Están lloviendo hombres 3
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Transcurrieron dos semanas desde que Benji había comenzado su nueva aventura.

Después de acudir a un curso de Urgencias orientado a los nuevos residentes y de recibir información sobre sus turnos de guardia y otras cuestiones, por fin empezó a ejercer como médico junto a su tutor, que era de lo que realmente tenía ganas.

Y esas ganas, obviamente, surgían tanto por el interés profesional como por el personal.

Benji había aprendido muchas cosas: que el personal de enfermería sería su mayor aliado, el significado de algunos simbolitos del programa informático, cómo orientarse en aquel laberinto de hospital…

y cuántas veces al día podía permitirse cruzar la mirada con su tutor sin perder por completo la compostura.

Esos días le habían servido para darse cuenta de que, tal y como sospechaba, Leo era un hombre muy serio en su trabajo. A pesar del tiempo que pasaban juntos, apenas relajaba su expresión y se limitaba a charlar acerca de temas estrictamente profesionales.

Benji había tratado de conquistarlo poniendo en práctica varios de sus trucos infalibles, pero todos habían resultado inútiles ante la indiferencia del mayor.

Aun así, alguna miradita le había pillado, lo que él interpretaba como una señal de interés, y no estaba dispuesto a flaquear.

Sabía que no estaba bien tener ese tipo de deseo hacia una persona que iba a ser su tutor durante cinco años, pero su imaginación estaba más desbordada de lo que querría admitir.

Incluso más de una noche había tenido ciertos sueños que prefería no recordar en horario laboral si no quería que se le notara un problema en los pantalones.

Poco le importaban los sermones que había recibido por parte de Nico e incluso de Juanca, quien fue partícipe de la conversación que mantuvieron el viernes noche en el pub.

Ambos le habían dicho que no se encaprichara de nadie que pudiera traerle problemas luego, pero Benji no sabía parar y, cuando se le metía algo entre ceja y ceja, no paraba hasta conseguirlo.

Tantos chicos habían ido tras él sin tener que mover un dedo que, ahora que uno parecía resistirse, su deseo se había disparado.

Además, empezaba a estar harto de jovencitos —más jovencitos que él— que se le acercaban por su físico y por su aire de seguridad.

Nico tenía razón y sus conquistas solían ser otros twinks , como él; pero, de repente, la idea de ser él quien buscara a un hombre mayor y distinto a lo que estaba acostumbrado le resultaba demasiado atractiva. Casi como un reto.

No lo podía remediar: Leo era insoportablemente guapo.

Aquella mañana, algunos adjuntos se encontraban reunidos con la dirección médica. Los residentes no habían sido invitados, así que aprovecharon para tomar un café.

—¿Algún progreso con Leo? —preguntó Carmen.

Benji, que se había pedido un café solo, muy cargado y con hielo, se sentó frente a ella:

—Bueno, ahí vamos…

—¿Qué pasa? ¿Se hace de rogar? —inquirió, entornando los ojos.

—Bastante… —Benji vio que sus compañeros estaban aún esperando a que les sirvieran en la barra, así que aprovechó que tenían cierta intimidad para confesarle a su reciente amiga, de una vez, lo loco que estaba por el moreno—. Te seré sincero: a veces me cuesta concentrarme cuando estamos solos.

La mirada de Carmen le dejó claro que era tan avispada como ya había imaginado.

—Explícate. Te ruego que me digas si lo que me estoy imaginando es cierto o si tengo que dejar de ver tantas películas.

—Que me pone burrísimo, tía —dijo al fin, provocando que su compañera estallara en carcajadas. Benji se recostó en la silla con su típica pose descarada: las piernas abiertas, un brazo por detrás del respaldo y una media sonrisa chulesca.

—Ya, ya. Algo había notado.

—¿En serio?

—Por tus comentarios o por cómo reaccionabas cuando te hablaba de Leo… Además, tío, eres muy descarado mirándolo —dijo ella. Hizo una pausa mientras le echaba un poco de azúcar a su zumo y movía la cucharilla— . Sinceramente, yo tampoco podría concentrarme. ¿Sabes ya cuántos años tiene?

—No, me ha dado vergüenza preguntarle. Pero de hoy no pasa…

—cogió la taza de café y vertió con cuidado su contenido en el vaso, procurando no liarla como siempre hacía con el experimento del café con hielo—.

¿Sabes? Es la primera vez que me fijo tanto en un tío así.

No es exactamente el tipo de hombre del que suelo colgarme, pero, joder… Me tiene un poco loco.

—¡Ay! ¡Qué emocionante! Espero que me lo cuentes todo , ¿vale? —Carmen tenía los ojos como platos y daba palmaditas como si todo aquello se tratara de un culebrón.

—Exagerada. No creo que haya nada que contar… —Benji vio de reojo que sus compañeros se acercaban y le reveló a la chica sus sospechas en un rápido susurro—. Aunque yo creo que también es maricón.

Carmen volvió a reír a carcajadas y llamó la atención de todos. Benji no pudo evitar imitarla: la risa de su nueva amiga era bastante escandalosa y contagiosa.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Lucas intrigado conforme tomaba asiento.

