¿Estamos ready? (Somos la séptima 1) Capítulo 32
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Capítulo 32

El plan es sencillo.

O eso parece.

Tan solo cuatro pasos.

Un plan breve, claro y que, en su mayor parte, ha diseñado Fang.

–Siendo gamer se aprende mucho de estrategia –les ha explicado en el audio donde les detalla los pasos a seguir–. Tienes que aprender a ingeniártelas para pasar de nivel si no quieres que te eliminen a la primera.

Y hoy, por fin, ha llegado el día.

La mañana en la que han acordado desenmascarar a Fulgen.

Para conseguirlo, necesitan algo de suerte y que la fuerza –como a los de Star Wars – los acompañe.

Paso 1

Hay que actuar en un espacio en el que estemos solos con él. Si hay más gente alrededor es imposible que nos diga la verdad.

Tras darle muchas vueltas, deciden que lo mejor es elegir como lugar el del mismísimo cuerpo del delito.

Eso es: se encontrarán con Fulgen delante de su coche, aprovechando que, desde el incidente, lo aparca fuera del centro, en el parque que hay a las espaldas del centro cultural situado justo enfrente del Maruja Mallo.

Así que hoy, en cuanto suena el timbre de la última clase, salen corriendo rumbo a ese coche, con la intención de estar allí antes de que llegue su dueño.

–¿Lo lleváis todo? –les pregunta Valeria.

–Pues claro.

–Se va a enterar ese imbécil –se ríe Iago, encantado de que lo que iba a ser un pódcast se haya convertido en un comando libertador.

–Tú contrólate un poco –le avisa Fang–, a ver si nos vas a arruinar el plan con un arrebato de testosterona.

— Tranqui, tía, que yo controlo. Pero no me negaréis que esto es emocionante, ¿no?

Martín asiente y choca los puños con Iago. Él también siente un cosquilleo extraño mientras corren en busca del coche. Solo que esta vez no es de inquietud ni de miedo, sino de ganas y hasta de ilusión. Un cosquilleo que, cuanto más se acerca la siguiente etapa del plan, más fuerte se hace.

Paso 2

Tenemos que cabrearlo desde el principio. Cuanto antes empiece a perder los nervios, mejor. Si queremos que Fulgen confiese, es importante que no pueda controlar la situación, así que hay que pensar en algo que lo saque de quicio nada más vernos.

Iago, después de escuchar el audio de Fang, propuso hacer otro grafiti encima del grafiti, pero su idea no tuvo ningún éxito.

SOMOS LA SÉPTIMA

Dany

Si hacemos eso, le estamos

dando la razón

Iago

No, porque nosotros no hemos sido los que

le pintamos el 7 ese en el coche

Dany

Ya… Pero seríamos

los que le estaríamos pintando

algo ahora

Martín

Y si lo fingimos?

Fang

Eso es!

Iago

***

Valeria

? × 1000

Fang, sin embargo, no necesitaba ninguna explicación más: enseguida entendió en qué consistía la propuesta de Martín.

Y, tal y como él sugirió, los cinco se sitúan al lado del coche de Fulgen, armados de estropajos, cubos y bayetas para ponerse a limpiarlo, con el objetivo de que, cuando él los vea de espaldas, malinterprete la situación y vuelva a insultarlos.

–Oye, que el siete este no se va –se queja Iago, al que su idea de tunear el coche le divertía mucho más que la versión manual del túnel de lavado.

–Eso da lo mismo, tú frota y punto –lo calla Valeria, que hoy se ha prometido que no lo mirará tanto, ni se dejará influir tanto, ni dejará que se note que le gusta taaanto… Tres propósitos en los que, hasta ahora, está teniendo cero unidades de éxito.

Continúan aplicados a la limpieza automovilística hasta que una voz los detiene.

— ¿Qué demonios estáis haciendo?

Ellos no se giran, siguen de espaldas, provocándolo y jugando con la ambigüedad de la situación, en la que Fulgen interpreta justo lo contrario de lo que está sucediendo.

— ¡Salvajes! ¡Que sois unos salvajes!

No reaccionan. Martín está a punto de girarse, pero Iago y Dany se agarran las manos con fuerza para darle ánimos. Están todos juntos en esto y ahora es cuando esa unión importa más que nunca.

–¡Os vais a enterar! ¡Ahora sí que os van a expulsar a los cinco!

Ellos se miran entre sí y asienten.

Ahora.

En este mismo instante empieza la parte más difícil.

Paso 3

Es importantísimo que se crea que tenemos pruebas. Ahí puedo tirar de mis padres, creo. No sé si les gustaría enterarse…, pero cuento con que nadie se lo va a decir, ¿OK? Sin pruebas, Fulgen no hablará, así que tenéis que seguirme la corriente.

A una señal de Valeria, se giran y dejan ver los cubos de agua y los estropajos, así como su intento (frustrado, eso también hay que reconocerlo) de borrar la pintura del coche.

–¿Pero qué…?

Fulgen está tan descolocado que no sabe cómo continuar. Ha creído justo lo que ellos pretendían que creyese, así que ahora se siente atrapado por sus prejuicios y son los de la Séptima quienes le llevan una ventaja inesperada.

–No nos puedes echar porque fuiste tú –lo increpa Valeria, cada vez más cómoda en su papel de portavoz oficial del grupo.

–¿Pero qué dices, niña?

–Digo que fuiste tú quien pinchó las ruedas y grafiteó tu coche.

–¿Te has vuelto loca? ¿Qué quieres? ¿Suspender durante el resto del curso, como tu amiga? –la amenaza al tiempo que señala a Dany con la mirada–. Anda, apartad y no me cabreéis más si no queréis que, además de hablar con Jefatura, hable con la policía. ¿O no sabéis que esto es acoso?

