18
Eran las cuatro de la tarde y Benji se dirigía con Nico hacia el local que los residentes habían alquilado para la fiesta.
Hacía mucho calor y se abanicaban por la calle con unos folletos de propaganda que les habían dado por el camino, aunque lo único que conseguían era mover el aire caliente.
Nico, acalorado, se recogió la melena en una cola caída que descansaba sobre uno de sus hombros.
—¡Qué bien! ¡Voy a conocer a tus compis! —exclamó.
—Recuerda hacerte el loco cuando te presente a Leo, ¿vale? Se supone que no lo conoces de nada.
—Claro que sí, si sabes que soy la reina de la actuación —enfatizó la palabra «reina» y movió la cabeza de forma exagerada, como si se estuviera apartando el flequillo de la cara—. ¿Tienes compañeros buenorros?
—Nico… —lo regañó Benji—. ¿Qué pasa con Elías?
—¿Con Elías? ¿Me estás preguntando… qué pasa… —empezó a decir con misterio, moviendo la muñeca con intención— …con Elías?
Benji se fijó en la fina pulsera que el rubio llevaba.
—¡Eh! ¿Y esto? ¿Te lo ha regalado él?
—Sí. ¡Es de oro!
Benji quedó aún más sorprendido.
Nico le había contado que fueron a cenar a un restaurante de Puerto Banús muy lujoso y que, además, lo había invitado en unas semanas a pasar unos días en un hotel de cinco estrellas. ¿Y ahora esto?
—¿¡De oro!? ¿Quién coño le regala algo así a una persona que conoce desde hace poco más de una semana? —Nico lo miró con cara de pocos amigos y Benji añadió enseguida—. A ver, que me alegro mucho por ti, es muy bonita.
—Eso está mejor. A mí también me ha sorprendido, pero es un niño rico al que le sobra el dinero. A ver, que no es para tanto, es finita… Me la ha dado esta mañana cuando nos hemos despertado.
—Así que al final se quedó a dormir en tu piso.
—Sí, aunque eso de dormir… ¿Te cayó bien?
—Parece buen tío. Y no se despegaba de ti.
—Lo sé —sonrió orgulloso—. Elías es perfecto. ¿Crees que no debería emocionarme tanto?
—No lo sé, Nico. Es cierto que es muy poco tiempo, pero… no sé —respondió vacilante. Pensaba que las cosas iban demasiado rápido, y eso de los regalos y los lujos de buenas a primeras no le terminaba de gustar, pero ¿quién era él para juzgar?—. Como siempre me dices tú, disfruta del momento.
Nico asintió feliz.
Llegaron al local y, nada más entrar, Benji saludó a sus compañeros. También les presentó a su rubio amigo, que desplegó su don de gentes al instante. El efecto que causaba era indudable: la mayoría se detenía a charlar con él.
Carmen parecía encantada de conocer a Nico por fin y los dos conversaban como si se conocieran de toda la vida. Benji los observaba con diversión mientras echaba un vistazo alrededor en busca de Leo, pero parecía que no había llegado todavía.
Sacó su móvil del bolsillo.
Nada.
—Benji, tío, ¿qué pasa? —Lucas apareció de pronto y le dio un abrazo—. Está esto llenito, ¿eh?
—Ya ves, qué pila de gente. Creo que han venido residentes del Clínico también, y entre los adjuntos y los acompañantes…
—Ya, ya… —canturreó Lucas con diversión—. Ya he visto que vienes muy bien acompañado.
Benji lo miró con expresión interrogativa.
—¿Cómo?
Lucas señaló discretamente hacia la pista.
—Ella. ¿Quién es?
—¿Ella? —Benji siguió su mirada—. ¿Quién coño va a ser? ¡Carmen!
—No, joder. ¡La rubia!
Benji tardó unos segundos en entenderlo. Luego estalló en una carcajada tan sonora que varias personas se giraron a mirarlo.
