Están lloviendo hombres 15 #2
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15 #2

—Leo versus Nico: a ver quién de los dos consigue más tíos.

—Para ya…

—Aunque igual os ibais los dos solitos por ahí. El lunes me dijiste que no, pero estoy seguro de que te gustó, ¿a que sí?

—Que no…

—Hostia, Leo, si casi le estabas metiendo cuello cuando llegué.

—¡Fue su culpa! Sabe muy bien qué decir y cómo moverse.

—Sí que sabe, sí… —asintió con orgullo.

—Es muy guapo, pero no es exactamente mi tipo.

—¿Y quién es tu tipo?

Leo contempló su mirada, inquieta y traviesa. Aunque no quiso responder, sabía que la respuesta era demasiado obvia.

—¿Sabes? Ya no eres tan desvergonzado como antes. Un poquito sí, pero no tanto —dijo de repente.

—¿Siempre tienes que cambiar de tema cuando viene lo interesante?

—Benji alzó las cejas, como si esperara una respuesta, pero Leo solo se encogió de hombros—.

Pues no sé… Es que me he dado cuenta de que te molesta y no quiero que te enfades.

Solo soy desvergonzado con los que me quiero llevar a la cama.

—¿Eso significa que ya no me quieres llevar a la cama? Es más, ¿quién te ha dicho que me moleste?

Definitivamente, el vino estaba empezando a hacer de las suyas.

—Leo, Leo… —canturreó Benji—. No me tires de la lengua.

—¿Qué? ¿Ahora vas a volverte tímido? ¿Ya no me vas a decir las cosas a la cara como antes? —le retó, apoyando los codos sobre la mesa.

Benji se quedó con la boca abierta en una mueca sonriente.

—No quiero que salgas corriendo.

—No voy a salir corriendo.

—No sé yo. Sé que muchas veces he sido demasiado directo…

—¿Solo directo? Me preguntaste en una guardia si quería follar.

—Ya. Pero lo dije solo para ver tu reacción. A veces me paso de la raya y lo sé. Pero ahora es diferente. Quiero hacerlo bien.

Benji desvió su mirada finalmente y se metió otro trozo de comida en la boca, pero Leo se quedó observándolo en la misma posición, mientras evocaba el recuerdo del sábado.

Ahora le parecía algo irreal, pero había pasado horas sin parar de tontear y de reír con Benji.

¿Quién le iba a decir unos meses atrás que iba a terminar de aquella manera?

Ligando con hasta tres chicos a la vez mientras Benji, que parecía disfrutar como nunca al verlo así, lo animaba.

No había terminado de bailar con uno cuando el joven ya le estaba presentando a otro.

Benji también había coqueteado con todos y recordó los pequeños celos que le carcomieron al verlo mirar a otros hombres con la misma intensidad con la que solía mirarlo a él.

Se sintió un poco estúpido porque, al final, en cuanto sus ojos conectaban y Benji le sonreía de aquella forma tan íntima, sabía que esa especial sonrisa iba solo dirigida a él.

Después, habían caminado cogidos de la mano. En aquellas calles solitarias donde nadie atendía a ellos y pasaban desapercibidos, se tomaron la libertad de entrelazar sus dedos. Le embargó una sensación hermosa, como si ir de la mano fuera algo natural entre ellos.

Algo cotidiano.

Y luego, cuando se iban a despedir y Benji lo miró de esa forma tan única… Mentiría si dijera que no esperaba que lo besara, aún mareado por el alcohol. Por eso se sorprendió cuando el joven simplemente lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.

Se sentía ridículo por esperar un beso en los labios, como si después de todo él fuera el único que lo quisiera, pero, cuando inició el camino hacia el coche de Pedro, sonrió al darse cuenta de que Benji no había hecho otra cosa que animarle y preocuparse de que lo pasara bien.

Que viviera una noche única. El mismo Benji se lo había confirmado minutos atrás, cuando había dicho que esa noche era exclusivamente para él: su «primera noche gay».

Ese detalle le gustó mucho.

Definitivamente, el recuerdo se le hacía muy irreal. Parecía un sueño.

