Capítulo 22
LOS AMOS
Charlie
Iago, te vienes o qué?
Bruno
Venga, bro
Charlie
SOMOS LA SÉPTIMA
Dany
Entonces, quién se viene?
Valeria
Eso, que así sacamos ya las entradas
Martín
Iago?
Un partido.
Una peli.
El problema no es qué plan elegir, porque la verdad es que los dos le molan.
El problema es con quién elegirlo.
El plan 1 (el partido) es el de Bruno y Charlie, sus colegas de siempre, con los que juega desde primaria y de quienes, si le preguntan, diría que son sus mejores amigos.
El plan 2 (la película) es el de esa panda de frikis con los que no termina de encajar y, al mismo tiempo, le llaman lo bastante la atención como para sentir un impulso que no acaba de explicarse y que le hace difícil alejarse de ellos.
La verdad es que, al final, el cumple de Fang no estuvo tan mal.
Y hasta se despidió de Valeria con la sensación de que ella, a pesar de lo diferentes que son, lo miraba de otra manera.
Claro que tal vez eso también se lo esté inventando, porque, aunque nunca se lo ha confesado a Bruno ni a Charlie, devora series y pelis moñas en las que los protas se pelean, se enamoran, se pelean otra vez y se enamoran muy fuerte al final, con la esperanza de que esa, alguna vez, también sea su historia.
Solo que, a ser posible, la prefiere con menos malos rollos y un final feliz asegurado.
LOS AMOS
Bruno
Tío, que te estamos esperando
Charlie
Bruno
Venga, que sin ti nos van a dar una paliza
SOMOS LA SÉPTIMA
Fang
Es a las 7 en el centro comercial, no?
Dany
Mi madre me lleva.
Si a alguien le va bien, lo recogemos
Martín
Si Valeria hubiera intervenido con una pregunta, Iago habría apostado por el plan 2. Eso sí, siempre que la pregunta hubiera sido «Iago, ¿te vienes?», «Iago, ¿te animas?», «Iago, ¿te apuntas?» o cualquier variante que incluyese su nombre y una invitación que no le ha llegado.
Así que, a pesar de sus dudas, al final elige el plan conocido junto a la gente conocida y responde a Bruno y Charlie con unos cuantos para dejarles claro que llegará enseguida.
Nunca sabrá qué habría pasado si hubiera apostado por la peli, pero algo le dice que ese no era el día.
Mejor esperar un poco más… Solo lamenta que el pódcast ya no sea una alternativa, porque después del cumple cree que lo admitirían de nuevo y, quién sabe, quizá ahí sí pudiera conseguir que Valeria lo viera diferente a como imagina que lo ve.
–Iago, tío, ¿estás o no estás?
— ¡Que al final nos ganan!
Bruno y Charlie tienen razón. Su cabeza anda lejos del campo, así que se esfuerza por concentrarse y, tras medio partido desaprovechado, logra acertar un par de veces con la portería rival, anotando dos de esos goles que le han valido la fama entre sus compañeros y que hacen que, de vez en cuando, su padre hasta parezca sentirse algo orgulloso de él.
Aunque ese sentimiento le dure muy poco…
–Menos mal, bro, ya nos tenías preocupados –bromea Charlie después del partido–. Pensábamos que te habían abducido los frikis esos.
Sus amigos se ríen y él, que es consciente de los riesgos de desentonar con la mayoría, también finge hacerlo.
Pero ese «frikis» dicho por ellos dos suena muy diferente del «frikis» cuando lo dice él.
En Charlie suena violento, cargado de un desprecio que la gente de la Séptima no se merece.
En él, sin embargo, Iago siente que suena a extrañeza, a sorpresa ante un grupo que le ha descolocado y sobre el que prefiere no hablar demasiado para evitar más chistecitos incómodos.
–No te han abducido, ¿verdad? –insiste ahora Bruno–. Porque te he visto en los stories de una fiesta donde estaban todos…
Vaya.
Tenía que ocurrir.
Las redes y su absurda manía de revelarlo todo.
–Se te ve muy a gusto con los raros esos –se ríe Charlie mientras mira esos stories con Bruno–. Si parecéis mejores amigos y todos.
–No son mis mejores amigos –se defiende Iago, que no sabe bien de qué o de quién se están riendo exactamente. ¿De los demás? ¿También de él?
–Que ya, tío, que ya… Pero disimulas que te cagas, ¿eh? Si parece tu grupo de toda la vida. A ver si ahora resulta que eres un marginal y no nos habíamos dado cuenta.
Iago se yergue, saca pecho y estira los hombros, ostentando conscientemente su corpulencia física como una barrera ante sus comentarios.
Le suele bastar con ese gesto para amedrentar a quienes tiene enfrente, así que confía en que ese lenguaje corporal sirva para que Charlie y Bruno cambien de tema.
Pero ellos, que son casi tan grandes como él, porque el deporte ha tenido efectos similares en los tres, no se dan por aludidos y siguen mirando esos stories y riéndose de los disfraces, y de las expresiones, y de que Iago estuviera en esa fiesta en lugar de irse con ellos por ahí.
–¡Pero si bailaste y todo! –se ríe Charlie a la vez que le enseña unas imágenes donde aparece cerca de Fang y de Valeria.
–Pues claro, imbécil. Claro que bailé. ¿No ves lo buena que está esa?
De repente, las risas de Bruno y Charlie se convierten en admiración al fijarse en Valeria, que, coinciden, sí que está buena.
–A ver por qué os creéis que les sigo el rollo. Mira…
Iago busca en su móvil una foto que hizo, sin que nadie se diera cuenta, el primer día del taller. Un selfi en el que sacó a toda la Séptima y donde él aparece en primer plano poniendo cara de aburrimiento máximo.
–¿Y esto? –Las risas vuelven una vez más–. ¿Cómo no nos lo habías pasado? Menudo fotón.
–La hice el día que los conocí… Por eso me piré, tíos. Porque no es mi rollo.
–Obvio.
–Pásala al grupo, anda.
–Eso, eso, pásala. Que te monto yo un collage guapo.
— Ey, que no. Que no quiero movidas con nadie.
–Movidas ninguna, Iago. Si es por nosotros, por las risas.
–Pásala, venga.
Se la envía y, nada más recibirla, Charlie propone que se hagan ellos tres otro selfi para juntarlo con el que acaban de recibir.
–«Cuando te lo pasas bien –teclea– y cuando no». Ahí va, nuestro nuevo meme.
–Pues menudo collage , colega. Curradísimo, sí –ironiza Iago, que intenta quitarle importancia a esa foto, que borra nada más llegar a su galería.
–Pero tiene gracia –lo defiende Bruno–. Ya tenemos hasta sticker , colega. Para cuando propongáis un plan chungo uno de los dos.
Y vuelven a reírse.
A Iago, sin embargo, hoy la risa se le atraganta.
Y cuando llega a casa y ve los comentarios sobre la película en el otro grupo de WhatsApp, siente una punzada de arrepentimiento. No sabe si por no haber cogido el plan correcto o por no haber sido del todo sincero en el plan elegido.