¿Estamos ready? (Somos la séptima 1) Capítulo 16
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Capítulo 16

Hoy a Marc le esperan dos broncas.

Una que va a tener que aguantar en modo pasivo.

Y otra que va a tener que soltar en modo activo.

No sabe cuál de las dos le apetece menos, pero sí que la segunda lo entristece mucho. Sobre todo, después de una tarde en la que creía que, por primera vez, todo iba bien.

Y lo pensaba de verdad mientras escuchaba cómo había quedado el pódcast: ágil, ameno, divertido.

Nada extraordinario, pero lo bastante especial como para que, por fin, el taller tuviera sentido.

Estaba feliz. Casi satisfecho de sí mismo. Y eso no le pasa a menudo. Pero esta vez tenía motivos.

Hasta que sonó algo que no recordaba haber escrito.

Algo que estaba SEGURO –mayúsculas de cabreo igualmente mayúsculo– de no haber escrito.

Es más: algo que había PROHIBIDO –mayúsculas aún más mayúsculas que las anteriores– que escribieran.

Sabía lo que iba a pasar a continuación, así que, para evitarlo, puso su móvil en modo avión.

Y esta mañana, nada más despertar, ahí estaban.

Las trece llamadas perdidas de Yassir.

Las dieciséis de Regina.

Los mensajes (para qué contarlos) en su buzón de voz.

Y el «A LAS 8 EN MI DESPACHO» de la directora que, mayúsculas de indignación aparte, no iba acompañado de un miserable emoji que lo suavizara.

La bronca en modo pasivo: mal rollo 1 – Marc 0

Marc entra cabizbajo en el despacho de Regina. Sabe que, le diga lo que le diga, tiene las de perder.

Piensa un par de argumentos más o menos consistentes con los que defenderse, pero opina que es más inteligente no oponer resistencia y asumir el temporal. Cuanto menos hable, más rápido pasará todo. Y quizá eso le permita seguir al frente del pódcast, si ella no lo fulmina hoy mismo.

–Solo dime una cosa –le pregunta Regina mirándolo fijamente a los ojos.

¿Eso es todo?

¿No le espera una charla infinita sobre su responsabilidad y bla, bla, bla?

¿O es una pregunta trampa?

Sí, tiene que ser eso.

Una pregunta de las que se formulan para que, digas lo que digas, te caiga después un rollo histórico. Mítico, incluso.

–¿El qué, Regina? –se atreve a decir mientras busca, con la mirada, la protección de Yassir, que también está presente en la reunión.

–¿Quién lo ha hecho?

–¿Cómo?

–Dime quién ha sido el responsable de esta idea, le ponemos una sanción ejemplar y listo. No se puede ir difamando a profesores por ahí…

–Bueno… Difamar, lo que se dice difamar, tampoco difaman. No dan ningún nombre…

— ¡No me toques las narices, por favor!

¡No me toques las narices!

Regina da un golpe en la mesa y Marc comprende ahora que la pregunta era mucho menos inocente de lo que parecía.

Ella necesita culpables. Y los va a encontrar. Así que hay dos opciones: que esos culpables sean algunos de sus alumnos o que sea su profesor responsable, y si Marc quiere salvar la cabeza, le toca elegir la primera opción.

–Todos sabemos a quién se refieren –apostilla Regina, que se recoloca en su asiento y se retira el pelo de la cara en un esfuerzo bastante poco exitoso de mantener la calma.

–Es que entonces… –se atreve a insinuar Marc.

–Entonces, ¿qué?

–Que si lo sabemos es porque pasa algo con esa persona, ¿no? Si no, no lo sabríamos…

–¿A ti te gustaría que te insultasen en público? ¿Que todas las familias oyesen algo así? Porque no sé si has visto el número de escuchas…

Lo ha visto, sí.

Pues claro que lo ha visto.

