¿Estamos ready? (Somos la séptima 1) Capítulo 15
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Capítulo 15

Esta vez el guion del pódcast no es tan terrible como el del primero.

Y, aunque todos están convencidos de ajustarse al plan, se preguntan si han elegido bien el programa para hacerlo.

Valeria, que se ha emocionado al escuchar el testimonio que el propio Marc ha grabado para el que han llamado su «episodio arcoíris», está a punto de pedirles que aborten la operación, pero también piensa que es bueno que su mensaje acabe infiltrado en una emisión que sí tendrá audiencia.

Marc, ajeno a lo que planea su Séptima, ha cogido el micro y se ha abierto como no lo había hecho hasta ahora.

Por lo menos, no en una clase. Ni en ninguno de los institutos en los que ha trabajado antes.

Y que a su edad (ese dato no nos lo deja poner aquí; si lo hacemos, nos mata) son ya unos cuantos.

LO DEL MARC

«No sé si importa que haya una bandera arcoíris en el hall.

O un cartel antirracista.

O una pancarta con el puño feminista enmarcado en violeta.

Lo que sé es cómo se crece cuando no hay nada de eso en un hall idéntico.

Cuando tienes doce, trece años y llegas a un lugar donde nadie se ha dado cuenta de que existes.

Y entonces lo que te pasa es que tú también dudas.

Dudas si existes.

O peor: dudas si está bien que existas.

Y, cuando te preguntan quién te gusta, nunca dices el nombre de ese cantante. Ni el de ese actor. Ni el de ese compañero de clase con el que te pones nervioso y que te hace decir tonterías.

Porque, cuando aparece nuestro crush , asumámoslo: todos decimos tonterías.

Tengamos trece años, o treinta, o cincuenta.

Da igual.

Decir tonterías es necesario.

Y hasta bonito.

Y todos tenemos derecho a decir tonterías.

A ponernos nerviosos.

Y a ser como nos dé la gana.

A mí no me lo dijo nadie y tuve episodios muy complicados.

No hablábamos mucho de salud mental en esos años.

O no como ahora.

Y si no hubiera sido por mis padres…

Pero no todo el mundo tiene unos padres así. Ni todas las casas son un lugar seguro.

Por eso el Maruja Mallo sí tiene que serlo.

Eso es lo que dice ese arcoíris.

Que todo está bien.

Y que, seas como seas, todo va a estar bien».

Martín ha estado a punto de saltarse el guion y preguntarle qué fue exactamente lo que le sucedió. Y cómo lo superó. ¿También hubo un Ginés en su caso?

Pero interrumpir no es uno de sus fuertes y, mucho menos, en medio de la grabación de un pódcast, así que se ha limitado a leer las líneas que le correspondían según el guion y que, en este programa, consistían en introducir testimonios de otros estudiantes.

Diez minutos antes de acabar la grabación del programa, Valeria le hace a Fang la señal acordada.

La señal, que consiste en dejar caer un estuche al suelo, no es el colmo de la sofisticación (ni de la sutileza), pero sí resulta lo bastante clara como para que todo el mundo ocupe sus puestos y, también, lo bastante ruidosa como para detener la grabación .

–Lo siento –se disculpa Valeria.

–No pasa nada –la tranquiliza Marc–, es lo bueno de que el pódcast no sea en directo. Aunque, si lo fuera, también tendría arreglo. No imagináis la de cosas que te pasan en la radio…

–¿Pero tú has currado en la radio de verdad? –lo interroga Iago, que al final sí que ha venido al taller.

–Bastante, sí, pero otro día os lo cuento mejor… –le responde con un aire de misterio que provoca la curiosidad del grupo.

–Otro día, otro día –lo imita Iago–, para ti siempre es otro día.

–Profe –arranca por fin Fang, poniendo su peor cara y exagerando una voz entre la enfermedad terminal y la muerte inminente–, no me encuentro bien.

–¿Y eso? –se inquieta Marc.

–No sé…

–¿Me acercas un vaso de agua? –le pide a Valeria, que corre rauda a por él–. ¿Quieres irte a casa? ¿Aviso a tus padres?

¿A una ambulancia? ¿Al ejército? Marc, que se considera un inútil integral para cualquier cuestión relacionada con la vida adulta, sobre todo si tiene que ver con médicos y hospitales, no deja de hacerse preguntas y solo quiere que ella se ponga bien por arte de magia. Algo que sospecha que no va a suceder.

–¿O prefieres esperar aquí a que vengan? Puedes sentarte en un ladito y ya está.

Valeria niega con la cabeza tratando de que Marc no la vea, pero Fang sí; necesitan hacerlo salir del aula. Si no, no podrán colar su grabación.

–Es que me duele mucho la cabeza… –exagera ella–. La cabeza… y la tripa. También. Muchísimo.

–¿Quieres ir al baño?

–No… Necesito tumbarme… Y en Jefatura hay un sofá.

El sofá. Ese lugar que a Marc le provoca pavor solo de pensar en él.

Porque no solo es el sitio en el que se tumban todos los que se sienten mal para ver si se ponen mejor, sino que Regina tuvo la idea de poner una manta a sus pies, por si les entra frío, una manta que debe tener el récord mundial de virus y gérmenes en superficie textil y a la que Marc no se acercaría ni con un palo.

–¿Tan mal estás?

Fang asiente.

–Bueno, pues ve a Jefatura. Espérame allí.

Que no, que eso tampoco le vale…

Fang respira hondo y toma fuerzas para interpretar el papel de su vida.

Se pone en pie, da un paso y finge estar a punto de desmayarse.

Marc, alarmado, corre hacia ella, que siente una punzada de remordimientos por el teatro que le están montando.

–Tranquila, Fang, yo te acompaño. Esperadme aquí, por favor.

Valeria respira aliviada y, en cuanto Marc y Fang salen por la puerta, da la señal al resto para que se pongan en marcha.

Martín se adueña de la mesa de sonido.

Iago vigila la puerta.

Dany prepara la música que han escogido para marcar el corte de sección.

Y Valeria lee el texto que han escrito.

–¿Estamos ready ? –les pregunta Dany.

— ¡Estamos!

Dany pone la música, la deja sonar apenas tres segundos y Valeria, intentando que no se le noten los nervios ni le tiemble la voz, empieza a leer.