Esta noche serás mi Cornudo Jugando en el reservado #2
61%

Jugando en el reservado #2

El camarero gime bajito contra mi boca y sus manos exploran con más confianza mis tetas mientras que yo me las dejo tocar, arqueándome contra él mientras todo esto está ocurriendo en tiempo real delante de ti, sin que yo te mire ni una sola vez, solo para que sientas el peso absoluto de ser el espectador que paga con su humillación cada segundo de mi placer.

Yo sigo pegada a el, sintiendo como me manosea entera, como explora mi boca con su lengua, mientras con una mano me toda las tetas por dentro del vestido y con la otra me agarra el culo con fuerza delante de tuya, y en ese momento, yo deslizo una mano entre nuestros cuerpos sin romper el beso, bajando directamente a su entrepierna donde noto su polla ya casi dura.

Empiezo a acariciársela por encima de la ropa primero, y acto seguido meto mi mano dentro de su pantalón y comienzo a apretársela con la palma abierta de mi mano, sintiendo cómo late bajo mis dedos mientras él gime contra mi boca y me aprieta más fuerte el culo.

Tú sigues sentado en el sofá del reservado, con la copa casi vacía y nerviosos mientras ves cómo empiezo a pajearlo abiertamente delante de ti, moviendo la mano con ritmo lento pero firme, subiendo y bajando por su longitud a través de la tela, apretando justo en la cabeza cada vez que llego arriba.

El morbo te invade por dentro, una humillación nueva y fresca que se suma a todo lo que has tragado antes, porque estás viendo en tiempo real cómo tu Lucía, la mujer que has convertido en fantasía durante meses, se la está tocando a otro hombre en este reservado VIP, dándole placer con la misma mano que te ha acariciado a ti hace solo un rato, y tú mientras tanto, solo puedes mirar, con la polla dolorosamente dura y el pecho ardiendo de celos y excitación mezclados.

Paro de besarlo un momento, miro al camarero a los ojos con esa sonrisa que tengo y que a ti tanto te desarma y le susurro algo bajo y sucio al oído mientras sigo pajeándolo con más velocidad con mi mano completamente metida dentro su pantalón envolviendo su polla caliente y desnuda con mis dedos, sintiendo la piel suave de su polla y la dureza latiendo contra mi palma.

Él respira agitado, apoya la frente contra la mía y mueve las caderas ligeramente buscando más fricción, y yo acelero el movimiento de mi muñeca, girándola un poco en la cabeza, apretando justo donde sé que le gusta, mientras mi otra mano le agarra la nuca para mantenerlo cerca de mi boca.

Tú sientes cada detalle como una puñalada: el sonido húmedo y rítmico de mi mano trabajando en él, sus gemidos bajos, la forma en que mi cuerpo se arquea contra el suyo mientras el manosea mis tetas con una mano y con la otra me toca el culo, y esa imagen te quema la mente, te hace tragar saliva con fuerza y te hunde más en esa sumisión absoluta, recordándote que eres el cornudo que solo observa, que solo sufre y el que se excita viendo cómo otro hombre recibe lo que tú deseas.

Después de un rato masturbándolo así, con la respiración de los dos cada vez más pesada, me arrodillo lentamente delante de él en el suelo del reservado, sin importarme nada, mirando hacia arriba con esa expresión de control total mientras le bajo los pantalones y los calzoncillos lo suficiente para sacar su polla completamente.

Sin pensar en nada más, me la meto en mi boca de golpe, chupándosela despacio pero con ganas desde la base hasta la punta, girando la lengua alrededor de la cabeza y bajando de nuevo hasta que me llega al fondo de la garganta, gimiendo alrededor de su grosor mientras agarro con la mano en la parte que no me cabe.

El sonido es húmedo y obsceno, el chapoteo de mi saliva mezclándose con sus gemidos más graves, y yo mientras acelerando el ritmo, subiendo y bajando la cabeza con intensidad, mirándolo a él pero sabiendo perfectamente que tú estás ahí sentado, viéndolo todo este espectáculo a menos de dos metros de ti.

Sientes que una gran excitación al contemplar las escena y a su misma vez, la humillación es tan profunda que te cuesta respirar, pero realmente, no puedes apartar los ojos: ves mis labios alrededor de su polla succionándola con fuerza, la saliva brillando en mi barbilla, cómo mis tetas se mueven con cada movimiento de mi cabeza, y el morbo te tiene completamente atrapado, con la copa olvidada en la mano y la mente saturada de celos, excitación y esa devoción enfermiza hacia mí que te impide hacer otra cosa que mirar y sufrir.

Él empieza a tensarse, mientras sus caderas se mueven hacia delante y yo sé que está cerca de correrse, así que yo sigo chupándosela delante tuya con más fuerza, más profundo, gimiendo con mi boca alrededor de él mientras le agarro los huevos con la otra mano, masajeándolos suavemente.

En ese instante, sin aviso y con un gruñido ronco se corre fuerte en mi boca, llenando mi lengua mientras que yo sigo moviendo los labios y la mano para sacarle hasta la última gota, tragando parte pero guardando bastante en la boca.

Yo mientras y aún de rodillas, me levanto despacio, con los labios brillantes y algo hinchados, y me acerco directamente a ti mientras él se sube los pantalones con manos temblorosas y se retira discretamente del reservado para no levantar sospecha y poder continuar rápidamente con su trabajo.

Tú me miras con los ojos muy abiertos, todavía sentado, y yo me siento encima de ti, me acerco, te agarro la cara con una mano firme y me inclino más.

Sin decir una palabra, te escupo directamente en la cara todo lo que me ha dejado en la boca y la mezcla espesa y caliente de su corrida comienza a caer sobre tu mejilla, tu nariz y tus labios, goteando lentamente mientras me miras con esa expresión de humillación absoluta y excitación salvaje sintiendo el calor viscoso resbalando por tu piel, el sabor salado que te llega a la boca cuando abres los labios instintivamente, y la vergüenza te quema la cara entera, pero al mismo tiempo la polla te palpita con fuerza porque soy yo, tu Lucía, quien te marca así y quien te usa como el cornudo que eres.

Te miro desde arriba con una sonrisa satisfecha y dominante, pasando el pulgar por tu mejilla para extender un poco más la corrida por tu cara, y te susurro con voz ronca que esto es lo que mereces esta noche, que sientas en tu propia piel lo que significa ser un cornudo y entregarte completamente a mí.

Te quedas ahí, con la cara manchada del semen de otro, respirando agitado, consumido por el morbo más destructivo y adictivo que has sentido nunca, mientras yo me limpio los labios con el dorso de la mano y me siento de nuevo a tu lado en el sofá, cruzando las piernas y mirándote con esa calma posesiva que te recuerda quién tiene el control absoluto de esta noche.