Están lloviendo hombres 20 #2
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20 #2

Cogió la cazadora que descansaba sobre la silla de su escritorio y, tras una despedida fugaz a su madre, salió de su bloque para dirigirse a aquel que se encontraba casi enfrente, donde Nico vivía solo.

Justo esa mañana se había encontrado con los padres de su amigo, que vivían cerca.

Los saludó por educación, aunque no les tenía demasiada simpatía desde que prácticamente le dieron la espalda a su hijo cuando empezó a salir con chicos.

—Soy yo —anunció cuando Nico descolgó el telefonillo.

—«Sube, que no he terminado de plancharme el pelo» —y se escuchó un horrible timbre que anunciaba que la puerta ya estaba abierta.

Benji entró resignado. ¿A qué venía plancharse el pelo para ir a comprar a IKEA?

Nico abrió la puerta con la mitad del cabello perfectamente planchado y la otra mitad cayendo con un liso más natural.

—¿Por qué te estás arreglando tanto? Solo vamos a comprar. Me gustas más cuando vas natural, con tu coquito.

—Qué maricona te ha quedado eso de «coquito», hijo… Es que lo mismo ceno con Elías después y por si no me da tiempo.

Elías. Benji dudó sobre si era el momento más indicado para sacar el tema.

Se suponía que iban a pasarlo bien, a dar vueltas y vueltas por IKEA hasta perderse, a tomar algo en la cafetería y a comprar ropa en el centro comercial.

¿Sería conveniente contarle ese día, precisamente, que tenía la sospecha de que su nuevo novio era un poco putón?

Al menos avisarle. Si a Nico eso le daba igual, entonces todo bien.

Lo siguió hasta su habitación, donde la plancha seguía enchufada, y su amigo continuó con la tarea. Él dejó su cazadora sobre la cama y se acercó por detrás.

—Me va a llevar a una marisquería superfamosa —le contó Nico emocionado—. Hoy me voy a poner cerda comiendo.

—Contrólate, que seguro que es un sitio de estirados.

—Claro que sí… Ya me estoy acostumbrando a esos sitios —contestó muy digno.

Benji intentó sonreír, pero no le debió de salir demasiado bien cuando Nico se volvió hacia él con preocupación.

—¿Y esa cara?

Se acercó y apoyó el hombro en la pared, junto al espejo.

—¿Cómo es Elías contigo?

—Pues… no sé, muy atento.

—Eso ya lo sé, salta a la vista. Cuando se trata de cosas materiales, no tiene ningún problema en complacerte. Me refiero al plano sentimental.

Nico lo miró con los ojos entornados, como si hubiera entendido la insinuación.

—Yo qué sé, normal. ¿Qué quieres que te diga?

Benji hizo una pausa.

—Te conozco y sé lo ilusionado que estás, pero ¿y él? ¿Alguna vez te ha dicho claramente qué es lo que quiere contigo?

Nico no movió un músculo.

—No sé qué estás intentando decirme, pero estás consiguiendo ponerme de mala leche.

—¿Sí o no? —inquirió. Nico seguía sin contestar—. Mira, Nico, que yo no digo que sea mal chico, pero a lo mejor él no te está viendo como tú lo ves. Al menos que lo tengas claro, porque todo esto me empieza a dar mala espina.

—¡Já! —exclamó Nico, cogiéndose otro mechón de pelo—. Mala espina…

—Sí. Lo siento, tío, pero creo que te está cegando con sus regalitos y sus mierdas, y no te estás dando cuenta de que él no está siendo sincero contigo —y lo soltó, sin ese cuidado y ese tacto que tanto había intentado reunir.

Nico dejó el aparato en el suelo con lentitud. Luego, se volvió hacia él y se cruzó de brazos.

—Pero ¿tú te crees que soy gilipollas? —le había cambiado el tono de voz a uno mucho más grave, y eso era malo. Muy malo. Se había enfadado de verdad.

—Nico, no te cabrees, no he dicho que seas gilipollas.

—No, qué va. Estás diciéndome que solo soy un muñeco para mi novio y que ni siquiera me estoy dando cuenta, ¿quién te has creído que eres?

—Tu amigo, Nico —le reprochó, empezando a enfadarse él también.

¿Por qué Nico no le hacía caso? ¿Por qué no le creía y ya está?

¿Acaso era más importante ese pijo tonto que conocía desde hacía un par de meses?

¿Quién iba a ser más sincero: un tío que no conocía de nada o su mejor amigo desde que compartían pupitre?

—. Que sepas que el otro día estaba tonteando con un tío en el pub de Juanca y, por lo que sé, no tenéis ese tipo de relación.

No me da la gana que se ría de ti de esa manera.

—No quiero escuchar más estupideces —murmuró, moviendo la mano con dramatismo.

—¿Estupideces?

—A ti lo que te pase es que te cabrea que por fin tenga una relación normal con alguien también normal, y no como la tuya: con un tío avergonzado y encerrado en el armario a cal y canto que no tiene ninguna intención de salir de él, ni siquiera por ti.

—Te estás pasando y no estás pensando lo que dices —lo reprendió Benji, más herido por lo que estaba diciendo de Leo que por todo lo demás.

—Sí, ya lo creo que estoy pensando lo que digo. Mira, ¿sabes qué? Que a la mierda la puta alfombra. Vete de mi casa.

—¿Qué?

—Que te vayas, que no quiero salir hoy contigo.

Benji intentó calmarse para convencerlo de que no hacía falta ponerse así, pero Nico se había cerrado en banda.

—Nico…

—Benji, por favor —le advirtió, con aquel tono amenazador que rara vez usaba. Airado, desenchufó la plancha—. Ya estás tardando en irte —espetó sin mirarlo, mientras señalaba hacia la puerta.

Benji resopló con sorna.

—Esto es increíble… —masculló, pero Nico no dijo nada a pesar de que lo había oído perfectamente.

Cogió su cazadora con brusquedad, desapareció por la puerta de la habitación y salió de aquella casa con un portazo.