¿Estamos ready? (Somos la séptima 1) Capítulo 19
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Capítulo 19

Yassir

Nos vemos a la salida y hablamos?

Marc responde que sí, claro. Y duda qué emoji utilizar para cerrar su mensaje.

¿Una ? Demasiado simple.

¿Una ? Demasiado cursi.

¿Un ? Demasiado evidente.

¿Un ? Demasiado intenso.

¿Una ? Demasiado directo.

¿Un ? Demasiado… polar.

Tras cinco minutos pensando y, por algún motivo que se siente incapaz de explicar, decide que el pingüino es la mejor opción de todas.

Marc

Claro

Cuando imaginaba (porque, admitámoslo, lo ha imaginado más de una vez) que quedaría con Yassir, no contaba con elegir un emoji tan absurdo ni tampoco con que la conversación de su cita (si es que se puede llamar así) tendría un único tema: el pódcast.

En la imaginación de Marc, charlaban un poco de sus vidas y, tras un breve resumen biográfico, pasaban a decirse lo mucho que se gustaban, lo bien que se caían y las ganas que tenían de comerse la boca.

Luego, por supuesto, pasaban de las ganas a la acción.

Pero qué va.

Esta tarde, sentados en una cafetería llena de gente, ruidosa y cero romántica, el único tema de conversación ha sido el mismo con el que se tropieza cada día desde que empezó el curso.

La culpa es suya, por proponerlo.

¿Quién le mandaba?

¿Por qué tenía que complicarse la vida sin motivo?

Lo cierto es que, aunque hoy no se lo vaya a contar a Yassir, sí hay un motivo.

Uno tan importante como para estar dispuesto a asumir las consecuencias de lo que ha hecho su clase (que, a pesar de todo, no le parece tan mal como se ve obligado a fingir).

Un motivo que nace de esos trece años a los que, cuando mira hacia atrás, le cuesta tanto regresar…

–He estado hablando con Regina –empieza Yassir, que no puede haber elegido una manera menos sugerente de comenzar la conversación.

Citar a Regina es el mejor modo de dejar claro que esa tarde (tampoco) va a pasar nada y que el final de película romántica que Marc tiene en la cabeza es un desenlace altamente improbable.

–Le he pedido que escuche otra vez vuestro programa. Sin la parte de Fulgen, claro.

–¿Para?

–Pues para que se diera cuenta de que todo lo demás merecía mucho la pena… Y sí, se ha dado cuenta. Incluso está dispuesta a que lo retoméis… Pero con una condición.

–Un momento. –Marc necesita asimilar lo que acaba de oír. No esperaba recibir una noticia así y le da miedo entenderlo mal, porque lo último que necesita ahora es otra desilusión–. ¿Regina está dispuesta a que lo retomemos?

–Eso me ha dicho.

–¿Pero te lo ha dicho en plan «estoy dispuesta a pensarlo para luego decir que no» o en plan «estoy dispuesta a decir que sí»?

–Creo que me he perdido en algún «dispuesta» –se ríe Yassir–, pero yo juraría que lo ha dicho en plan «estoy dispuesta» a secas.

Ahora es Marc quien sonríe.

No por él (que también), sino por sus cinco de la Séptima.

Desde que pasó, lo miran con expresión triste. Casi culpable. Buscando el modo de pedirle un perdón que él, en realidad, les concedió en cuanto pasó todo.

¿Le molestó que lo ignorasen? Un poco.

¿Y que lo engañasen? Un poco bastante.

¿Y que lo hicieran todo a sus espaldas? Un poco bastante muchísimo, sí.

Pero entiende el motivo… Y una parte de él, de esos trece años a los que no quiere volver pero que alguna vez tendrá que abrir con alguien, sabe que habría actuado igual.

Así que la posibilidad de que haya un happy end inesperado lo hace sonreír casi tanto como ese beso que hoy no va a suceder.

A Marc le gustaría estar más centrado en un solo tema –lo que, además, ayudaría a que este narrador también lo tuviese un poquito más fácil–, pero sus ideas van dando tumbos desde el aula donde graban el pódcast hasta los ojos de Yassir y así no hay manera de que se concentre en nada (ni de contarlo en orden).

Es genial que el pódcast pueda volver, se dice a sí mismo el Marc que está en el aula del taller.

Es imposible que un tío como Yassir se fije en mí, se regaña el Marc que está en la cafetería sentado frente al que considera el chico más guapo del mundo.

–Aún no te he dicho la condición.

Por suerte, Yassir lo arranca de su ensimismamiento y consigue que los dos Marcs se unan en uno solo.

–¿Y me va a gustar?

–Hummm… No sé.

–O sea que sabes que no me va a gustar.

–Trata de no cerrarte, anda. Que no ha sido fácil conseguirlo…

–Ya, pero ese «hummm»…

–Lo que pide Regina es solo un formalismo.

–¿Cuál?

Yassir se aclara la voz (mala señal n.o 1) y aparta ligeramente la mirada (mala señal n.o 2):

–Que le dejéis escuchar el pódcast antes de subirlo.

–¿Estás de broma?

–Solo como medida de…

— Censura.

–Precaución. Para evitar que vuelva a pasar algo como lo del otro día.

–Ya… O para obligarnos a quitar lo que no le guste.

–No os va a obligar a quitar nada.

–Y entonces, ¿para qué quiere oírlo antes de que se emita?

–Ya te lo he dicho, Marc. Para evitar que…

–Regina quiere jugar a ser la Inquisición.

–¿No estás exagerando un poco?

–¿Defender la libertad de expresión es exagerar?

–¿En serio te lo vas a tomar así?

–¿En serio esperabas que no lo hiciera?

Yassir lo mira desconcertado.

Está claro que esta no era la respuesta que había imaginado, ni tampoco la que quería recibir.

Y Marc, que ya no sabe cómo dar marcha atrás ante su vehemencia, se queda callado para no echar más leña al fuego.

Sin embargo, la hoguera ya está prendida, y el malentendido, servido.

–Pensaba que me agradecerías que hubiese intercedido.

–No te he pedido que lo hagas.

–Ah, vale, pues perdón por querer ayudar.

Mal.

Todo mal.

Yassir pide la cuenta y paga antes de que Marc tenga tiempo de decir nada más.

En el fondo, casi lo agradece, porque no tiene claro si habría dicho algo aún peor.

–Piénsatelo y dime algo mañana –le pide Yassir antes de marcharse–. Si es que no, Regina tendrá que buscar a alguien que te sustituya.

Ay… Eso sí que ha dolido.

Entonces, ¿el plan de Regina es seguir adelante con el pódcast sin él?

(Mayúsculas de orgullo herido, por favor).

¿¿¿SIN ÉL???

Marc sale de la cafetería y se mete en el metro completamente derrotado.

Vale que su tarde haya acabado sin beso.

Vale que su peli con Yassir no haya sido una comedia romántica.

Y hasta vale que le impongan un dilema que atenta contra sus principios.

Pero que estén dispuestos a (mayúsculas de cabreo máximo) ROBARLE SU IDEA no.

Eso sí que (mayúsculas de no-puedo-escribir-lo-que-estoy-pensando-porque-sonaría-muy-muy-muy-mal)

NO.