7
Sentado en el respaldo de uno de los bancos situados en los jardines de la Plaza de la Solidaridad, Benji esperaba a Nico mientras se zampaba un paquete de pipas, engullendo una tras otra sin parar.
Refugiado en la escasa sombra que podía ofrecerle una palmera, aguantaba como podía los casi treinta y cinco grados que caían aquella tarde.
A lo lejos divisó a Nico. Venía con el pantalón negro que usaba para trabajar y una camiseta del mismo color con un logo en la parte superior izquierda que rezaba Nicoshion : un nombre medio absurdo que se inventó en una borrachera mezclando Nico y fashion .
En cuanto estuvo a su lado, sin mediar palabra, Nico extendió la mano para que le echara un puñado de pipas y se sentó.
Luego alzó las cejas, como indicándole que empezara a hablar.
El mensaje que Benji le había mandado era bastante claro: «Vente al banco de siempre, necesito hablar contigo».
Allí se habían reunido cientos de tardes desde que eran unos chiquillos para charlar o para tomar el aire después de un buen rato de ocio en el centro comercial situado enfrente.
—Gracias por venir, necesitaba hablar contigo cuanto antes…
—¿Qué te ocurre, corazón? —preguntó Nico, y se llevó una pipa a los dientes.
Benji, nervioso, se frotaba las manos.
—Estoy empezando a rayarme demasiado, Nico…
—No le des vueltas y suéltalo ya —le animó, moviendo las manos con rapidez.
Lo miró algo avergonzado.
—Tío, lo reconozco. Estoy empezando a encoñarme seriamente con Leo.
—¡Lo sabía! ¡Te lo dije! —Nico dio saltitos en el asiento.
—Ya, ya…
—No, de «ya, ya» nada. ¿Qué pasa? ¿Te gusta de verdad? —preguntó Nico incrédulo.
Benji cerró sus párpados y suspiró con suavidad.
—No lo sé… ¡No lo sé! —subió un poco el tono de voz, desesperado—.
No sé qué me pasa. No me lo saco de la cabeza.
Y él… a ratos parece que pasa de todo, y otras veces es como si hubiera algo dentro de él…
extraño. Como si me quisiera decir algo.
Y ya no sé si son imaginaciones mías, que igual me estoy montando la película del siglo, o si es verdad.
Lo peor es que, aunque sea solo simpatía hacia mí, en esos momentos su actitud me gusta muchísimo… Cada gesto suyo me mata.
—A ver… ¿Qué ha pasado hoy? Porque algo ha tenido que pasar. Si no, no me habrías escrito. Y no es que me moleste que recurras a mí. Siempre voy a estar aquí para ayudarte. Pero este patrón de «terapia posterior a follón con tu tutor» hay que empezar a cortarlo de alguna manera.
—Ya… Pues nada, que la he cagado en el trabajo y el jefe me estaba echando la bronca del siglo…
—Joder, Benji —Nico soltó una risita.
—Cállate, que no he terminado… —lo fulminó con la mirada y el rubio hizo un gesto con la mano como si cerrara su boca con una cremallera—. Bueno, pues Leo ha salido en mi defensa delante de todos. Se ha echado el muerto.
—¿Cómo que se ha echado el muerto? ¿Te has cargado a alguien? —preguntó con miedo.
—No, joder, «el muerto» literalmente no. Que ha dicho que no ha sido una cagada mía, sino suya. Y cuando nos hemos quedado solos, me he cabreado con él y le he gritado.
—¿Que te has vuelto a cabrear con él? ¿Te defiende y te enfadas?
—¡No es eso! Es que no necesito que nadie me proteja.
—Baja ese orgullo, gallito…
—Joder, Nico, ni orgullo ni hostias. Soy mayorcito para asumir mis errores.
—Vale, te entiendo perfectamente. Pero, coño, ya que el tío se tira el detallazo, encima te enfadas…
—Ya lo sé. Pero es que, luego, además…
—Ya sabía yo que había algo más, siempre hay algo más —lo interrumpió.
—¡Nico! —el mencionado bajó la cabeza en señal de disculpa—.
Le pregunté si lo había hecho para excusarse por lo del viernes y me ha dicho que no, que lo ha hecho simplemente por mí.
Casi habría preferido que lo hubiese hecho por algún sentimiento de culpa o remordimiento.
Pero no, por mí. Que sí, que supongo que será lo normal porque soy su residente, pero…
mierda, me está volviendo loco… —se llevó las manos a la cara, frustrado—.
Al final me ha apretado el hombro con esa puta sonrisa perfecta que tiene y te juro que me ha ardido la piel.
Todavía siento el peso de su mano aquí —se lamentó, llevándose una mano al hombro en cuestión.
—¡Qué exagerao …!
—¡Va en serio! Hasta esa gilipollez se me ha quedado grabada. Si pasa de mí el muy capullo, que deje de hacer ese tipo de cosas. Prefiero que siga siendo el estúpido, borde y soso doctor Escrivá a que me venga ahora con sonrisitas y ánimos, haciendo cosas buenas por mí.
—Coño, es tu tutor. Mejor que sea amable, ¿no?
Benji simplemente lo miró con cara de pocos amigos. Sabía que Nico tenía razón, pero… paradójicamente, una parte de su corazón deseaba que Leo mantuviera las distancias porque sabía que, de lo contrario… Uf.
Cogió una pipa del paquete y la mano le tembló.
