Tu recompensa final #2
—¿Lo ves bien? —te pregunto con voz ronca y provocadora—.
¿Ves cómo está mi coño después de que tu amigo me haya follado tan fuerte en tu cama?
Tan abierto… tan lleno todavía de su corrida…
Esto es lo que te excita de verdad, ¿no?
Saber que yo he sido una zorra toda la noche, que me he corrido varias veces con otras pollas dentro de mí mientras tú solo podías mirar desde la esquina.
Tu polla palpita violentamente en el aire, sin que nadie la toque, goteando un hilo continuo de precum que cae al suelo y yo me río bajito al verlo, disfrutando de tu desesperación.
—Pobre cornudo mío… tan desesperado, tan duro, tan humillado…
Pero todavía no vas a correrte porque primero vas a adorarme como merezco y vas a pasar tu lengua por todo lo que otros dejaron dentro de mí…
pero eso vendrá después. Por ahora quédate exactamente así: desnudo, de rodillas, con la cara a centímetros de mi coño usado, respirando mi olor y el de tu amigo, sintiendo cómo tu humillación y tu deseo se mezclan hasta volverte loco.
Me recuesto contra los almohadones con esa sonrisa lenta y dominante que tanto te desarma, abro las piernas obscenamente frente a tu cara y te miro directamente a los ojos.
El semen de tu amigo sigue escurriéndose de mi coño hinchado, brillando bajo la luz del amanecer y tú sigues hay de rodillas, desnudo, con la polla latiendo dolorosamente después de toda una noche de tormento.
—Ahora es tu turno, mi cornudo —te susurro con mi voz ronca y cargada de placer—.
Llevas meses fantaseando con esto, tocándote solo en tu cama mientras leías mis libros, imaginando que eras tú el que lamías mi coño después de que otros me hubieran follado…
Pues aquí lo tienes, real y en tu propia cama así que usa esa lengua y limpia todo lo que otros dejaron dentro de mí.
Te inclinas hacia delante, temblando de anticipación y deseo, y en el momento en que tu lengua toca mis labios hinchados, un gemido escapa de tu garganta mientras lames con devoción enfermiza, recorriendo cada pliegue, hundiendo la lengua lo más profundo posible para sacar todo lo que hay dentro.
Cada trago que das te llena de una humillación tan intensa que te pone aún más duro.
Yo gimo suavemente, agarrándote el pelo con fuerza y apretando tu cara contra mi coño.
—Así… trágatelo todo —te ordeno entre gemidos—. Saborea lo que mi coño ha recibido esta noche mientras tú solo podías mirar… Pues esto es lo que tanto deseabas, ¿verdad? Ser el último, el que limpia y el cornudo que prueba en su propia boca lo que otros disfrutaron en mi cuerpo.
Mis palabras te excitan aún más y tu lengua trabaja sin descanso, lamiendo, succionando, besando mi clítoris hinchado sintiendo cómo mi coño se contrae contra tu boca cada vez que te metes más profundo en el.
El morbo te consume por completo: estás probando la evidencia real de mi infidelidad, de cómo me han follado sin piedad mientras tú sufrías en la esquina y sin embargo, nunca te habías sentido tan excitado en tu vida, pero esto es exactamente lo que llevabas meses imaginando en tus noches solitarias.
Después de varios minutos adorándome con la boca, tiro con fuerza de tu pelo hacia arriba, obligándote a separar los labios de mi coño, a continuación te miro desde arriba con los ojos entrecerrados de placer y te ordeno con mi voz autoritaria:
—Levántate porque ahora quiero chupártela…
Tú obedeces de inmediato, poniéndote de pie frente a mí con tu polla dura, hinchada latiendo. Me arrodillo en el borde de la cama, te miro directamente a los ojos desde abajo y sonrío con esa expresión pícara que tanto te pone…
Agarro tu polla con una mano y empiezo a frotarla contra mis labios entreabiertos, golpeándola suavemente contra mi lengua y mis mejillas, dejando que la saliva se mezcle con tu líquido.
A continuación, te miro fijamente sin apartar la vista mientras la sacudo dándome pequeños golpes con tu propia polla en mi cara.
—Dime que soy una zorra —te exijo con voz baja y cargada, golpeando tu polla contra mi lengua abierta.
Tú respiras agitado y consigues decir entre dientes:
—Eres… una zorra, Lucía.
Sonrío satisfecha y me la meto en mi boca de golpe, tragándola profundamente mientras sigo mirándote a los ojos.
Subo y bajo la cabeza con ritmo lento pero intenso, dejando que sientas cómo mi lengua te la envuelve por completo, rápidamente me separo un momento, jadeando, y vuelvo a darme golpes con tu polla en la cara de nuevo:
—Dime que soy tu zorra favorita… —te susurro antes de tragártela otra vez con más ganas.
—Eres mi zorra favorita… —me repites con la voz rota.
Sigo chupándotela con hambre, alternando entre tragarla hasta el fondo y sacarla para golpearme la cara y la lengua con ella pero mi mirada no abandona la tuya.
—Dime que vas a seguir leyendo todos mis libros… —te ordeno con la voz entrecortada, lamiéndotela entera lentamente.
