Capítulo 26
A Ginés le gusta que vaya al concierto.
A su padre le gusta que vaya al concierto.
A su madre le gusta mucho que vaya al concierto.
Y hasta su abuela, a la que también se lo ha contado, dice que le gusta que vaya a un concierto.
Martín a veces se siente como si su vida fuera una publicación en TikTok o en Instagram en busca de los likes de su familia. Y de su terapeuta, al que ha llegado a ver tan a menudo que ya considera parte de ella.
Si le da rabia contarles cosas como que se va a ver a TYZ con sus amigos (¿puede ya llamarlos así?) es porque enseguida hacen de eso un mundo.
Entiende el porqué, de verdad, pues claro que lo entiende.
Además, Martín tiene muchísima paciencia con los adultos y sus cosas, pero no puede sentir que su vida es normal si no se lo permiten, si continúan convirtiendo cualquier situación en algo extraordinario o si aplauden –sí, porque su padre ha aplaudido cuando él les da una noticia que ellos viven como un avance.
Al mirar su cuaderno, diría que sí, que esos avances están sucediendo, sobre todo si compara los dibujos de hace exactamente un año, con los dibujos de esta semana, donde a veces se olvida de que, dentro de él, debajo del Martín de ahora, aún está el Martín de antes.
Ese que estuvo a punto de no encontrar las fuerzas para querer seguir adelante.
Iago
Estás?
Martín
Iago
Mira que eres vago para escribir, Velázquez
Martín
Bajo!
Al salir de casa, evita mirar a sus padres (y a su abuela, que desde que la memoria le ha empezado a fallar vive con ellos), porque teme encontrarse ese gesto de «pero qué bien lo está haciendo mi niño» que aún usan con él, como si, en vez de doce años, tuviera siete.
Se despide deprisa y corre a encontrarse con Iago, que lo espera en su portal para ir juntos hasta el lugar donde han quedado con el resto y en el que los recoge Esther, la madre de Valeria, para llevarlos en la furgo familiar hasta el estadio donde TYZ da el concierto.
La idea de quedar para ir todos juntos ha sido de Iago y, a pesar de que Martín no cree que contar con él de guardaespaldas sea una solución definitiva, la verdad es que siente bastante alivio al saber que no tendrá que cruzar el parque él solo.
Mientras Iago camine a su lado, sabe que los ******** no lo atacarán. Pero necesita una certeza mayor que esa. Una solución que no exija la presencia de una tercera persona. Y mucho menos, la de alguien tan cambiante como, hasta ahora, parece ser Iago.
Los dos llegan a la hora acordada al punto de encuentro, en el que también los esperan Dany y Fang. La impaciencia ha extremado la puntualidad del grupo, que solo espera a que Valeria aparezca con su madre para llevarlos al que es, según dicen en todas las redes, el concierto más esperado del año .
–¡Subid, que nos vamos! –les grita Valeria desde la ventanilla, sentada en el puesto de copilota.
Todos se abalanzan sobre la furgoneta y ocupan sus asientos, ansiosos por llegar, mientras que Esther, feliz de ejercer un protagonismo poco habitual en la vida de su hija, sube el volumen de la música para que canten a voz en grito la versión de «This Is Me» con la que TYZ está pegando fuerte en todas las listas de éxitos.
Esther piensa que podría aprovechar el camino para contarles su conversación de hoy con la cantante del grupo.
O para describirles cómo fue la primera vez que los entrevistó, cuando apenas eran conocidos.
O para presumir de su trabajo gracias a cualquier otra anécdota curiosa que, seguro, les llamaría la atención y hasta la haría quedar como una madre moderna, informada y enrolladísima.
Pero duda que a Valeria le gustase ese arrebato estelar y teme que, si se convierte en el centro de una noche que no es la suya –sino la de ellos–, su hija deje de pedirle favores como este, con el que ha tenido una excusa para llamarla en los días en los que está con su padre y hasta para demostrarle que ni a ella ni a Xoel les molesta que les pida ayuda.
Lo que sí hace, antes de llegar al estadio, es invitar a Valeria para que sea ella misma la que les dé a sus compañeros la buena noticia.
–Vale, ¿no tienes nada que decirles?
–Pues que lo tenemos.
–¿El qué tenemos? –pregunta Dany, impaciente por saber más.
–El audio de TYZ.
–¡Qué pasada! –se alegra Fang, que está convencida de que esa sí que es una buena exclusiva para su pódcast.
–Y aún hay más… –les anuncia Esther, mirando a su hija.
–¿Más? –pregunta Martín.
–Sí… –continúa Valeria–. Nos van a dejar saludarlos en el backstage al final del concierto.
– No way! –reacciona Iago, al que le cuesta creer que vaya a conocer esta noche a su grupo favorito.
–Sí way , sí –se ríe Esther–, no nos dejan más que cinco minutos, el tiempo justo para que los saludéis, os hagáis un selfi y lloremos todos de la emoción.
–Yo no lloro –se recompone Iago, casi arrepentido de haberse excedido en su espontaneidad–. Pero el selfi sí que lo quiero.
–Pues yo sí que pienso llorar –asegura Dany–. Muchísimo. En cuanto los vea, vamos.
Valeria, aunque no lo dice en voz alta, le agradece a su madre que se lo haya currado tanto como para que esta noche vayan a vivir la que promete ser una de las mejores experiencias de su vida.
Está tan contenta de que sea así que hasta podría consentir que la llamase Vale unas cuantas veces más, como cuando era pequeña y todo estaba en su sitio, y los días parecían más fáciles, y su vida era una sola casa, y una sola familia, y nadie le había pedido que eligiera porque no era necesario elegir.
Hoy esa niña y ese lugar único quedan lejos, pero la alegría de ver a sus amigos tan contentos se parece mucho a la felicidad de ese lugar y de esa niña.
DIVINAS FOREVER
Luna
Acuérdate de nosotras esta noche, tía!
Salma
Suertuda!!!
Luna
Pásalo genial
Lástima que esa alegría se vea empañada por unos mensajes a los que no sabe cómo responder y que llegan justo cuando su madre aparca y todos bajan corriendo para sumarse a la cola que ya da la vuelta al estadio.
Dos mensajes que le recuerdan que esta noche tan especial ha nacido, en parte, de una mentira. Necesaria, sí, pero mentira.
Valeria
Ya os estoy echando de menos