—¿Qué pasa? —preguntó Lucas desconcertado.
—No le has visto la cara, ¿no? ¡No es ella ! ¡Es él !
Lucas volvió a mirar hacia la pista, donde Nico bailaba con Carmen de espaldas a ellos. Su rostro se tiñó de un color rojizo.
—¿Qué dices? ¿Es un tío? —Benji asintió, aún riendo—. Coño, de lejos creí que era una mujer.
—Te has dejado llevar por los estereotipos… —lo reprendió Benji, secándose una lagrimilla—. ¿Un hombre no puede tener el pelo así de bonito o qué?
—No te rías de mí… —gruñó Lucas, algo avergonzado—. Bueno ¿y cómo se llama tu amigo? ¿Oliver?
Benji puso los ojos en blanco. No era la primera vez que le hacían aquel chiste tan malo y apostaría su sueldo de un año a que no sería la última.
—Qué gracioso. Se llama Nico. ¿Te lo presento?
Antes de que Lucas pudiera responder, Benji ya lo estaba arrastrando.
—Ni se te ocurra decirle que lo he confundido con una mujer, por favor… —murmuró Lucas con urgencia.
—Tranquilo… —lo calmó con una sonrisa—. ¡Nico! Te presento a Lucas. Él también es residente.
Nico se giró y rodeó a Benji por la cintura, apoyando la cabeza en su hombro mientras recorría a Lucas con la mirada. Benji le acarició distraídamente el cuello.
—Encantado, guapo.
Le dio dos besos con tal naturalidad que Lucas se quedó rígido, con los ojos muy abiertos, como si no supiera dónde meterse. Benji tuvo que contener la risa.
—Encantado…
—¿También eres de Interna? —preguntó Nico.
—Es nuestro resi mayor —explicó Carmen sin dejar de moverse al ritmo de la música.
—Ah, qué bien —Nico le guiñó un ojo a Lucas antes de tenderle una mano a ella—. ¿Seguimos bailando, mademoiselle ?
Benji notó que Lucas miraba a Nico y luego a él, frunciendo ligeramente el ceño.
—Oye… ¿sois muy íntimos?
Benji arqueó una ceja.
—¿Perdón?
—Quiero decir, él te ha agarrado… y tú lo has tocado así… —Lucas se señaló el cuello, nervioso—. ¿Es tu novio o algo? Bueno, es decir… que no sabía que eres gay, ¿lo eres?
Benji soltó una carcajada.
—Probablemente el más gay de esta sala. Pero Nico solo es mi amigo.
—Ajá… —Lucas ladeó la cabeza.
—¿Pasa algo? —no le gustó el extraño cambio de actitud de Lucas, porque era el compañero con el que mejor se llevaba, después de Carmen.
—No, nada. Perdona —Lucas gesticuló nervioso con las manos.
—Vale… —Benji le pasó un brazo por los hombros—. Por cierto, ¿has visto a Escrivá por aquí?
—Creo que ha entrado hace poco. Lo vi en la barra.
—Vale. Bueno, tío, ¡luego te veo!
Benji se alejó entre la gente, pero alcanzó a ver cómo Lucas lo seguía con una expresión rara, como si aún estuviera procesando algo.
—Chicos, voy a la barra —anunció al pasar junto a Carmen y Nico—. Así aprovecho para buscar a alguien.
—¿A Leo? —preguntó Carmen con picardía.
—Por supuesto. Voy a emborracharlo, a ver si así consigo algo… —sentenció con un guiño.
La granadina soltó una carcajada, sin saber toda la verdad que escondían sus palabras.
Conforme avanzaba entre la multitud, Benji divisó por fin a su tutor. Estaba con Santi y otro adjunto que creía recordar que era oftalmólogo.
Con mucho sigilo, se acercó por detrás y, al saludarlos, dejó caer una mano en la espalda de Leo… que terminó en un suave pellizco en su trasero.