—Voy a seguir leyendo todos tus libros… —logras decirme entre gemidos.
Vuelvo a metérmela hasta el fondo, chupándotela con fuerza, usando mi mano para pajearte a la vez. Me separo otra vez, con saliva corriendo por mi barbilla, y te golpeo la polla contra mis labios varias veces más, mirándote fijamente.
—Dime que te encanta verme convertida en esto… en tu zorra personal… —te susurro antes de tragártela de nuevo hasta el fondo, aguantando unos segundos con los ojos llorosos pero sin apartar la mirada de los tuyos.
—… me encanta verte convertida en esto… —me repites, completamente entregado.
Sigo chupándotela con devoción, alternando entre tragármela profundo, sacarla y golpearme la cara con ella, obligándote a seguir diciéndome todo tipo de cosas humillantes y excitantes mientras yo gimo de placer al escucharte.
Cada golpe de tu polla contra mis labios, cada vez que te miro a los ojos desde abajo y cada palabra que te obligo a pronunciar te excita más dentro de tu rol.
—Súbete a la cama —te ordeno con voz temblorosa de deseo—. Quiero que me folles ahora y quiero que sientas cómo está mi coño después de toda la noche.
Te arrastras sobre el colchón como en trance y tu cuerpo tiembla de pura anticipación. Te colocas entre mis piernas abiertas y yo te guío con la mano, frotando la cabeza hinchada de tu polla contra mi entrada resbaladiza de mi vagina.
—Mírame a los ojos —te exijo sujetándote la cara—. Quiero verte la cara mientras entras en el coño que otros se han follado delante de ti.
Empujas lentamente y centímetro a centímetro te hundes en mí.
El calor húmedo y extremadamente resbaladizo envuelve tu polla por completo y gimes fuerte al sentir cómo mi coño, todavía abierto y lleno de los restos de otros, te acoge con facilidad.
Es una sensación devastadora: estás follándote el mismo coño que has visto siendo usado toda la noche y cada embestida te recuerda todo lo que has presenciado.
—Fóllame despacio al principio —te ordeno, rodeándote la cintura con las piernas—. Quiero que sientas cada detalle y que sepas que estás dentro de mí después de que tu amigo me haya llenado.
Empiezas a moverte con ritmo profundo, controlado y cada vez que me la metes hasta el fondo sientes la mezcla caliente dentro de mí, la forma en que mi coño te aprieta después de haber sido tan bien follado.
Sientes mis tetas bien de cerca, moviéndose contra tu pecho y en ese momento, te miro fijamente a los ojos mientras follamos susurrándote al oído con voz ronca:
—¿Lo sientes? ¿Sientes cómo estoy todavía llena de él? Esto es lo que llevabas meses deseando… follarme después una noche larga, saber que soy tu escritora favorita y al mismo tiempo la zorra que se abre para otros delante de tus narices.
Aceleras poco a poco, incapaz de contenerte mientras se escucha el sonido húmedo y, obsceno de tu polla entrando y saliendo de mí que resuena en la habitación.
Yo te araño la espalda con las uñas, te beso con hambre, metiendo mi lengua en tu boca para que sigas probando la mezcla de todo lo que ha pasado esta noche y así vez, mis gemidos se vuelven más altos contra tus labios.
—Más fuerte —te exijo jadeando—. Fóllame como si quisieras reclamarme… aunque los dos sepamos que ya no soy solo tuya.
Obedeces, embistiéndome con más fuerza, más profundo mientras que el cabecero de tu cama golpea contra la pared otra vez, pero ahora eres tú el que está dentro de mí y la humillación, el morbo y el placer se mezclan en una tormenta que te tiene al borde del abismo.
Llevas toda la noche deseando exactamente esto: estar dentro de mí después de todo lo que has visto.
Siento que estás a punto de correrte y te aprieto contra mí, clavándote las uñas en el culo.
—Córrete dentro —te ordeno mirándote a los ojos con intensidad absoluta—. Lléname tú también y marca tu lugar después de haber visto cómo otros me marcaban primero.
Eso te rompe por completo y con un gemido largo, profundo y desgarrado te corres con una fuerza brutal, expulsando tu corrida dentro de mí, mezclándote con todo lo anterior mientras que yo siento cada pulsación, cada disparo, y eso me lleva a correrme una última vez alrededor de tu polla, apretándote fuerte mientras tiemblo debajo de ti.
Tras este momento, nos quedamos abrazados durante un largo rato, sudados, exhaustos y todavía conectados y te acaricio el pelo con ternura dominante, besándote la frente, las mejillas y los labios con suavidad.
—Has sido el cornudo perfecto —te susurro contra tu oído—. Mejor de lo que nunca imaginé. Esta noche ha superado todas mis novelas y todas tus fantasías y ahora ya no eres solo mi lector… eres mío cornudo de verdad.
Te quedas tumbado sobre mi pecho, escuchando los latidos de mi corazón mientras el amanecer ilumina completamente la habitación sintiendo a la vez una paz extraña y profunda mezclada con el morbo residual.
Has cruzado la línea, has vivido tu fantasía más oscura y adictiva…
y yo te he llevado de la mano hasta el final.