—Nada, intercambiando impresiones acerca del servicio —ella, que había sido rápida al contestar, le dedicó una mirada de complicidad al de ojos verdes.

—¿Y qué os está pareciendo todo? —preguntó Amanda.

—Bastante bien, parece que hay buen ambiente y eso me gusta —contestó Carmen muy animada—. Y Santi es genial, estoy aprendiendo mucho con él.

—¿Y tú qué tal con Leo, Benji? —Estefi soltó una risita y todos la siguieron.

Benji sonrió. Qué bien. La fama de persona seca que tenía su tutor era conocida por todos.

—Pues también estoy aprendiendo mucho, pero creo que no me lo estoy pasando tan bien como Carmen —bromeó.

—Es que Leo es rarito de cojones —intervino Belén—.

Yo no he tenido mucho trato con él y eso que llevo aquí ya dos años…

Las guardias con él son una fiesta —puso los ojos en blanco y todos se quedaron en silencio, centrados en el desayuno, hasta que la chica habló de nuevo—.

A ver, tengo una duda. ¿Leo siempre ha sido así?

—preguntó a sus compañeros mayores—. Porque cuando yo entré a trabajar ya se había divorciado de la tal Yoli, así que no sé si es que se ha quedado tocado por eso o es que siempre ha sido tan misterioso.

—¿¡Está divorciado!? —exclamó Benji, alzando la voz sin querer.

Carmen le dio un leve puntapié por debajo de la mesa y Benji carraspeó, intentando simular normalidad.

—Desde hace unos cuatro años —explicó Estefi, y se giró hacia Belén—. Y sí, siempre ha sido así… Lo del divorcio no tiene nada que ver con su forma de ser.

Benji miró a Carmen, que lo observaba igualmente impactada por la noticia. Lejos de quedarse con la intriga, decidió seguir preguntando.

—Es un poco joven para estar divorciado ya, ¿no?

—Por lo visto, se casó al año de empezar la residencia y se divorció al terminarla. Yo creo que se precipitaron, por eso duró tan poco la cosa…

Benji empezó a hacer cálculos mentales con esa información.

—¿Y su exmujer es médica? —preguntó Carmen con curiosidad.

—No, qué va. No trabaja aquí. Pero todavía viene de visita de vez en cuando. Algo se traen.

El silencio volvió a la mesa y Benji empezó a procesar mentalmente toda la información que había recibido de golpe, un poco aturdido.

Leo estaba divorciado de una mujer. ¿Así que era cierto que su famoso gaydar había fallado esta vez? O lo que era peor: ¿y si tenía hijos? A lo mejor por eso llegaba tarde a veces. Igual se entretenía porque tenía que vestirlos, prepararles las frutitas y los sándwiches, y dejarlos en la guardería.

¿Le estaba tirando los tejos a un divorciado con críos?

Un sudor frío recorrió su espalda cuando pensó en esa posibilidad y en lo mucho que podría haberse equivocado.

—Benji, tú no te preocupes —dijo Tomás en tono conciliador, seguramente malinterpretando su cara de preocupación y creyendo que sería por el difícil carácter de Leo.

Si él supiera la verdadera razón de su angustia…

—. Yo sí he hablado con él varias veces y no es para tanto.

Esta gente exagera —regañó a sus compañeros con la mirada.

—Gracias, tío —Benji trató de sonreír y, después de que todos iniciaran un tema de conversación completamente distinto, volvió a su café mientras ponía un poco de orden en su cabeza.

Divorciado de una mujer…

Bueno, eso le hacía aún más interesante, pensó.

En menos de dos minutos dejó atrás el pesimismo y le dio la bienvenida a la positividad que siempre lo caracterizaba. Poco le importaba el pasado de Leo. Seguía siendo el tío más increíblemente macizo que había visto en mucho tiempo y una exmujer no iba a conseguir pararle los pies.

Por no mencionar que, para Benji, Leo seguía siendo potencialmente gay.

«Notición: Leo está divorciado. Y de una mujer». Una vez escrito el mensaje, Benji se lo envió a su rubio amigo mientras volvía a la quinta planta para reunirse con su tutor.

Cuando casi estaba llegando, Nico contestó: «¿Quién coño es Leo?».

Puso los ojos en blanco. ¿Acaso no le había dicho mil veces cuál era su nombre?

«El doctor “Noestoybueno”… SE LLAMA LEO».

Nico respondió al vuelo: «Pues explícate mejor, coño… ¡Notición, maricón! Tu teoría se viene abajo».

Benji frunció los labios, pero, de repente, una posible y hermosísima razón se le vino a la cabeza. Quiso besarse a sí mismo en la cara cuando tuvo semejante ocurrencia.

«A lo mejor se divorció porque le van los tíos», escribió.

Claro, ¿cómo no se le había ocurrido antes? Hoy en día esas cosas seguían ocurriendo. No estaba todo perdido, tenía posibilidades. Antes de que el rubio pudiera decir nada, volvió a escribir: «Como encuentre hoy el momento adecuado le voy a soltar que soy gay, a ver qué pasa».