De nuevo en tu casa #3
De pronto me detengo, me incorporo y camino directamente hacia ti con pasos lentos y provocadores.
Me planto frente a tu silla, te sujeto la cara con firmeza y, sin mediar palabra, te escupo en la boca y en la cara toda la saliva espesa y mezclada que tenía acumulada en la mamada.
Sientes el calor pegajoso resbalando por tu piel, invadiendo tus labios y tu lengua con ese sabor fuerte y salado.
—Saboréalo bien —te susurro mirándote a los ojos con una sonrisa oscura y posesiva—. Quiero que lleves su gusto en la boca mientras yo sigo disfrutando de él.
Sin darte tiempo a recuperarte, me doy la vuelta y regreso a la cama arrodillándome otra vez entre sus piernas para tragarme su polla hasta el fondo de un solo movimiento. Esta vez levanto la mirada hacia él, con los ojos llenos de lujuria, y le digo con voz ronca y necesitada:
—Vamos… agárrame del pelo con fuerza, no seas suave y usa mi boca como merezco.
Tu amigo gime de placer, enreda los dedos en mi cabello con rudeza y comienza a empujar sus caderas hacia arriba, follándome la boca con embestidas más profundas y exigentes.
Los sonidos se vuelven más intensos y húmedos: el chapoteo constante de mi saliva, mis gemidos ahogados vibrando alrededor de su grosor, y el golpeteo suave de su polla chocando contra el fondo de mi garganta.
Mi culo sigue levantado y completamente expuesto hacia ti, moviéndose al compás de las embestidas que recibe mi boca, balanceándose de forma obscena mientras te ofrezco una visión humillante y detallada de cómo me estoy dejando usar por tu colega.
La humillación es tan absoluta que te sientes completamente roto… y sin embargo tu polla se pone más dura que nunca incapaz de hacer otra cosa más que mirar.
Después de varios minutos chupándosela con devoción, me separo con la saliva colgando de mis boca y me tumbo de espaldas en el centro de tu cama, abriendo las piernas obscenamente.
—Fóllame —le digo con mi voz super excitada—. Quiero que me des fuerte mientras él mira.
Él no se hace esperar y se coloca entre mis piernas frotando la cabeza de su polla contra mi coño empapado y empuja de una sola vez, hundiéndose hasta el fondo de mí.
Gimo fuerte, agarrando con fuerza tus sábanas y arrugándolas mientras que el empieza a follarme con embestidas largas y profundas, y con el sonido de su pelvis chocando contra la mía retumbando en la habitación: plap, plap, plap.
Giro la cabeza hacia ti y te hablo entre gemidos:
—¿Ves cómo me llena? ¿Sientes cómo otro me está usando en tu cama? Esto es lo que querías… ver a tu escritora favorita siendo follada como una zorra en tu propia habitación.
Tu amigo acelera el ritmo, agarrándome las caderas con fuerza, follándome sin piedad, cambiando el ángulo para metérmela más profundamente y mis gemidos se vuelven más altos, más descontrolados.
Siento el orgasmo creciendo y, cuando llega, aprieto las sábanas con los puños y me corro con un grito largo y ronco, contrayéndome alrededor de su polla mientras él sigue embistiéndome sin parar.
No me da tregua. Me gira y me pone a cuatro patas, de cara a ti y ahora puedes verlo todo con claridad brutal: mi cara de placer, mis tetas colgando y balanceándose mientras el me tiene agarrada del pelo, tirándome hacia atrás y follándome más fuerte.
—Mírame, cornudo —jadeo mirándote directamente a los ojos—. Mírame cómo me corro otra vez con su polla dentro… ¡Joder, qué bien me folla!
Mi segundo orgasmo llega más intenso, haciéndome temblar entera, gimiendo su nombre entrecortado mientras que el, sigue follándome sin parar, sudando, respirando pesado y con el sonido de sus huevos golpeándome contra mí con cada embestida.
Después de varios minutos en esa posición, me pone boca arriba otra vez, me levanta las piernas apoyándolas sobre sus hombros y ahora me la mete aún más hondo, casi doblándome.
El cabecero de tu cama golpea rítmicamente contra la pared mis gemidos son ahora más constantes y mezclados con palabras sucias dirigidas a ti:
—Esto es lo que nunca vas a darme… mira cómo me abre… cómo me destroza el coño… ¿Estás disfrutando tu fantasía, mi cornudo? ¿Estás a punto de correrte sin tocarte solo con mirar?
Tu amigo empieza a tensarse haciendo que sus embestidas se vuelvan más erráticas y brutales al mismo tiempo mientras que yo aprieto mi coño alrededor de él, para ordeñarlo, susurrándole que se corra dentro de mí.
En ese instante y con un gemido animal me la hunde su polla hasta el fondo y se corre con fuerza, llenándome el interior de su semen espeso, haciendo que sienta cada pulsación y cada disparo dentro de mí mientras que gimo de placer.
Se queda unos segundos enterrado, recuperando el aliento, antes de salir lentamente y un hilo de su semen comienza a escurrirse de mi coño abierto, manchando tus sábanas.
Yo me quedo tumbada en tu cama, sudorosa, con las piernas abiertas y el pecho subiendo y bajando. Miro hacia ti, que sigues sentado en la silla, castigado, con la polla a punto de explotar dentro del pantalón y la cara completamente roja de humillación y excitación.
—Quédate ahí quieto un poco más —te digo con voz satisfecha y dominante, todavía jadeando—. Disfruta la vista de tu cama marcada… porque esta noche todavía no ha terminado del todo…