¿Estamos ready? (Somos la séptima 1) Capítulo 30
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Capítulo 30

Marc no tiene ni idea de quién lo ha hecho, pero sí tiene muy claro algo:

NO HA SIDO SU SÉPTIMA.

Por su cabeza, mientras Fulgen lo acusa delante de Yassir y Regina en una especie de careo improvisado, solo pasan palabras en mayúsculas y, como las de Martín, llenas de asteriscos, todas igual de airadas, impronunciables y cargadas de razón.

PORQUE NO.

SU SÉPTIMA NO HA ATACADO A NADIE.

–Ponte en mi lugar, Regina –insiste Fulgen, que se ha preparado a conciencia su papel de víctima–. Imagínate que llegas al instituto y ves que alguien no solo te ha pinchado las ruedas del coche, sino que también lo ha grafiteado.

–¿De verdad lo vais a creer? –estalla Marc–. Yassir, por favor, que tú conoces a mi grupo, ¿en serio piensas que son tan tontos como para hacer algo así y además firmarlo?

–Son capaces de eso y de más –responde Fulgen sin mirar a Marc a los ojos–. Por tu culpa. Por envalentonarlos y darles alas.

–Lo único que intento es que aprendan a pensar por sí mismos.

–Pensar por sí mismos no tiene nada que ver con desafiar a todo el mundo cuando les da la gana. Como la protestona esa a la que has convertido en la líder de tu grupito.

Al fin sabe a quién se refiere. Tiene que ser Dany, la revolucionaria oficial de la Séptima.

— Se llama Dany. Y ni es una maleducada ni es la líder de ningún grupito.

–Vamos a calmarnos todos –trata de mediar Yassir–. Así no vamos a llegar a ninguna parte.

–Es que no hay ningún lugar al que llegar, ¿no os dais cuenta? Lo único que quiere Fulgencio es instaurar la censura en el instituto.

–¡Ya estamos otra vez con lo mismo!

–¿Tienes alguna prueba? –lo interroga Regina, que, sorprendentemente, ha permanecido callada hasta ahora.

–Alguna prueba más, querrás decir…

–De momento, Fulgen, no he visto que nos hayas dado ninguna.

–¿Cómo que no? ¿Y ese 7 grafiteado en mi coche?

–Podría ser alguien que quiera incriminarlos.

–Por favor, Regina, no nos montemos películas. Que esto es la vida real, no una serie americana de esas que les comen la cabeza a nuestros alumnos.

–¿Por qué piensas que les comen la cabeza? ¿Son menos listos que tú o qué? –lo provoca Marc, harto de que infravalore a esos jóvenes con los que trabajan cada día.

–Mira, si vas a empezar con el rollito buenista y Mr. Wonderful, olvídame. Yo aquí vengo a educar y a enseñar, no a ir de enrollado, ¿te enteras?

–Sin pruebas –interviene Regina de nuevo–, no hay nada que pueda hacer. Investigaremos lo sucedido y ya os diremos algo.

–¿Pero qué se supone que vais a investigar? ¿No os dais cuenta de que todo es culpa de este y de su secta, que me la tienen jurada por decir verdades?

–Tus verdades –matiza Yassir–, como solo son tuyas, lo mismo ni siquiera lo son.

Marc lo mira con una mezcla de complicidad y confusión. Complicidad, porque le ha gustado que haya intervenido para ponerse de su lado. Confusión, porque le ha llevado un par de segundos descifrar su trabalenguas.

–¿Me estás acusando de mentir, Yassir?

— Te estoy pidiendo que no acuses a nadie sin pruebas.

–Insisto –sentencia Regina, que no está dispuesta a que su despacho se convierta en un campo de batalla–: lo vamos a investigar y, tan pronto como tengamos una respuesta, se sancionará a los responsables.

Fulgen sale dando un fuerte portazo y Marc mira agradecido a Regina y a Yassir, pues no tenía demasiadas esperanzas de que se pusieran de su lado.

–Odio pedirte esto –admite Regina–, pero vas a tener que hablar con tu grupo. Si han sido ellos, ya sabes cuál será la consecuencia…

–No lo han sido.

–Eso espero… De verdad que lo espero.

Yassir mira a Marc tratando de transmitirle ánimos y él se despide de ambos llevándose consigo una nube negra encima que le resulta completamente injusta.

¡Con lo bien que iba todo!

No alberga ninguna duda de que la Séptima no es responsable de lo sucedido, pero, hasta que hayan dado con el responsable, esa sospecha –igual que la nube sobre su cabeza– continuará persiguiéndolos.

Así que reúne al grupo y les pide que extremen la atención.

–Ojos y oídos abiertos –les insiste–: cualquier cosa que nos ayude a dar con el culpable nos vendrá bien.

–Nosotros no hemos sido, profe –se defiende Iago, que no soporta la idea de que lo acusen de algo que no ha hecho–. Ese tío es un borde y nos tiene manía desde el principio.

–Lo sé, Iago, lo sé. Por eso mismo os estoy pidiendo que me ayudéis a demostrarlo.

–Es que esto no va así, ¿eh? –protesta Dany–. Se supone que hay que demostrar que alguien es culpable, no que alguien es inocente.

–También lo sé…

Marc se encoge de hombros y decide dejarse de charlas motivacionales para hablarles con toda franqueza.

–Mirad, es injusto. Y odio tener que pedíroslo. Pero no me han dejado otra opción. Fulgen tiene mucha mano en la AFA. Y en la parte rancia del claustro…

–Los chungos –apostilla Iago, que prefiere un término más directo para referirse a ellos.

–Eso –se ríe Marc, que piensa llamarlos así en adelante–, los chungos.

Pues para que se callen y nos dejen en paz necesito demostrar que no hemos sido otros quienes le hemos destrozado el coche.

¿Que es injusto? Sí. Pero las cosas no siempre son justas.

Y lo único realmente injusto aquí sería rendirnos, ¿no os parece?

Todos asienten. También Valeria, que se ha quedado atrapada en ese «las cosas no siempre son justas», porque el silencio que recibe de Salma y Luna, tanto en clase como en su móvil, donde han decidido hacerle ghosting , le parece un castigo excesivo para su error.

Que sí, que metió la pata, pero son muchos años de amistad como para tirarlo todo por la borda, ¿no?

— Ayudadme, por favor — les pide Marc — . Ayudadme a que la Séptima no se hunda definitivamente. No nos lo merecemos.

–Cuenta con ello, Marc –responde Martín con un tono decidido que los sorprende a todos.

Y Marc, consciente de que esa voz tiene un valor especial, le sonríe. Porque no sabe si lograrán frenar a Fulgen y su cruzada contra la Séptima, pero le emociona sentir que se ha ganado la confianza de esos cinco adolescentes por los que está dispuesto a luchar todo lo que haga falta.