Están lloviendo hombres 6
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Cuando el calor empezó a amainar, Benji acudió al bar irlandés de siempre.

Caminó a paso rápido entre los transeúntes que se agolpaban en las calles del centro, muchos de ellos turistas que aprovechaban el verano para viajar a la costa, y entró con decisión en el bar.

El olor a madera oscura y cerveza lo envolvió, mezclado con el murmullo constante de conversaciones y la música de fondo.

Nico lo esperaba ya con un botellín de cerveza en uno de los barriles que hacían de mesa situado al fondo del local. Alzó la mano a modo de saludo y Benji se acercó, no sin antes pedir otra cerveza al camarero.

—¿Qué pasa, tío? —Benji chocó con fuerza la mano de Nico y se dieron un beso en la mejilla—. ¿Llego tarde? He venido esquivando guiris por la calle…

—Qué va, he entrado un par de minutos antes que tú.

—Ok —se llevó a los labios el botellín que el camarero acababa de dejar en la mesa y dio un par de largos tragos—. Joder, venía sequito.

—Ya te veo… Bueno, ¿qué? ¿Cómo va la cosa?

—Tirando… —el de ojos verdes bajó las comisuras de los labios con la mirada algo perdida.

—¿Pasa algo? Se te ve… —empezó a decir Nico. Benji lo miró distraído— …raro.

—Estoy un poco cansado —se encogió de hombros—. Oye, ¿conoces a un tal Miguel que sale por Torremolinos?

—¿Miguel? Hay pechá de Migueles, mi vida. Especifica, ¿cómo es?

—Delgado, pelo larguito y castaño… Tiene un tatuaje en el cuello con unas letras chinas o algo parecido —recordó Benji.

—¡Ah! Claro que sé quién es —Nico se mordió el labio—. Es guapísimo.

—La verdad es que sí. Lo he conocido hoy en el hospital.

—¡No jodas! ¿Cómo está? ¿Le ha pasado algo de lo suyo?

—Sabes que no puedo darte detalles…

—Va, Benji, soy tu amigo.

—Eres mi amigo y una maruja.

—No seas malo… Solo estoy preocupado —se quejó, haciendo una mueca extraña y tratando de parecer adorable y triste a la vez.

Benji suspiró resignado.

—Nada, una infección, pero todo bien. Me ha dicho que siempre había querido hablar conmigo.

—¡No! ¿Te dijo eso? —exclamó incrédulo. Benji asintió—. Claro, por eso una vez me preguntó por ti. Ay, cariño, los traes de cabeza a todos.

—A todos los que no me interesan, sí —bromeó, con el rostro de Leo revoloteándole por la cabeza—. Quería charlar y me quedé a solas con él. Me ha contado su historia y, la verdad, un poco más y me echo a llorar allí.

—¿Tú llorando? —Nico sopló por la boca divertido—. No te imagino.

—Lloro poco pero soy sensible —farfulló indignado.

—Sí, sí, no lo dudo.

—En fin… Nico, ten cuidado siempre, porfa.

—Que sí, tonto. Si yo soy un monumento a la precaución.

—Vale… —Benji bajó la mirada. Su pierna se movía en un tic nervioso.

—Yo sé que te pasa algo más. Estás que te subes por las paredes desde que has entrado, ¿te crees que no me doy cuenta?

Claro que le pasaba algo más. Le pasaba él .

Le pasaba Leo. Llevaba todo el día pensando en lo mismo, con una punzada en el pecho.

Su tutor había sido seco muchas veces, rayando lo borde en ocasiones, pero esta vez se había pasado.

Jamás le había hablado de esa manera y no entendía a qué había venido ese comentario.

Leo empezaba a gustarle mucho, pero no soportaba a las personas que tendían a prejuzgar a todo el colectivo.

Benji dudó sobre si contárselo a Nico, pero decidió que tenía que hacerlo. Era su mejor amigo, el único con el que podía contar y desahogarse libremente.

—Es por él.

—¿Él?

—Sí, él —contestó, enfatizando el pronombre.

—Ay, maricón, que te estás enchochando de verdad con tu tutor… —se llevó una mano a la cabeza con dramatismo y negó repetidas veces.

—Calla, joder, no es eso.

—Sí que es eso, cariño —aseguró. Se echó sobre la mesa como si fuera a contarle un secreto y casi susurró—. Te conozco como si te hubiera parido.

—Como sea —Benji resopló con fastidio—. Mejor ni te lo cuento.

—Cuéntale a papi Nico —canturreó divertido.

Benji lo miró de reojo y volvió a resoplar, esta vez con suavidad.

—Hoy me ha echado un sermón acerca de no intimar con los pacientes. Y todo porque me ha estado espiando mientras hablaba con Miguel a solas, aunque se niega a reconocerlo.

—Y no le falta razón.

—Ya. Pero, joder, no estaba ligando con nadie. Este se cree que, porque me comporto así con él, voy sacándole la polla por ahí a cualquiera.

—Bueno, a ver… —Nico abrió los ojos con escepticismo.

—Vale. Puede que un poco sí. Pero no en el trabajo —especificó, y su amigo le echó otra de esas miradas—.

Quiero decir, no con los pacientes. Eso lo tengo clarísimo.

Solo quería ser amable con Miguel. Estaba regular y necesitaba ánimos —calló unos segundos.

Nico seguía observándolo y Benji continuó hablando como si nada—.

Total, que al final terminé insinuándome un poco a Leo y se cabreó.

—¿¡Otra vez!? ¿Es que no aprendes? —Nico se esforzó en aguantar una carcajada—. Pensaba que habías aprendido a cortarte un poquito después de lo de la última guardia.