Leo se giró sobresaltado. Al verlo, su expresión fue una mezcla entre exasperación y juego que hizo que Benji tuviera que contener una risita. Leo echó una mirada rápida alrededor.
—¿Qué pasa, Benji? Vaya fiestón habéis organizado, ¿eh? —dijo Santi—. Llevamos aquí un rato esperando a que nos atiendan… ¡Coño, por fin!
Mientras el camarero preparaba las bebidas, Santi se puso a hablar con el oftalmólogo. Benji aprovechó que tenía vía libre para hablar con Leo, aun sabiendo que no tenían mucha intimidad en ese rincón abarrotado.
—¿Qué tal?
—Bien, ¿y tú?
—Genial. ¿Sabes? Me han dicho que se ha escapado un cangrejo por aquí.
Leo alzó una ceja.
—¿Ah, sí?
—Sí. Y que le encantan los culos. Solo los bonitos.
Leo soltó una risa.
—Eres un cabrón. Ni se te ocurra volver a hacer eso —añadió en voz baja—. ¿Y si nos ve alguien?
—¡Esas cosas son normales entre amigos! ¿Y quién coño se va a fijar? Si estamos como sardinas enlatadas. Mira qué cerquita te tengo… —susurró en su oído.
Leo se apartó un poco y se llevó el vaso a los labios con cierta prisa, como si necesitara un respiro. Estaba rojo como un tomate.
—Por cierto —añadió Benji—, Nico ha venido, está por ahí con Carmen. Pero no te preocupes, hará como que no te conoce.
—Hablando del rey de Roma… —murmuró Leo al ver llegar a la parejita.
—¡Mi Carmencita! —exclamó Santi, agarrando a su residente del hombro con fuerza.
—¡Santi! ¡Que me haces daño!
—¡Perdona! —el tutor de Carmen la soltó entre risas, pero enseguida su expresión cambió cuando su mirada se cruzó con la de Nico—. ¿Y tú eres…?
—Nico, soy amigo de Benji. Encantado, ricura… ¿Te doy dos besos o la mano? Porque me parece que vuestro Lucas antes se ha asustado por mi culpa.
Benji y Carmen intercambiaron una mirada divertida. Incluso Leo, al límite de la compostura, estaba a punto de romper a reír.
—Pues… No sé… —dudó Santi, mirando a los otros dos adjuntos como si les pidiera una opinión. Leo se encogió levemente de hombros, un gesto rápido que parecía decir «y a mí qué me cuentas».
—Entonces dos besos, que a mí me gusta más —decidió Nico, y le plantó un par de besos al internista y luego al oftalmólogo. Después, le tocó el turno a Leo y puso en marcha su espectacular actuación—. Ya me han chivado quién eres tú. Un placer conocer al tutor de mi amigo.
—Igualmente —respondió Leo con una sonrisa.
La fiesta continuó y el tiempo pasó volando.
Benji hacía rato que se había separado de Leo y sus amigos, y echaba el rato con Nico, Carmen y varios residentes más.
Nico bromeaba con que ya era casi médico, después de tantos años junto a Benji, y Carmen y Estefi decidían con qué especialidad bautizar a Nico.
De vez en cuando, Benji echaba la vista hacia Leo.
Lo veía reír junto a Santi, Pedro y Paula, y no podía evitar sonreír él también. Debería estar prohibido ser tan guapo.
Al poco rato, cuando un escurridizo bostezo escapó de sus labios, sintió la vibración del móvil.
«Me voy ya, ¿te vienes? Te acompaño a casa o lo que sea».
Era Leo.
Soltó una risita, con la emoción inundándole el pecho, y respondió rápidamente: «Claro, ve saliendo y en un par de minutos voy yo. Espérame en la esquina».
Se buscaron con la mirada entre la gente. Cuando sus ojos se encontraron, Leo asintió con la cabeza.
En cuanto lo vio dirigirse a la salida y cruzar la puerta del local, empezó a despedirse.