7 #2
Benji soltó una risita al recordar las palabras de Leo, iguales a las de Laura. Aunque ella le hablaba con más ternura.
—Gracias, Laura.
—Además, estos son los errores que un médico puede permitirse: los que no conllevan una fatalidad.
Así que no te preocupes. El paciente ya tiene su escáner hecho y su tratamiento actualizado —Laura le guiñó un ojo, se giró hacia su ordenador y continuó hablando, esta vez con la voz teñida de una pizca de asombro—.
Y tienes suerte de que Leo te tenga tanta estima, incluso salió en tu defensa.
—¿Estima? —respondió Benji con sarcasmo—. Creo que esa no es la palabra.
—Créeme, jamás lo he visto dar la cara por nadie. Es verdad que nunca había tenido a un residente a su cargo y puede que sea la primera vez que se siente así, pero, por ejemplo… —ella lo miró con complicidad— …ni pío de lo que te estoy contando, ¿eh?
—No, no, Laura, por favor. Soy discreto —se apresuró a afirmar. Un calor le subió por el cuerpo.
—En la reunión de adjuntos, Leo te puso por las nubes —confesó. Benji abrió los ojos con sorpresa—. No pongas esa cara, es verdad. Dijo que eres un médico estupendo. Te llamó inteligente, resolutivo, observador, empático… Hasta hablaba con un poquito de ilusión. Vaya, los demás no dábamos crédito.
—Joder. Pues a mí el cabrón no me dice tantos elogios… —se quejó, aunque sin poder evitar una leve curva en sus labios.
Laura se echó a reír.
—Pero porque él es así… Siempre ha sido así. Leo es… particular. A veces creo que hay algo en su vida que no le encaja. O igual son cosas mías —se encogió de hombros—. Tampoco le vayas a decir esto.
—Soy una tumba —sentenció Benji sonriente, guardándose las impresiones de Laura que, a decir verdad, eran las que él empezaba a tener.
—Gracias. En fin, todo esto te lo he contado para que no dudes de ti. No hagas locuras ahora.
—Muchísimas gracias de nuevo, Laura.
—No es nada —le restó importancia y se echó hacia atrás en la silla para estirarse.
Benji terminó de actualizar todos los informes de los pacientes que podían ser dados de alta próximamente. Era un trabajo que solían realizar Leo y él cuando les quedaba algo de tiempo al final de la mañana, pero había decidido adelantarlo para sorprenderle.
Estaba dispuesto a conquistarlo, aunque fuera por esa vía.
—¡Qué madrugador! —canturreó Carmen, que acababa de entrar. Se sentó junto a él.
—Ya ves, adelantando trabajo…
—¿Qué dices? ¿Solo llevamos dos meses y ya estás compitiendo? ¡Me contratarán a mí! —exclamó con dramatismo.
Benji, riendo con ganas, le dio un leve golpe en el brazo.
—No seas mala. No es eso.
—Ya sé… Quieres impresionarle —susurró.
—¿Qué? No… —contestó con rapidez, intentando no sonrojarse y vigilando que Laura no hubiese escuchado nada—. Qué impresionar ni qué coño…
—Oye, dime solo una cosa. ¿Es cierto que Leo la cagó o lo dijo solo para defenderte? —la morbosa mirada de su amiga le provocó de nuevo la risa.
—Lo segundo… —dijo. Carmen soltó un gritito—. Pero no pienses nada raro: soy su residente. Santi habría hecho lo mismo por ti.
—Supongo que tienes razón —ella, con un claro deje de decepción en el rostro, dirigió su mirada hacia la puerta justo en el momento en el que el tutor de su compañero entró.
Sus ojos se cruzaron en una intensa mirada de la que solo ambos fueron testigos. O, al menos, eso creyó Benji.
—Jo-der… ¡Cómo te ha mirado! —susurró la joven granadina con una ilusión tan grande que se removió en el asiento.
—¿Qué dices? No me ha mirado de ninguna forma… —respondió Benji, sonriendo y mirando al mayor de reojo. Leo seguía clavándole la mirada desde el otro rincón de la sala.
—¡Pero si no para!
—Está mirando porque sabe que estamos hablando de él, ¡no seas descarada! —la regañó entre carcajadas, aunque sintiendo un cosquilleo al sentirse observado por Leo.
La voz de Alfredo cortó el momento.
—Muy bien, comencemos con el repaso de camas. ¿Empiezas tú, Leo?
—Vale, a ver…
—Si me permitís, lo tengo ya todo preparado aquí —interrumpió Benji con la mano alzada—. Lo estaba haciendo antes de que llegarais.