—¡No puedo evitarlo! —abrió los ojos y apretó sus puños con furia—. Se pone tan gilipollas que solo me entran ganas de provocarlo para quitarle esa expresión tan pasota que tiene.

—Pero ¿qué pretendes? ¿Fusionar Queer as folk con Anatomía de Grey y follártelo en el cuarto de las escobas?

—Me tiene hasta la polla. Es un maldito maricón reprimido.

—¡Oye! No seas ofensivo —Nico le regañó con un pequeño golpe en la mano— Corazón, a ver si te estás creyendo tu propia fantasía…

—Que no. Si lo conocieras, te darías cuenta. Mi puto radar da vueltas como loco cuando me acerco.

—Ya estamos otra vez con eso…

—Puede que te parezca una gilipollez, pero es así —cogió un cacahuete con sus dedos y lo lanzó con furia, rebotó en la mesa y cayó sobre los pantalones de su amigo, quien se pasó la mano para limpiarse—. Perdona. Vale, a lo mejor no es gay, pero igual es heterocurioso.

—Pues no sé qué es peor. Si es así no vayas a encoñarte en serio, ya sabes que la mayoría solo buscan una mamada y hasta luego, Mari Carmen .

Benji chistó frustrado y dejó la mirada perdida. Guardaron silencio mientras el de ojos verdes jugueteaba con otro cacahuete sobre la mesa. Cuando alzó los ojos, se encontró con la tierna expresión de Nico.

—En resumen, terminó diciéndome que iba a acabar como Miguel por follarme a cualquiera —siguió relatando con la voz mucho más triste, más decaída. Sus manos pasaron a jugar con una servilleta de papel, rasgando el borde con pequeños cortes frenéticos y obsesivos.

Nico frunció los labios y le agarró las manos con cariño, obligándole a frenar aquel estropicio de papeles.

—Qué feo por su parte… —dijo el rubio—. Pero siempre me has dicho que es buen tío, ¿no?

Aunque sea serio. ¿Crees que piensa eso de verdad?

—Benji negó levemente con la cabeza, con el rostro confundido—.

¿O solo le cabreaste con tus comentarios fuera de lugar y no pensó en lo que decía?

—esta vez, Benji ladeó la cabeza y alzó las cejas—. Apuesto a que se disculpó.

—Sí… Parecía bastante arrepentido, nunca lo había visto así.

Pero ¿era necesario decir eso? Es algo super…

homófobo. No entiendo cómo ha podido decirlo, no parece de esos.

Igual sí que está hasta los cojones y ha llegado al límite.

Joder, me estoy buscando que me suspendan… —se llevó las manos a la cabeza.

—Anda, no le des más vueltas. ¿Quieres despejarte esta noche?

Benji le sonrió con suavidad.

—¿Torremolinos? Si quieres volver al bar de osos, me sacrifico por ti.

—Me apetece más quedarme en el centro, seguro que Juanca tiene ganas de vernos. Además, la asociación LGTB ha elegido su pub como «Mejor local LGTB de Málaga en 2014» y hoy iba a dar una pequeña fiesta, ¡tenemos que darle la enhorabuena! Y habrá espectáculo de drags .

—Sabes que no me gustan esas mierdas de asociaciones —bufó—. Me hacen sentir como si fuéramos unos marginados sociales.

—Por desgracia aún hay veces que lo somos, cariño —Nico guiñó un ojo y Benji le dedicó una triste sonrisa, entendiendo por qué lo decía—. ¿Vamos, entonces? A lo mejor vemos a aquel maromo del finde pasado, ¿te acuerdas?

—Para no acordarme. No paraste de gritar a los cuatro vientos lo mucho que te gustaba su culo…

—Ay, Dios mío, ¡me trae loca! —exclamó de forma teatrera y Benji estalló en carcajadas.

Poco a poco, recuperó el humor. El simple hecho de hablar con Nico conseguía relajarle, era algo que le sucedía desde que eran pequeños. Tenían una profunda amistad de la que pocas personas podían presumir.

Sonrió agradecido por tenerlo. Si no fuera por él, seguramente se habría perdido a sí mismo hace mucho tiempo.

Benji se dejó caer en una de las sillas de la sala de sesiones y apoyó la cabeza en la pared de atrás. Los lunes eran mortales y, ese en concreto, se le estaba haciendo duro desde primera hora.

La sala se empezó a llenar pero no tenía muchas ganas de socializar, así que se hizo el dormido y se dedicó a recordar al tremendo moreno con el que se había liado el viernes en los baños del pub de Juanca.

Y también recordó la extrañeza en su mirada cuando, en un acto de lujuriosa inconsciencia, susurró «Leo» mientras le metía mano desesperado.

Por suerte, al chico pareció no sentarle mal y le siguió el juego durante un buen rato.

Las conversaciones a su alrededor se apagaron y la voz de Santoyo llamó su atención:

—Vamos a empezar ya, que Carmen va a dar su sesión después del repaso de camas.

—¿Sobre qué es, Carmen? —preguntó Laura.

—Sobre el caso de la paciente que tuvimos con linfopenia persistente.

—¡Genial! Me perdí un poco qué fue de ella al final…

Empezaron con el repaso de los pacientes que tenían ingresados ese día, repartidos entre Laura, Santi, Teresa y Leo, pero este último aún no había llegado, así que Benji se temía que le iba a tocar a él cubrirlo.

—Benji, ¿podrías comentarnos vuestros pacientes? Ya que Leo no ha llegado todavía… —le pidió Alfredo, y el joven alzó las cejas intentando disimular su cansancio.