¿Estamos ready? (Somos la séptima 1) Capítulo 25
73%

Capítulo 25

–Al final te has salido con la tuya.

Marc interpreta la sonrisa de Fulgen, con quien acaba de cruzarse en la cafetería del instituto, como una amenaza.

La suya no es una felicitación elegante. Ni sincera. Ni mínimamente deportiva.

Es la enhorabuena hipócrita de quienes no saben admitir una derrota.

–Ya veremos cuánto tiempo tardan en arruinarlo tus chicos otra vez… Conociendo a su líder, no creo que sea mucho.

Le intriga saber a quién se refiere Fulgen cuando habla de su líder.

Lo que resulta evidente es que, sea quien sea, no se lo piensa poner fácil y Marc se siente algo culpable por ello.

¿Y si está perjudicando a su Séptima sin darse cuenta?

¿Y si los está arrastrando a una actividad que los expone demasiado y les puede granjear enemistades u obstáculos indeseados?

Que exista esa posibilidad no le sorprende.

Al contrario. Solo tiene que echar la vista atrás y pensar en por qué tuvo que cambiar el periodismo por la enseñanza.

Le basta con volver la vista atrás unos años para recordar hasta qué punto alzar la voz tiene consecuencias.

Sobre todo, cuando se alza para decir unas verdades que no todo el mundo está dispuesto a escuchar.

Pero no va a permitir que nada, ni las amenazas veladas de Fulgen ni sus recuerdos del pasado, lo detenga. No piensa dar marcha atrás ni, mucho menos, decepcionar a esa Séptima, cuando hoy lo esperan ansiosos por retomar el taller.

De camino al aula, al pasar por el hall, no puede evitar ladear la cabeza en señal de rechazo al ver cómo han cambiado la ubicación de la bandera arcoíris que, hasta el claustro de la polémica, ondeaba bien orgullosa en el centro.

Ahora, sin embargo, está colgada en un lateral, junto a un tablón de anuncios donde no hay más que publicidad de academias y clases particulares, en un espacio mucho menos visible y, por eso mismo, menos eficaz.

Es un empate técnico, se dice Marc mientras sube al taller con la convicción de que esas voces son más necesarias que nunca.

Si se callan, si no se las oye con fuerza, acabarán escondidas y arrinconadas igual que esa bandera que, cuando hable con Yassir, le preguntará por qué no han dejado dónde estaba.

Para eso, claro, tendrá que encontrar el modo de dirigirse a él y, sobre todo, de controlar sus ganas de que la conversación gire en torno a algo que no sea el Maruja Mallo, aunque todo lo que pasa en el instituto este curso se empeña en alejarlos en vez de acercarlos.

En el taller, ya están todos en sus posiciones. Incluso Iago, cuya presencia le sorprende y alegra por igual.

Marc los saluda sonriente y se pregunta quién será ese o esa líder a quien aludía Fulgen y que, según su querido compañero, será la ruina del pódcast.

Duda entre Valeria –por su carácter responsable y creativo, siempre dispuesta a participar como voluntaria en lo que sea preciso–, Dany –por la fuerza con la que defiende sus principios– o Iago –por el magnetismo que sabe que ejerce sobre su entorno, incluso a pesar de su actitud pasota–, y excluye, únicamente, a Fang y a Martín, a quienes ve más discretos y muy poco interesados en liderar nada ni a nadie.

–Profe, tenemos temazo –anuncia Iago.

Valeria sonríe orgullosa al oír ese «temazo» y Iago, sin esperar a que Marc le pregunte, se pone en pie y corre a la pizarra a escribir el nombre del grupo del que quieren hablar.

Como hay pocas cosas que Marc odie más que sentirse fuera de juego, asiente como si tuviera la más remota idea de lo que significan esas siglas y finge que le parece una idea estupenda dedicar el programa a hablar de TYZ, aunque no tenga muy claro si es una película, un videojuego, una canción o un virus.

Sea lo que sea, nota que su Séptima está emocionada con la idea, así que no duda ni un momento en sumarse al entusiasmo general y les pregunta cómo han pensado organizarse con la esperanza de que eso le permita enterarse de qué es TYZ.

–Como dan un concierto aquí –empieza Dany–, hemos pensado que podemos ir y contarlo luego. La madre de Valeria nos va a conseguir las entradas.

Bien, ahora está claro que no están hablando de un virus, sino de música, piensa Marc.

–Bueno –matiza Valeria, que empieza a agobiarse por culpa de su idea; ¿quién le mandaba a ella proponer nada?–, lo que yo he dicho es que puede intentarlo.

–Lo consigue fijo –la anima Fang, sin darse cuenta de que con eso solo consigue agobiarla más.

— ¿Qué, profe? ¿Mola o no mola?

A Marc le divierte la actitud sorprendentemente positiva de Iago y asiente buscando respuesta en el único que, de momento, no ha abierto la boca.

–¿A ti también te gusta la idea, Martín?

–Sí.

–Pues entonces ya está. ¿Nos ponemos con el guion? Porque de TYZ hay mucho que contar…

–Y tanto, profe –comenta Fang–, y tanto.

Marc asiente, como si tuviera la más remota idea de qué es eso que tienen que contar y se dispone a aprender todo lo que pueda sobre ese grupo-virus-lo-que-sea al que le van a dedicar el primer pódcast de su segunda temporada.

Que ojalá –Marc cruza los dedos mientras lo piensa– sea bastante más larga que la primera.