–Solo te estábamos lavando el coche de gratis, tío –bromea Iago, fingiendo una calma que no siente–. ¿Por qué nos vas a denunciar? ¿Por ser buena gente?

— Que os apartéis de una vez.

–Sabemos que fuiste tú porque… –Fang, consciente de que este paso es esencial para saltar al siguiente nivel, busca el modo de que su voz no se haga pequeñita justo ahora, a pesar de lo mucho que la ahoga la responsabilidad.

–No podéis saber algo que no es cierto –se defiende Fulgen, cada vez más agitado.

«Bien –piensa Martín–, eso nos conviene». Y al tiempo que Fang toma de nuevo la palabra, él busca un vídeo en YouTube.

–Pues claro que es cierto. Y… Y… –Fang se dice a sí misma: «Venga, que tú puedes: a la de una, a la de dos y a la de…»–. ¡Está grabado!

–¿Grabado? ¿Qué se supone que está grabado?

Aunque Fulgen mantiene su actitud sarcástica, su seguridad es ligeramente menor que hace unos minutos. La noticia de la posible grabación lo ha alterado y, si teme que haya registros de lo que pasó, es porque la hipótesis de Martín era cierta.

–¿No sabes que hay cámaras en el centro cultural? –continúa Fang–. Pues en ellas se ve cómo entraste en el insti antes que nadie el día del supuesto ataque. Y cómo te encargaste tú mismo de sabotear tu coche.

–Ese vídeo no existe –responde Fulgen, disimulando mal la perplejidad que le provoca todo lo que está oyendo.

–Claro que existe. –Martín alza su móvil y enseña fugazmente un vídeo grabado por una cámara de seguridad callejera en el que se ve un coche al fondo.

–Dame eso.

–No. –Martín se guarda el móvil y busca amparo tras las anchas espaldas de Iago, confiando en que su teléfono no llegue a manos de Fulgen.

Si eso sucediera, descubriría que el vídeo no ha sido más que un mal truco de magia: le ha enseñado una grabación cualquiera que ha encontrado en la red y que no tiene ni la más mínima relación con ellos.

— Es imposible que tengáis nada.

–Al revés. Es muy posible –toma de nuevo la palabra Fang–. Uno de mis padres trabaja en el ayuntamiento y es él quien nos ha conseguido las imágenes de las cámaras del centro cultural.

–¿Tu padre?

–Sí, y viene de camino, además. Va a poner una queja en Jefatura y seguramente una denuncia por… por… por mentir.

Valeria suspira y murmura entre dientes «por difamación», pero evita corregir a Fang.

–Se va a saber todo –lo amenaza Dany, confiando en que si lo acorralan un poco más acabe estallando.

–Eso es: todo. Y ya verás qué risas, entonces sí que nos lo vamos a pasar bien –se suma Iago.

–Lo vamos a poner en el pódcast –añade Martín, mientras Valeria sacude la cabeza en señal de incredulidad. ¿Pero cómo van a poner un vídeo en un pódcast?

–Ese vídeo es ilegal y no se puede poner en ningún sitio.

Vaya, pues con Fulgen ha funcionado. Está tan descompuesto ahora mismo que ha imaginado qué fácil sería que ese vídeo se hiciera público.

–Claro que se puede –responde Iago extremando su chulería–. Lo ponemos mañana mismo, y punto.

Valeria sigue preguntándose dónde se supone que van a ponerlo, pero está claro que eso a Fulgen también le da igual. La existencia de una prueba que lo delata lo ha desestabilizado por completo.

–¡No se puede! ¡No se puede grabar a nadie sin su consentimiento! ¡Ni mucho menos difundirlo!

–¿Y sí se puede acusar a alguien mintiendo? –le replica Valeria.

–¿Es peor eso que inventarse denuncias ridículas y acusarme de ser cosas que no soy? ¿O qué esperabais? ¿Que me quedase quieto mientras me poníais verde?

–¿Y por eso lo hiciste?

–Ese vídeo no prueba nada.

–Ah, ¿no? Pues sales tú –insiste Valeria.

–Diré que es montaje. Que alguien lo ha creado por IA. Y me creerán.

–O sea –improvisa Fang, que cree que ya lo tienen–, que vas a mentir, ¿no?

–Igual que vosotros. Aquí mentimos todos. Solo que algunos, además, tenemos razón. ¡Apartad de una vez!

Paso 4

Sin grabación no hay prueba. Así que lo más importante de todo es que nos aseguremos de grabar todo lo que dice. Nadie nos va a creer si no es él mismo quien lo cuenta.

Fulgen sube en su coche y arranca.

No han conseguido un «sí, lo hice», pero creen que basta escuchar esa grabación con algo de interés y sentido común para concluir que él es el único culpable.

–¿Lo tenéis? –les pregunta Valeria.

Dany y Martín, que se habían ofrecido como voluntarios para grabarlo todo, revisan sus móviles.

–Lo tenemos.

–Pues entonces ya está, ¿no?

Aún deben reunirse con Regina.

Y enseñarle sus grabaciones.

Y contarle lo que acaba de pasar.

Pero ahora mismo están tan satisfechos de lo que acaban de hacer que se aplauden.

Y se vitorean. Y se abrazan.

Y, en ese abrazo, Dany siente algo cuando le toca acercarse a Iago.

Algo que se parece mucho a lo que también ha sentido Valeria.

Algo que ninguno de los tres menciona, pero que saben que es tan real como la euforia que inunda el grupo.

Nadie va a acabar con su Séptima. Y, mucho menos, Fulgen.