Esta noche serás mi Cornudo De nuevo en tu casa #2
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De nuevo en tu casa #2

—Siéntate ahí —te ordeno, sin levantar la voz pero con una autoridad que no admite discusión—. Te quiero bien pegadito a la pared y quiero que tengas una vista perfecta de todo, pero sin moverte, sin hablar y mucho menos sin tocarte. o te muevas. Solo mira y siente.

Tú me obedeces en silencio, sentándote en esa triste silla como te indiqué y sentándote con la espalda recta, las manos apoyadas sobre tus piernas y tratando de contener tu respiración ya agitada.

Desde ahí lo ves todo con claridad cruel: tu propia cama grande, yo recostándome contra los almohadones, tu amigo a mi lado mirándome con deseo descarado, y tú reducido a un simple espectador en tu propia habitación.

Me acomodo mejor, abro un poco las piernas y dejo que el vestido se suba hasta la cintura, mostrando el borde de mis bragas aún húmedas mientras que tu amigo no pierde el tiempo y se inclina sobre mí comenzando a besarme el cuello, bajando lentamente hacia mis tetas mientras sus manos recorren mis piernas.

Yo gimo suavemente, pero mis ojos no se apartan de ti.

—Míranos bien —te digo con voz baja y provocadora—.

Este es el capítulo final de todas esas novelas que devorabas solo en tu cama.

Solo que ahora no lo estás imaginando… sino que estás aquí, sentado en esa silla, con la polla dura y el corazón a punto de explotar mientras otro hombre me toca en tus sábanas.

Tu amigo me baja el escote del vestido, sacando mis tetas al aire.

Las agarra con fuerza, las aprieta, las junta mientras me besa, y bajando la boca comienza de nuevo a chupármelas con ganas mientras las disfruta y me las manosea delante de tu cara.

En ese momento extiendo mi mano hacia su entrepierna y empiezo a acariciarlo por encima del pantalón consiguiendo que la erección que ya tiene se marca más claramente.

Tú en cambio, permaneces inmóvil en la silla, con las manos descansando sobre tus muslos, la boca seca y la polla estirándose aún más dentro del pantalón con cada sonido que sale de mi garganta, cada vez que su lengua recorre mi piel, cada movimiento de sus manos grandes apretándome las tetas te golpea directo en el pecho.

Sientes la mezcla d ícelos y humillación dentro dentro de ti, pero también esa excitación extraña y enfermiza que te mantiene clavado al asiento, incapaz de apartar la mirada.

Giro la cabeza hacia ti mientras tu amigo sigue devorando mis tetas, mirándote fijamente a los ojos con esa sonrisa dominante y satisfecha.

—¿Ves cómo me desea? ¿Ves cómo me toca sin pedir permiso? Esto es lo que tanto fantaseaste… y ahora está pasando en tu propia cama mientras que tú solo puedes quedarte ahí, quieto, sentado, sintiendo cómo tu habitación ya no te pertenece del todo esta noche.

Tu amigo gime contra mi piel y me muerde suavemente un pezón, haciendo que yo suelte un gemido más agudo, por lo que respondo metiendo la mano dentro de su pantalón, envolviendo su polla dura y empezando a pajearlo lentamente, con movimientos deliberados para que puedas ver cada detalle desde tu esquina.

El ambiente en la habitación se vuelve más denso, más caliente y sin dejar de mirarte, me pongo de rodillas sobre tu cama y le bajo los pantalones y calzoncillos de un tirón.

Su polla salta libre, gruesa y completamente dura, palpitando frente a mi cara por lo que miro hacia ti una última vez antes de inclinarme y metérmela en la boca con ganas.

El sonido húmedo y obsceno de mis labios deslizándose por su grosor llena tu habitación mientras comienzo a chupársela con movimientos rítmicos, hundiéndola dentro de mi boca húmeda hasta que me roza el fondo de la garganta.

—Mírame —te ordeno entre mamada y mamada, sacándola un segundo para que veas cómo mi saliva brilla en toda su longitud—. Mira cómo se la chupo a tu amigo en tu propia cama.

Tú permaneces clavado en la silla, respirando con dificultad, con la mirada atrapada en la cama como si el mundo entero se hubiera reducido a esa imagen y cada vez que mi cabeza desciende, cada vez que mis labios envuelven su polla y se deslizan hacia abajo, sientes un latido brutal en el pecho.

Tu amigo echa la cabeza hacia atrás, perdido en el placer, y apoya una mano en mi cabeza sujetándome el pelo y guiándome con contención mientras yo sigo entregada, lamiendo y succionando con devoción.

Después de un rato largo y profundo, me separo despacio, con los labios brillantes y un hilo espeso de saliva uniéndome todavía a su polla, me coloco entonces a cuatro patas sobre tu cama, ofreciéndote una vista de mí perfecta mientras él se tumba boca arriba en el centro del colchón.

Desde tu posición la escena es devastadora: estoy completamente expuesta, con el culo levantado y abierto hacia ti, el vestido hecho un desastre alrededor de la cintura y las bragas mojadas a un lado.

Mis tetas cuelgan pesadas, balanceándose con cada movimiento, mientras mi coño hinchado y reluciente queda totalmente a la vista, brillando bajo la luz tenue de la lamparita.

Me inclino hacia delante y vuelvo a tragarme su polla, chupando con hambre renovada, moviendo mi cabeza arriba y abajo con ritmo constante.

Mi trasero se menea ligeramente con cada embestida de mi boca con las nalgas separadas, mostrándote todo: mi entrada mojada, el movimiento de mis caderas, la forma en que mi cuerpo se ofrece mientras mi boca está ocupada dándole placer a tu amigo.