—Disfruto muchísimo hablando contigo, de verdad —dijo de pronto Benji, con un brillo en los ojos.

Leo sonrió con timidez. El pie de Benji jugueteaba con el suyo por debajo de la mesa, como acostumbraba a hacer los últimos días.

—Yo también —respondió tras un leve suspiro.

Cada vez estaban más a gusto, envueltos en un ambiente íntimo y familiar. Habían terminado de cenar y la botella de vino estaba cada vez más vacía. Benji tenía la risa floja y Leo empezaba a ser más hablador de lo habitual.

—¿Sabes? Ya había visto a Nico antes. Una vez iba conduciendo y os vi por la calle. Agarrados.

—¿En serio? ¿Cuándo?

—Una tarde, por la plaza de la Solidaridad. Fue esa semana en la que Alfredo te echó la bronca.

—Seguro que te pensaste que era mi ligue o algo.

—Lo cierto es que sí.

—¿Por eso me dijiste aquello del novio? Fue en esos días. ¿Te acuerdas? —soltó una carcajada.

—¿Cómo puedes tener esa memoria?

—Cada momento contigo lo tengo aquí grabado —dijo Benji, llevándose un dedo a la sien. El pecho de Leo palpitó—. Venga, reconócelo, fue por eso.

—Que sí… Fue por eso. Fue un ataque de celos —intentó bromear, aunque la realidad era bien otra.

—Sí, sí, tú ríete y bromea… Pero estoy seguro de que te molestó —sonrió con suficiencia—. Aunque, mierda, ahora no tengo claro si tus celos fueron por mí o por él.

—¡Eres un pesado! ¿Vas a darme el coñazo con eso toda la vida?

Ya te he dicho que no me gusta Nico… —movió la copa entre sus dedos y alzó la mirada desafiante.

Recorrió con sus ojos la moderna camisa blanca que llevaba Benji, algo más desabrochada de la cuenta, dejando ver una fina cadenita de plata sobre su pecho limpio; su erguido cuello y su nuez; sus labios mojados por el vino; sus ojos brillosos.

No pudo controlar la confidencia que escapó de sus labios en un susurro—. Tú eres mucho más guapo.

La carcajada que soltó Benji se debió de escuchar en todo el establecimiento.

—¿Qué cojones te pasa? —exclamó—. ¿Qué coño te han echado en la comida?

—Y yo qué sé… —se quejó Leo, avergonzado y acalorado por el vino, y se bebió de golpe lo que quedaba en la copa, tratando de evitar la mirada de Benji.

Deslizó la lengua por sus labios para saborear el vino y alcanzó a ver por el rabillo del ojo cómo Benji seguía, con una sonrisa casi impaciente, cada uno de sus gestos: cómo bebía, cómo se relamía, cómo jugueteaba con la botella vacía con aire distraído.

—¿Quieres ir ahora a dar un paseo al puerto? Dentro de poco empiezan los fuegos artificiales —propuso Benji.

Leo notó una pequeña vibración que venía del mantel. Benji movía la pierna bajo la mesa, como un tic nervioso. No sabía qué estaba pasando exactamente por su cabeza, pero no le costó imaginarlo: su residente iba a perder la paciencia en cualquier momento. Podía leerlo en su mirada.

Parecía querer lanzarse a su boca de un momento a otro.

—¿No crees que eso suena demasiado romántico? —se burló, sintiendo un hormigueo recorrerle el cuerpo cuando sus miradas se encontraron.

Los ojos verdes de Benji brillaban y ardían de deseo, y estaba seguro de que los suyos devolvían lo mismo.

Leo pensó que no debería ser así, que no debería caer, que tenía que mantenerse firme. Pero todo se había ido a la mierda en el momento en que aceptó cenar con él. Ahora tenía que asumir las consecuencias. Y tenía tantas ganas de que esas consecuencias finalmente llegaran…

—¿Quieres o no? —insistió Benji.

—Sí —asintió al fin y, con una urgencia que no pudo disimular, añadió—. Pide la cuenta.