—A ver, Benji, cariño —Nico le agarró la mano con fuerza—. No te agobies, todo esto no quiere decir que el doctor «Noestoybueno» te guste de verdad —Benji fue a decir algo, pero Nico le cortó rápidamente—. Espera, coño, que acabo de tener un lapsus.
—Leo… Joder, si lo acabo de mencionar y sabías de quién hablaba —murmuró el de ojos verdes.
—Es que se me olvida a ratos. Además, ya me gusta llamarlo así —dijo con picardía, y carraspeó—. Sinceramente, creo que se te va a quitar la tontería con un buen polvo.
—¿Un polvo de quién? Porque últimamente solo pienso en él y en nadie más.
—Un polvo de quien sea, Benji. La otra noche estuviste casi todo el tiempo hablando conmigo y, cuando yo decidí meterme en el barullo para ver si había algún macizo apañado, vas tú y te quedas hablando con Juanca. No te reconozco.
—No tenía ganas de ligar. Además, eran los mismos de siempre. Y te recuerdo que al final me lie con el moreno ese que no paraba de darme la brasa con irnos al baño.
—¿Te estás escuchando? Te liaste con él por pena, ni siquiera querías.
—Estaba bueno, pero…
—Benji… Es que no sé qué quieres que te diga entonces, ¡dime qué quieres! —le pidió Nico, envolviéndole la mano con las suyas.
Benji le clavó sus verdes iris.
—No sé. Solo quiero que Leo me haga un poquito de caso.
Nico soltó una risita.
—Entonces, trabájatelo.
—Como si no lo hiciera ya…
—No de esa manera, ¿no ves que no funciona?
—Nico cogió su móvil y trasteó un poco hasta que empezó a sonar una canción.
Automáticamente, sus hombros y su cabeza se movieron al ritmo de la música—.
Querido, escucha a la princesa Britney. Cuando quieres comprar cosas caras o llevar un estilo de vida mejor, ¿qué haces? Currártelo.
—No le veo ninguna relación… —respondió Benji con los ojos en blanco.
—Tu hombre es igual. Es un hombre serio, preocupado por su trabajo y amante de la disciplina. Conviértete en el mejor trabajador que haya visto en su vida y llamarás su atención. ¿Quieres tirártelo? ¿Quieres que te haga caso? ¿Quieres conseguirlo …? Pues trabájatelo, currando más y mejor.
—¿Y tú crees que eso surtirá efecto?
—Si de verdad es tal y como me lo pintas, sí, no lo dudo —sentenció Nico—. No tendrá ojos para otra persona que no seas tú. La única posibilidad de que no funcione es que sea hetero.
—Ah, no, no. Descarta esa opción…
Nico se echó a reír ante aquella respuesta tan rotunda.
—Pues, cariño, hazme caso. No podrá despegar los ojos de ti cuando te vea tan aplicado.
—Oye, que yo ya me aplico bien…
—Lo sé, pero tienes que exagerarlo aún más. Si no resulta mi idea, te invitaré a todas las copas que quieras cuando salgamos de fiesta. Te doy entre dos y tres semanas para conquistarlo.
—Está bien… Trato hecho —le ofreció su mano y la estrecharon con fuerza para cerrar el pacto.
A decir verdad, era una tontería, pero al menos le había hecho sonreír.
—Tengo ganas de conocer a tu tutor, joder. Me intriga demasiado.
—Lo sé —Benji rio con ganas. Era hilarante imaginar aquella hipotética situación: Nico y Leo charlando—. Igual un día se da la casualidad de poder presentártelo.
—Igual —se encogió ligeramente y guardó el móvil—. En fin, no sé si pretendes quedarte aquí o ir a otro sitio, pero he venido directo desde el trabajo y paso de ir con estas pintas por la calle. ¿Te vienes a casa y esperas mientras me cambio?
—Claro —Benji se puso en pie de un salto y cerró bien el paquete de pipas—. ¿Vamos?
Nico asintió y se le pegó en un roce cariñoso, dejando que Benji lo envolviera con su brazo en un tierno gesto.
Abrazados, iniciaron el camino hacia casa del rubio.
No fueron conscientes de que, dentro de un coche azul que paró en un paso de cebra para permitirles cruzar, unos ojos los observaban fijamente.
El reloj del hospital marcaba las siete y media de la mañana cuando Laura Molina caminaba por los pasillos de la quinta planta con cara de cansancio.
Cuando abrió la puerta de la sala de trabajo, se llevó una sorpresa inesperada.
—¡Benji! ¿Estabas de guardia también?
Él, inmerso en los informes que mostraba la pantalla, se dio la vuelta y negó con la cabeza.
—Qué va, solo me he venido un poco más temprano hoy.
Ella lo miró con desconfianza.
—¿Y eso? No es horario habitual de trabajo.
—Pero quería tener esto preparado.
Laura, perpleja, se sentó junto a él frente a otro ordenador.
—No tendrá que ver con lo de ayer, ¿no? —preguntó en tono conciliador. Una sincera sonrisa apareció en su rostro y Benji la correspondió—. Benji, en esta profesión hay algo que tienes que comprender y asimilar cuanto antes. Antes que médico, eres humano.
—Pero no puedo cometer errores…
—No fue para tanto, Alfredo se pasó un poco.
Yo creo que tenía un mal día. No te martirices: el período de residencia está para equivocarse y aprender, para caerse y levantarse.
Y acabas de empezar —dijo sin apartar sus ojos y con una voz muy suave que a Benji le recordó la de una madre—.
No es motivo para que ahora te mates a trabajar.
Solo sigue como hasta ahora, lo estás haciendo genial.