Capítulo 28
Dany: Hoy tenemos una primicia.
Valeria: ¡Y qué primicia!
Iago: Lo vais a flipar.
Fang: Si es que estamos en nuestro prime , ¿o no, Martín?
Martín: ¡Obvio!
Han servido.
Ese es el comentario de la mayoría de sus compañeros: que han servido.
Nadie daba un duro por un pódcast que empezó hablando del manido tema de las vacaciones y que se ganó la cancelación más rápida de la historia.
Pero, de repente, se convierten no solo en noticia en el insti, ¡sino también en todo el país! Y es que el audio que les consiguió Esther no era un simple saludo de TYZ para la gente del Maruja Mallo.
Qué va.
El audio de TYZ era bastante más potente.
A ellos mismos les costó creer que lo que estaban oyendo fuera real: ¿un grupo de fama internacional dando la noticia de su próximo lanzamiento en un pódcast escolar? ¿Contando en primicia el título de su nuevo álbum? Imposible.
Eso, desde luego, es lo que habría respondido cualquiera de la Séptima si les hubieran preguntado.
Pero no contaban con que uno de los motivos que han convertido a TYZ en un fenómeno de moda consiste en su inteligencia a la hora de manejar la publicidad. ¿Y qué mejor autopromoción que ofrecer una exclusiva de ese calibre a un humilde pódcast escolar?
Con esa estrategia, aparentemente desinteresada, han conseguido un doble titular.
Porque la noticia ya no es solo su nuevo lanzamiento, sino también el hecho de que se lo hayan contado, antes que a la prensa especializada, a un grupo de adolescentes que solo buscaban un saludo para sus compañeros de clase.
El Maruja Mallo ha pasado de ser un instituto más a convertirse, por unos días, en EL instituto.
Periodistas, cámaras, fotos y hasta algún reportaje de algún canal local que, por supuesto, ha protagonizado Regina, deseosa de hacer hincapié en cuánto y con qué pasión (ejem) ha defendido siempre el pódcast.
Marc ni siquiera se ha molestado en pedir que lo entrevisten a él.
Para qué. Hace años que huyó de los micrófonos y no le apetece que husmeen en su pasado.
Por si acaso… Además, tampoco extraña esa mínima popularidad que Regina, sin embargo, sí disfruta, a pesar de que ese espejismo de fama se esfumará en cuanto surja otra noticia más jugosa.
Aunque no todos en el centro comparten el mismo entusiasmo.
Hay quienes, como Emma, la profesora pluscuamperfecta de Educación física, ven peligrar su corona en el reino de las extraescolares.
Quienes, como Luna y Salma, sospechan que Valeria no fue sincera con ellas. ¿Seguro que no tenía más invitaciones o se las dio a quienes no debía? Porque después de escuchar con atención el pódcast, aunque nadie lo diga a las claras, tienen la impresión de que todos ellos asistieron al concierto.
Y también hay quienes, como el padre de Iago, temen que su hijo esté perdiendo el tiempo en «estupideces» (transcripción literal de sus palabras) en vez de dedicarse a entrenar todas las tardes «como Dios manda» (redoble de literalidad).
Pero si hay alguien que no se ha sumado al «habéis servido», ni al «habéis triunfado», ni al «habéis devorado» con el que la mayoría de los compañeros de la Séptima ha celebrado su trabajo, ese alguien es Fulgen.
Sobre todo, después de que algunos medios se hayan enterado de la existencia de un episodio censurado.
Del escándalo que se había organizado a causa de un programa anterior en el que se denunciaba la conducta inadecuada de un profesor y de cómo el centro había cerrado filas en torno a él, en vez de apoyar a sus estudiantes.
Regina, que estaba empezando a cogerle el gusto a su nuevo estatus de estrella mediática, se ha encargado de responder las preguntas más incómodas sobre el tema y, al darse cuenta de que corría el riesgo de que la historia creciese, ha puesto fin a cualquier clase de entrevista o reportaje con la excusa de que la presencia de micrófonos y cámaras altera demasiado la vida en el centro.
Eso también es cierto, se dice, aunque está convencida de que, si hubiera respondido un par de entrevistas más, le habría llegado alguna oferta para ejercer de tertuliana televisiva.
Porque ella vale para eso, e incluso se pregunta si no debería sugerirle a Marc que le deje una sección fija en el pódcast. Algo así como Regina opina , o Regina habla , o Simplemente Regina .
Sí, sí, sí, eso es: Simplemente Regina .
Fulgen, sin embargo, vive este inesperado éxito de la Séptima como una nueva amenaza en su contra. Y así se lo hace notar a Marc cada vez que se cruzan en el pasillo, dedicándole miradas de odio indisimulado y soltando frases que tienen poco de crípticas y mucho de amenazantes:
«No creas que te vas a salir con la tuya».
«Ándate con mucho ojo».
«Quien ríe el último ríe mejor».
Todas ellas acompañadas de un tono más o menos borde según el momento de la mañana en el que se encuentren.
–Me tiene frito… –se sincera Marc con Yassir, al que se ha encontrado casualmente en la cafetería.
Lo de casualmente quiere decir que Marc ha estado asomándose a la cafetería al final de cada una de sus clases hasta que ha visto entrar allí a Yassir y, en ese momento, también casualmente se ha colocado en un taburete a su lado para contarle lo harto que está de Fulgen y de sus frases de villano de peli de Marvel.
O peor: de peli mala que imita las pelis de Marvel.
–Pasa de él –le aconseja Yassir–. No está acostumbrado a que le lleven la contraria… Y le viene bien que alguien lo haya hecho. Es más, deberías estar orgulloso.
–De mí, no sé. Pero de mi Séptima, te aseguro que sí.
–¿Tu Séptima? –Yassir se ríe y Marc se da cuenta de que es la primera vez que los llama así en público.
–Por cierto…
–¿Sí?
–Que lo siento… Lo de aquella tarde… Creo que me pasé un poco. Pero es que esto me importa, ¿sabes? Me importa mucho.
–Ya… Yo también lo siento… No fue nuestro mejor momento, la verdad.
–No…
— Pues nada, habrá que quedar otra vez para compensar, ¿no te parece?
Marc no sabe si se lo ha imaginado.
Sí, quizá, sí.
Quizá se ha inventado que Yassir lo ha mirado a los ojos, que le ha sonreído y que ha acercado su mano a las suyas, en la barra, sin llegar a tocarlas, pero casi rozándolas.
Se lo ha inventado, claro.
Pero ese invento hace que salga del instituto y se suba en el metro con el corazón caliente, abrigado por un gesto que tal vez no haya sido real, pero que él ha vivido como si lo fuera.