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—Pues es una suerte que te presentaras voluntario… —Benji sonrió, le guiñó un ojo y bajó la mirada a su libreta, tratando de hacerse el irresistible. Seguidamente volvió a cambiar de tema, como si sus calculados gestos fueran algo casual—. Bueno, a ver esa analítica.
Notó el desconcierto en la expresión de Leo y cómo evitó mirarlo al seguir con su explicación, y eso le gustó.
Leo continuó hablando, pero la atención de Benji se centró en un enfermero bastante guapo que lo observaba a lo lejos con una socarrona sonrisa. Benji se distrajo al ver cómo el otro le sacaba la lengua a modo de broma.
—¿Me estás escuchando? —preguntó Leo un poco mosqueado, girándose hacia atrás. Al enfermero se le heló la expresión y desapareció por el pasillo que daba al ascensor. Benji reía en voz baja—. ¿Te importaría centrarte?
—Lo intento, pero si un pibón me tira los tejos se me va la concentración.
El lanzado enfermero le había venido de perlas para sacar el tema en cuestión a relucir, tal y como le había asegurado a Nico que haría.
No había nada malo en confesar sus gustos, ¿no?
Los heterosexuales siempre iban pavoneándose abiertamente de su heterosexualidad: que si esta, que si la otra, que si vaya culo y vaya tetas…
Además, lo importante de todo aquello era ver cómo reaccionaba Leo ante su precipitada confesión, y casi se muere de risa cuando vio su expresión descolocada.
El mayor empezaba a enrojecer. Era la primera vez que lo veía así.
—¿Perdona?
—¿Qué pasa? —preguntó Benji, haciéndose el tonto.
—¿Tú eres…?
—¿Qué? ¿Que si soy gay? Sí —le interrumpió con una sonrisa y una ceja levantada—. ¿Algún problema?
—Ninguno. De hecho, te iba a decir que si tú eres tonto —Leo trataba de permanecer impasible, pero Benji ya se había percatado de que parecía un poco más alterado que antes.
Hacía como que miraba unos papeles, como si estuviera esforzándose demasiado en evitar su mirada—.
No vayas comportándote por ahí de esa manera.
—¿Por qué? ¿Acaso le importa a alguien con quien me relacione?
—No te equivoques. Que seas gay me la trae floja, pero que no me atiendas cuando estamos trabajando sí me importa.
—Vale, vale. Perdón —Benji se disculpó, sabiendo que su tutor tenía toda la razón del mundo y que se había pasado de gracioso—. Pero deberías darle esa charlita también al equipo de enfermeros, ¿no crees?
—Se lo diré a Carlota… —suspiró el mayor.
—Solo una última cosa, ¿sabes cómo se llama? Está buenísimo.
—Benjamín, por favor…
—Joder, ¡que no me llames Benjamín! Te he dicho mil veces que me llames Benji.
—Te llamaré como me dé la gana, que para algo soy tu tutor.
— Te llamaré como me dé la gana —repitió, imitando su tono de voz.
Leo se cruzó de brazos y le lanzó una mirada desafiante.
—Tú eres consciente de que tu nota depende de mí, ¿no?
Benji solo asintió, altivo, disfrutando del momento. Empezaba a gustarle eso de sacarle de quicio.
—¿Y te atreves a hablarme así? —preguntó Leo incrédulo.
—¿Me vas a decir cómo se llama o no?
—Que no lo sé, joder —contestó harto y en un tono que pocas veces usaba—. Vamos a la sala de trabajo, que no tengo aquí la analítica.
—Bueno, pues ya le preguntaré a quien sea…
—Benji lo vio cerrar la carpeta de golpe y empezar a caminar sin mirarlo.
Lo siguió a paso apresurado—. Es guapo, ¿verdad?
—intentó provocarlo, pero Leo no contestó.
Mantenía su mirada al frente—. ¿Y tú estás con alguien?
—no venía a cuento la pregunta, pero no pudo evitar soltarlo.
—No.
—Me habían dicho que sí.
—Estoy divorciado —contestó Leo al instante.
Benji intuyó que tanta pregunta le estaba alterando y que estaba tan nervioso que se había delatado dando demasiados detalles.
—Vaya, pues entonces eres joven para ser tutor y también para estar ya divorciado.
—Benjamín, en serio, ¿podemos dejar esta conversación para otro momento?
—preguntó Leo desesperado, conforme entraba en la sala de trabajo y se sentaba frente a un ordenador—.
Vamos a revisar la analítica en el ordenador y así aprovechas para repasar cómo funciona el programa.
Después seguiremos pasando planta. Y se acabaron las conversaciones intrascendentes, ¿ha quedado claro?
Benji comprendió entonces que su oportunidad de indagar más se había esfumado. Suspiró y se dejó caer en una silla.
—Vale… Perdona, Leo. No quería incomodarte —se disculpó de forma sincera.
Leo lo miró a los ojos y Benji percibió un brillo más amable en su mirada. Parecía haber entendido que había dejado las bromas. Que, esta vez, hablaba en serio.
Le mantuvo la mirada fijamente, extasiado. Leo era el tío más guapo que había visto en su vida y la atracción que sentía por él parecía crecer cada vez más sin remedio.
—Sé que me paso a veces y que puedo llegar a ser insoportable, pero espero que tengas paciencia conmigo y no termines odiándome… —intentó bromear.
Y entonces, para su sorpresa, una leve curva se dibujó en las comisuras de los labios de su tutor. El serio y formal doctor Escrivá acababa de dedicarle un esbozo de sonrisa.
Una primera sonrisa que Benji acogió como si de un valioso premio se tratara.