¿Estamos ready? (Somos la séptima 1) Capítulo 20
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Capítulo 20

Todo transcurre tan deprisa que Martín no tiene demasiado claro qué ha sucedido antes.

En su cabeza le dan vueltas en forma de remolino todas las emociones que ha vivido en apenas unos minutos.

El miedo, la sorpresa, la angustia, el alivio, la rabia y hasta el agradecimiento.

Si tuviera que dibujarlo, empezaría con unas sombras.

Y después habría un chico intentando esquivarlas.

Pero las sombras lo atraparían.

Y, justo en ese momento, caería un rayo sobre ellas y las sombras se desvanecerían.

No está seguro de si ha sido así ni si ha visto antes a los ******** o a Iago, que pasaba por allí.

Ni si los ******** se han lanzado contra él antes de que Iago apareciera o si él ha surgido como de la nada, como uno de esos deus ex machina de los que les ha hablado Marc en clase de Lengua para explicarles los finales en los que todo se resuelve bien de repente.

Tampoco recuerda bien las palabras. O, más bien, los insultos. Porque, como siempre que tiene que cruzar ese parque a solas, llevaba los auriculares a todo volumen.

Es un truco fácil, incluso puede que algo tonto, pero a él le ayuda a vencer su miedo y a seguir caminando.

Hoy, además, lleva algo que no quiere que nadie le tire al suelo. Tampoco quiere que se lo manchen. Ni, mucho menos, que se lo rompan o pisoteen.

Le ha pasado alguna vez. Y eso es mucho peor que cuando lo zarandean, o cuando le ponen la zancadilla, o cuando le sueltan alguna de esas collejas que, según ellos, «son broma».

Ver sus dibujos en el suelo, tirados en un charco, es una de las imágenes más dolorosas que puede imaginar, así que hoy caminaba muy deprisa y con la música aún más alta para proteger su regalo para Fang.

Por eso, aunque quisiera, no podría recordar qué le han dicho.

Porque, gracias a la música, no los ha oído.

Solo sabe que ha agarrado con todas sus fuerzas la carpeta con su dibujo y que, entre el cuarto y el quinto empujón (no ha llevado bien la cuenta), Iago ha surgido de la nada y se las ha arreglado él solito para tirar a uno de una patada, apartar a otro de un manotazo y asustar al tercero con la amenaza de un puñetazo que, de haberle acertado, lo habría mandado a dos o tres parques más de distancia.

–¿…?

–Espera –le dice Martín, y se quita los auriculares.

–¡Que si estás bien!

–Ahora sí –respira, aliviado.

–Si vuelven a meterse contigo, avísame, ¿OK?

Martín asiente y se pregunta si debe hacer lo que está a punto de hacer…

–¿Te quieres venir?

Iago lo mira sin saber a qué se refiere.

–Al cumple de Fang.

–¿Quién va?

–Todos.

Mientras Iago se lo piensa, Martín se arrepiente de haberlo propuesto: ¿tiene sentido que sea él quien está invitando a un desertor –porque, nos pongamos como nos pongamos, Iago es un desertor– al cumpleaños de otra persona?

Si todavía fuera el suyo…

Pero no: él lo ha invitado a un cumple que no es suyo en una casa que tampoco es la suya.

Por suerte, está convencido de que Iago le va a responder que n…

–Vale.

Un momento, un momento, ¿qué?

–Voy contigo.