Están lloviendo hombres 3 #2
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«Pero ¿así por la cara? Te da igual todo, ¿verdad?

¡Es tu tutor! ¿Y si le molesta? ¿Y si es un homófobo de mierda?

», respondió Nico, que parecía intentar poner a su amigo en situación, aun sabiendo lo descarado que era con ese tema.

En su día, cuando Benji admitió que le gustaban los hombres, le faltó poco para anunciarlo por megafonía.

«Pues que se joda. Sabes que me resbala lo que piense la gente. A nadie le tiene que importar si me gusta un pito o un coño. Así que se lo voy a decir».

Nico respondió encantado con la situación: «¡Estás loco! Pero me encanta lo loco que estás. Cuéntame luego lo que pasa, ¿vale?».

Justo en ese momento, resonó una grave voz en el pasillo:

—¿Dónde estabas?

Benji guardó el móvil en el bolsillo de su pantalón y se acercó a paso rápido a su tutor.

—Desayunando con los chicos, estábamos esperando a que terminarais… ¿Llego tarde? —preguntó, temiendo haber sido impuntual y que Leo estuviera enfadado. Ya que estaba, también le puso ojitos.

—No, está bien. Sígueme —dijo sin inmutarse, se giró y echó a andar.

Benji aprovechó para peinarse un poco, alisarse la camiseta y colocarse bien el cuello de la bata.

Tenía que estar presentable para su querido tutor.

Minutos después, Benji caminaba por el pasillo junto a Leo, quien le comentaba el caso del siguiente paciente que iban a visitar.

El pobre Benji estaba haciendo un esfuerzo monumental por atender.

La igualdad de altura le permitía observarlo bien: los labios de Leo moviéndose al hablar, la línea firme de su mandíbula, el insinuante vello que podía llegar a advertir a través de los primeros botones desabrochados de su camisa…

Bajó la mirada y pensó en el culo tan bien puesto que tenía el mayor.

Ese culo que ahora no podía admirar bien por culpa de la bata, pero en el que se recreaba cada mañana al llegar y cada fin de jornada al salir.

Definitivamente era el mejor culo que había visto en su vida.

Benji aún se preguntaba cómo podía atraerle tanto una persona de un día para otro. Estaba acostumbrado a ser el perseguido, el deseado, y no a andar babeando detrás de un tío de aquella forma tan descarada. Aun así, sentía que, aunque lo intentara con todas sus fuerzas, no podría dejar de mirarlo.

Le vino a la mente la noticia que había oído en la cafetería y se imaginó a Leo casado con una mujer.

Puaj . No le pegaba nada. Nada de nada. Leo debería estar con un chico joven y sexy, como él.

Reprimió una risita por lo arrogante de su pensamiento.

Sus ojos volaron de nuevo hacia los labios de su tutor y, por un segundo, tuvo una alucinación en la que se lanzaba contra ellos, devorándolo hasta saciarse.

Se le estaba haciendo la boca agua y no era el mejor momento para imaginarse estampándolo contra la pared del pasillo.

—Así que, luego, vamos a ver si está mejor. A ver si podemos darle el alta mañana —dijo Leo, guardando en el bolsillo de la bata las modernas gafas graduadas que usaba para leer—. ¿Alguna pregunta?

—Ninguna —Benji sonrió ampliamente. Y no era mentira: se había enterado de todo.

Estaba entrenado para alegrarse la vista sin perder la profesionalidad.

Vio cómo Leo le lanzaba una escéptica mirada de reojo y alzaba las cejas, pero él seguía pensando en lo sensual que se veía con aquellas gafas.

Maldijo el momento en que se las había quitado.

Pensó que estaría bien montárselo con él, solo con las gafas puestas—. ¿Te pasa algo hoy? Estás muy serio.

Leo se detuvo en seco cuando llegó al puesto de enfermería, sorprendido por la pregunta.

—No me pasa nada. Estoy trabajando, es normal que esté serio —contestó, volviendo la vista a su carpeta para rellenar una solicitud de pruebas.

—Eso no tiene nada que ver. Aunque estés trabajando, seguro que te viene bien sonreír un poco…

—dejó caer Benji en tono meloso, tratando de camelárselo y de hacerle pasar un poquito de vergüenza, pero lo único que recibió por respuesta fue otra escéptica mirada por parte de Leo, fugaz, porque enseguida siguió escribiendo y lo ignoró por completo.

Joder. Esos comentarios, ese tono de voz y esos estudiados movimientos siempre le funcionaban.

Los chicos siempre caían en sus redes. Qué menos que un gesto nervioso o una sonrisita, ¿no?

¿Por qué Leo parecía inmune a sus encantos?

A lo mejor necesitaba un par de copas, o a lo mejor Nico tenía razón y no era gay.

A lo mejor era cierto que solo le gustaban las mujeres.

No, no y no. No podía habérselo imaginado. Era gay o, como mucho, bisexual. Estaba seguro. Su instinto se lo decía, y su instinto nunca fallaba.

—Carlota —Leo llamó a la jefa de enfermeras—. ¿Está Ricardo en su habitación?

—¡No! Se lo acaban de llevar para hacerle la resonancia —contestó la mujer a voces mientras cogía unos guantes y se perdía a paso rápido por una puerta.

—Joder con las prisas… —bufó Leo, y Benji no pudo evitar soltar una risita: le encantaba ese humor de perros que parecía tener siempre.

Le hacía querer quitárselo a polvos—. Bueno, pues iremos más tarde.

Te comento al nuevo de la 523: cetoacidosis diabética.

Ingresó esta madrugada por hiperglucemia con cetosis.

Sigue con fluidos y la insulina en perfusión.

Cuando llegó, tenía la glucemia por encima de 400. Tengo por aquí la analítica…

—¿Y qué tal la gasometría? —se atrevió a preguntar.

Leo alzó la vista un segundo, algo sorprendido.

—Bien visto. Sigue bastante acidótico, iremos repitiendo los controles. No se te da mal, cuando te centras…

Benji sonrió con descaro y su tutor frunció el ceño de forma casi imperceptible, solo un segundo.

Leo volvió a coger sus gafas y el de ojos verdes siguió el movimiento de su mano con admiración. Casi parecía que estuviera yendo a cámara lenta. Justo en el instante en que el moreno se las puso, miró a Benji con intensidad y este se tuvo que morder el labio para no sonreír.

—Leo, ¿cuántos años tienes?

—¿Qué? —el cambio de tema pilló desprevenido al mayor, que frunció el ceño con más fuerza esta vez—. Treinta y cuatro, ¿por?

—Eres joven —se encogió de hombros y trató de disimular—. No sabía que se podía ser tutor tan joven.

—Claro que se puede. Me ofrecí y al jefe le pareció bien. Eres el primer residente que tengo a mi cargo, ten en cuenta que yo terminé la residencia hace tan solo cuatro años.