Y no tiene dudas de que el pódcast se ha viralizado en parte porque los de su Séptima lo han mandado a todo aquel al que se les ha ocurrido y, en parte, porque es un chisme demasiado jugoso como para pasar desapercibido .

Nada más llegar esta mañana al Maruja Mallo, ha notado que todos andaban jugando al quién será, aunque nadie parecía tener otro nombre en los labios que no fuera el correcto.

–No me gustaría, Regina –su hilo de voz intenta, sin mucho éxito, volverse algo más grave–, pero, si fuese uno de nuestros alumnos, tampoco me gustaría que me insultaran, ni que me discriminaran, ni que me suspendieran solo por ser crítico. Y eso es lo que él hace.

–Ese debate está fuera de lugar ahora. De lo que se trata aquí es de que no se puede confundir la libertad de expresión con el insulto.

–Regina –la interrumpe Yassir, que intenta aparentar neutralidad a pesar de que su lenguaje corporal lo sitúa durante toda la reunión del lado de Marc–, insultos no hay. Es un mensaje duro y directo, sí, pero no insultan a nadie.

–Me da lo mismo. Quiero los nombres de los responsables. Y los quiero hoy mismo –la directora junta las manos sobre la mesa, entrelazando sus gruesos dedos llenos de anillos– o habrá consecuencias.

La bronca en modo activo: mal rollo 2 – Marc 0

Marc reúne a la Séptima en el recreo.

Nadie se sorprende.

Nadie llega tarde.

Nadie piensa en no asistir y, mucho menos, en mentirle.

Saben lo que han hecho y, aunque las dudas y los remordimientos no les han dejado dormir bien, piensan defenderlo y dar la cara.

Marc tenía una mínima confianza en que nada de eso ocurriera.

En que le mintieran poniéndole un millón de excusas.

O en que no respondieran a su llamada.

O en que no fueran coherentes con lo que han hecho.

Cualquiera de esas tres opciones se lo pondría fácil.

Porque entonces sí podría echarles una bronca y decirles que lo han vendido, que son unos niñatos, que no han estado a la altura de su confianza…

Podría montarles una bronca con un tono casi tan borde como el que Regina ha empleado en su reunión.

Sin embargo, delante de él tiene a cinco jóvenes que no niegan, ni disimulan, ni tampoco se inventan excusas para justificarse.

–Teníamos que hacerlo –es lo primero que le dice Valeria.

–Jo, profe… –se suma Iago, que ve un poco raro que la primera vez que hace algo de lo que se siente orgulloso vayan a castigarlo por ello.

–Todo lo que hemos dicho es verdad –argumenta Fang, que ha encontrado en ese hecho su mejor defensa.

–Había que actuar. –Dany, como Valeria, insiste en lo inevitable y en la obligación como único razonamiento posible.

Y Martín, sin que apenas se oiga, murmura un «lo sentimos» con el que sabe que está hablando por todos.

Marc les hace un gesto para que se callen.

Los cinco obedecen. Serios. Conscientes de que su acción tendrá consecuencias y preguntándose si es justo que así sea.

–Hablaremos de esto más adelante. Pero ahora me tenéis que prometer una cosa.

Todos lo miran con el mismo desconcierto con el que él ha reaccionado a la primera pregunta de Regina.

–Os pregunte quien os pregunte, la idea de incluir eso en el pódcast fue mía. ¿Está claro?

–Es que la idea fue… –intenta hablar Valeria.

–Mía. ¿Me habéis entendido?

Asienten sin acabar de comprender lo que está pasando, y él, que pensaba hablarles de la lealtad, del sentimiento de equipo y de otros tantos valores, prefiere callarse. Porque, de un modo extraño, aunque evidente, siente que ya los tienen.

–Y, ahora, todos a clase.

–Pero…

–A clase.

Nadie intenta decir nada más, y Marc se queda un segundo a solas, convencido de que Regina no dudará en cancelar el pódcast en cuanto él entre en su despacho y se declare culpable.

Su Séptima, en la que tantas esperanzas había depositado, ha terminado.