—Muy bien, Benji. Cuéntanos —lo animó el jefe.
Benji carraspeó y le echó una última mirada a su tutor, quien había alzado una de sus cejas mientras se cruzaba de brazos.
Empezó a explicar la evolución de todos los pacientes que Leo y él estaban siguiendo, incluyendo los nuevos ingresados.
Uno a uno, sin omitir ningún detalle y de forma clara, ordenada y precisa.
Además, tenía una respuesta para cada pregunta que le hacían los compañeros sobre los casos.
Cuando terminó, sintió una gran satisfacción.
«Toma ya, Leo, a ver qué te parece» , pensó entusiasmado.
El resto de la reunión transcurrió con relativa calma. Relativa porque, aunque nadie fuera consciente de ello, se notaba una clara tensión entre tutor y residente.
Benji, sabiendo que se había lucido minutos atrás, miraba altanero a su tutor. Había recuperado su descarada sonrisa y la mostraba sin reparo. Leo parecía entre atónito y confundido, como si no entendiera a qué venía esa actitud de repente.
—Veo que has venido hoy preparado —le dijo al terminar.
—He llegado antes para adelantar trabajo, incluso terminé los informes de alta.
—No tenías por qué. Eso podríamos haberlo hecho luego, como siempre —Leo se cruzó de brazos.
—Ya, pero es que también tengo que preparar mi sesión y quiero consultarte después, si no te importa —le dedicó un guiño—. No sé cómo enfocar la parte de las pruebas diagnósticas, porque el paciente del caso ha tenido varios ingresos y no sé si agruparlas por tipo o exponerlas en orden cronológico.
—Vaya… —Leo titubeó y, de reojo, Benji lo vio cerrar los puños—. ¿Ya has empezado con eso? Pensaba que lo dejarías para mañana…
—Empecé ayer por la noche. Mejor, ¿no? —tuvo que contenerse para no sonreír. Si de verdad podía conseguir algo con aquella pantomima, no solo iba a invitar a Nico a un montón de cubatas, sino que sería su esclavo de por vida.
—Claro, claro —acertó a decir Leo, un poco desconcertado—. Benjamín…
En ese momento, el móvil de Benji vibró.
—Perdona un segundo… —miró de reojo la pantalla.
Nico le había escrito un mensaje: «Día 1 de la Operación Conquistar al doctor “Noestoybueno”: MUCHA SUERTE».
Una carcajada escapó de sus labios al leerlo.
Leo se giró y salió por la puerta, así que Benji fue tras él mientras guardaba el móvil en el bolsillo.
—Deberías dejar el móvil en el trabajo, me he dado cuenta de que siempre andas con el teléfono en la mano. Durante tu horario de trabajo es mejor que te olvides del novio.
Benji, aguantando a duras penas las ganas de reír como loco, se mordió el labio completamente excitado. Era la primera vez que Leo mostraba un mínimo interés por su vida privada.
—No tengo novio, puedes estar tranquilo.
Leo lo acribilló con la mirada:
—No empieces.
—No empiezo con nada. Bueno, ¡vamos al lío! A ver si terminamos pronto y podemos echar un rato luego hablando de mi sesión, ¿te parece, Le-o-nar-do? —se burló, marcando con determinación cada sílaba de su nombre para vengarse, y echó a andar entre risas.
A Leo no le quedó más remedio que asentir ante el ímpetu de su residente. ¿Acaso había decidido ponerse las pilas debido al incidente del día anterior?
Fuera lo que fuese, verlo tan volcado en el trabajo hacía que no pudiese dejar de mirarlo. Más aún de lo que ya se permitía en secreto. Y no tan en secreto, porque ya no sabía cuántas veces le había pillado Benji. Quería dejar de observar aquellos ojos verdes, pero se sentía incapaz.
Se maldijo en su interior porque, al final, se había dejado llevar por aquel sentimiento que había experimentado al verlo sonreír como un tonto mirando el mensaje del móvil.
Cegado por el recuerdo de haberlo visto pasear junto a otro chico la tarde anterior, no había podido refrenar el impulso y se había interesado por su vida privada abiertamente.
¿Cómo se le ocurría insinuarle si tenía novio? ¿En qué estaba pensando?
Tuvo que disimular una amarga sonrisa que pretendía plasmarse en su rostro para que Benji no notara lo afectado que estaba.
Definitivamente, tenía que hablar con su amigo Pedro lo antes posible, o terminaría volviéndose loco.