pecho—. Creo que con eso me lo has dicho todo.
—Bueno, deja ya el tema —replicó, sacando el móvil y tecleando algo con una sonrisa. Su amigo se asomó a la pantalla, curioso.
—¿Con quién hablas?
—¡No mires! —chilló el rubio, apartando el móvil.
A Benji solo le dio tiempo de leer un nombre.
—Si estás hablando de guarradas con Juanca, prefiero no saberlo…
—¡Tonto! Ni siquiera le he dado un beso, ¿cómo voy a hablar de guarradas?
Benji tuvo que contener la risa: no sería la primera vez que Nico le escribía cosas subidas de tono a un tío con el que ni siquiera se había encontrado en persona.
Por fin llegaron al pub. Benji rodeó a su amigo, buscando algo en su espalda.
—¿Qué coño decías que le tenías que traer? No veo que lleves nada…
Nico le dedicó una sonrisita traviesa, le guiñó un ojo y empujó la puerta para cederle el paso. Benji entró con cautela, intrigado, y se encontró con el local a oscuras y en silencio.
—Nico, aquí no hay nadie…
—¡SORPRESA! —un grito colectivo resonó en toda la sala a la vez que se encendían las luces y sonaba una famosa melodía: «Cumpleaños feliz». La del grupo Parchís, cómo no.
—¡Felicidades, corazón! —exclamó Nico, abrazándolo por detrás y zarandeándolo de un lado a otro mientras reía.
Benji se había quedado boquiabierto. Estalló en risas, emocionado por la sorpresa.
—¡Pero si aún faltan unas horas!
El local estaba decorado con globos y banderines, y en la pared del fondo destacaban unas letras de colores que decían «FELIZ CUMPLEAÑOS BENJI» junto a un enorme número 25.
Los invitados se acercaron a felicitarlo: chicos con los que Nico y él solían salir en Torremolinos, compañeros de la universidad, gente del hospital…
Entre ellos, todos sus compañeros residentes de Interna que venían detrás de Carmen y Lucas, quienes se habían adelantado.
También estaban Jenny y María, las enfermeras, y residentes que conocía de otras especialidades, sobre todo de Cardiología, donde estaba rotando desde principios de mes.
Benji, algo más calmado tras el subidón de la sorpresa, seguía devolviendo abrazos, aunque con la mirada cada vez más inquieta. Estaba buscando algo… o a alguien. Carmen le sonrió y se acercó a su oído.
—Algunos adjuntos también han venido, están en la barra —dijo con insinuación.
Sus ojos volaron hacia el lugar mencionado por Carmen.
Un par de adjuntos de Urgencias y otro par de Cardiología charlaban entre ellos. Pedro y Paula le estaban pidiendo algo de beber a Juanca.
Y, junto a ellos, sentado en un taburete, estaba Leo. Sonriente.
Quiso correr hasta allí para besarlo, pero su cerebro le recordó que tenía que ser prudente. Suspiró con disimulo y se dirigió a sus amigos.
—Voy a seguir saludando.
En lo que tardó en llegar, Leo no apartó la mirada ni un segundo, con esa sonrisa contenida. Tan suya y tan sexy.
—¡Felicidades, Benji! —exclamó Paula, dándole dos besos. Después, saludó al resto.
Leo estiró aún más sus comisuras cuando le llegó el turno.
—¿Cuánto más vas a tardar en saludarme? —le dijo con retintín.
—Estúpido —Benji lo abrazó con fuerza, cerrando los ojos—. Eres un cabrón, cómo te lo tenías callado…
Y es que esa misma tarde, después de comer juntos en el piso de Leo, el mayor prácticamente le había echado con la excusa de que tenía algo que hacer. Ahora entendía el motivo de tanta prisa.
—Era una sorpresa.
El carraspeo de Pedro les interrumpió el emotivo momento.
—Disimulad un poquito, ¿no? O no, lo que queráis… —murmuró con diversión.
Benji y Leo se separaron avergonzados. En ese momento, Nico llegó corriendo.
—¿Qué tal todo, parejita?
—Genial. Nico, gracias por la fiesta —lo abrazó con fuerza y Nico soltó una carcajada cuando lo alzó por los aires.
—No solo he sido yo, he tenido un ayudante de lujo —respondió, guiñándole un ojo a Leo—. Lo hemos decorado todo juntitos: Juanca, Leo y yo. Y Leo me pasó la lista de tus amigos del hospital.
—Me costó conseguir algunos teléfonos sin levantar sospechas, eh… Pedro también ha contribuido —dijo Leo, y Pedro asintió orgulloso.
—Sois un puto caso —Benji negó con la cabeza. Sabía que esa noche no iba a poder dejar de sonreír.
—Pues espera, porque tengo una sorpresa más —dijo Nico con misterio.
Benji frunció el ceño, sin perder la sonrisa.
—¿Otra?
—Sí. Mira hacia la puerta.
Benji se giró hacia la puerta principal, intrigado. El rubio escribió algo en su móvil y, segundos después, la puerta se abrió.
Dio un grito y se lanzó a correr cuando vio a Alberto entrar. Se abrazaron de una forma tan bruta que casi se caen al suelo. Alberto reía mientras lo sujetaba. Había venido a pasar la Navidad con la familia y Nico le había avisado de la fiesta sorpresa.
Tras el conmovedor reencuentro, fueron a saludar a sus antiguos compañeros de facultad, mientras alguien los seguía con una mirada cargada de anhelo y cierta melancolía.
Leo se había quedado un poco chafado y con una punzada de envidia: Alberto y Benji podían abrazarse de esa manera tan estrecha sin preocupaciones, mientras que él no podía permitirse hacer lo mismo. Aunque sabía que, si las cosas eran así, era por su culpa.
Se giró para coger su vaso de la barra y vio que Paula y Pedro lo miraban divertidos. Leo puso los ojos en blanco.
—Solo son amigos.
—Ya lo sabemos, pero es demasiado divertido verte tan celoso —rio Paula.
—¿Celoso yo? No estoy celoso —soltó una risita irónica y volvió a beber.
—¡No, los cojones! —exclamó Pedro, situándose frente a él y apretándole los hombros con sus manos—. ¡Qué tontito te pones!
Leo bajó la mirada, conteniendo una risa.
¿Para qué negarlo? Claro que estaba celoso.
Alberto era Alberto: era especial para Benji.
No solo había sido su primer amor, sino que ahora era un gran amigo.
Tenía la sensación de que ese amigo especial conocía muchas más cosas sobre Benji que él, y eso le hacía sentirse algo inferior.
Odiaba mostrarse así, tan vulnerable, pero con su fascinante residente le resultaba inevitable.
Lo buscó con la mirada. Poco le importaba si alguien se daba cuenta de su evidente fascinación: era la fiesta de cumpleaños de Benji y sentía que esa noche no podría hacer otra cosa más que mirarlo y admirarlo.
Estaba demasiado guapo, con el rostro lleno de ilusión.
Lo vio coger el móvil y, tras unos segundos, vibró el suyo. Era un mensaje de su diablillo de ojos verdes: «No me he olvidado de ti. Ahora voy, cuando pase un rato».