Esta noche serás mi Cornudo Epílogo Lo que queda cuando me voy
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Epílogo Lo que queda cuando me voy

El amanecer ya entra con fuerza por las cortinas cuando yo empiezo a vestirme en silencio.

Tú sigues tumbado en la cama, exhausto, desnudo y con la mirada perdida en el techo, todavía procesando todo lo que ha pasado esta noche.

El olor a sexo sigue impregnando fuertemente tu habitación, las sábanas están revueltas y manchadas, y tu cuerpo conserva las huellas de todo: sudor seco, algún chupetón que te dejé y esa sensación pesada y caliente entre las piernas después de haberte corrido dentro de mí.

Me pongo el vestido negro lentamente, ajustándolo sobre mi cuerpo, me miro un momento en el espejo de tu habitación para arreglarme el pelo con los dedos y luego me giro hacia ti observándote durante unos segundos con esa sonrisa calmada y dominante que ya forma parte de ti.

—Ha sido una noche memorable —te digo con voz baja pero clara—. Mejor de lo que esperaba y has sido exactamente el cornudo que imaginé que serías.

Me acerco a la cama y me inclino sobre ti, te acaricio la mejilla con el dorso de los dedos, casi con ternura, y te miro fijamente a los ojos.

—Ahora me voy pero no te levantes ni me acompañes a la puerta.

Quiero que te quedes aquí, solo, rodeado del olor de todo lo que pasó anoche y quiero que sientas el vacío de tu casa ahora que ya no estoy, y que pienses en cada detalle de todo lo que hemos vivido esta noche…

y cómo al final te he dejado correrte dentro de mí después de todo.

Te doy un último beso lento y profundo, metiendo mi lengua en tu boca para que pruebes una vez más mi sabor a zorra y cuando me separo de tí, te susurro contra los labios con una sonrisa oscura:

—Esto no fue solo una fantasía cumplida, ha sido el comienzo y a partir de ahora, cuando yo quiera, volveré, o quizás te diga que prepares todo para recibir a alguien más y tú lo harás porque ya no puedes vivir sin esto…

y aunque sepas que en casa me espera mi marido, mi cornudo oficial, el que realmente me pertenece, tú solo eres uno más esta noche… uno muy especial, pero solo uno más.

Me levanto, cojo mi bolso y camino hacia la puerta de la habitación pero antes de salir, me giro una última vez y te miro desde el umbral diciéndote:

—Descansa, mi cornudo y no te limpies todavía… quiero que sientas mi olor y el de otros sobre ti durante todo el día.

Escuchas el paso de mis tacones alejándose y resonando por el pasillo, la puerta principal abriéndose y cerrándose con un clic definitivo y entonces el silencio cae sobre tu casa.

Te quedas solo en la cama, desnudo, con el corazón todavía acelerado y la mente saturada de imágenes.

El olor de mi perfume sigue flotando en el aire, mezclado con el olor a sexo y sientes una mezcla abrumadora de vergüenza profunda, excitación residual, miedo…

y una adicción nueva y peligrosa que ya empieza a crecer dentro de ti.

Sabes que esto no ha terminado y que en cualquier momento volveré a escribirte, o simplemente publicaré mi siguiente libro para que lo devores solo en tu cama, imaginando que todo vuelve a repetirse.

Y lo peor… es que ya estás deseando que publique mi próxima historia lo antes posible porque ahora ya no te basta con leerlas.

Quieres vivirlas.