Jugando en el reservado
La puerta del aseo se abre por fin y yo salgo al pasillo con el vestido todavía algo arrugado, el pelo revuelto, los labios hinchados por los besos y un brillo visible en la comisura de la boca que no me molesto en limpiar del todo.
Tú sigues ahí pegado a la pared del pasillo, quieto, excitado por lo que acabas de presenciar y con la mente hecha un torbellino después de todo lo que has escuchado y visto a través de la rendija.
Me acerco a ti despacio, con pasos deliberados, con olor a sexo y a su colonia todavía pegado a mi piel, me planto delante de ti, tan cerca que sientes el calor que emana de mi cuerpo, y te miro directamente a los ojos con esa expresión dominante y satisfecha que te desarma por completo.
Tú, impulsado por una mezcla de celos, necesidad y sumisión absoluta, me agarras de la cintura con las dos manos, atrayéndome contra ti con más fuerza de la que esperabas, sintiendo bajo tus dedos la tela arrugada del vestido y el calor de mi piel todavía agitada por lo que acaba de pasar.
Yo no me resisto, al contrario, me pego más a tu cuerpo, subo una mano a tu nuca y te regalo un beso profundo, metiendo mi lengua en tu boca sin aviso con un beso largo, húmedo y cargado de intención: Mientras tu sólo sientes mi boca con olor a polla y mi lengua con sabor a semen y con residuos de su corrida que no me había tragado del todo y que ahora, te obligo a probar, empujando mi lengua contra la tuya para que lo saborees bien, para que tragues esa mezcla de mí y de él mientras gimo bajito contra tus labios.
Tú intentas procesarlo, con un shock que te recorre entero, pero no te apartas, al contrario, respondes al beso con una desesperación humillada, tragando lo poco que te doy mientras tus manos aprietan mi cintura con más fuerza, sintiendo cómo ese acto te hunde todavía más en tu rol de cornudo, probando el resultado directo de mi encuentro con otro hombre justo después de que haya ocurrido.
Yo rompo el beso lentamente, dejando un hilo de saliva y de ese sabor entre nosotros, y te miro a los ojos muy de cerca, con la respiración todavía agitada y una sonrisa oscura en los labios susurrándote contra la boca, con voz ronca y baja, que eso que acabas de tragar es lo que el desconocido me ha dejado dentro, que lo he guardado para ti, para que sientas en primera persona lo que significa ser mi cornudo de verdad.
Sientes el sabor persistente en tu lengua, el nudo en el estómago que se aprieta todavía más, la humillación que te quema la cara y al mismo tiempo la erección que no ha bajado ni un segundo, porque el saber que acabo de follar con otro y ahora te beso a ti con su corrida en la boca te hunde más pero a la misma vez, te excita de una forma enfermiza y adictiva.
Tus manos siguen en mi cintura, temblando ligeramente, y yo dejo que me agarres un momento más, disfrutando de cómo te tiembla el cuerpo entero contra el mío, de cómo tu respiración se entrecorta y de la devoción absoluta que leo en tus propios ojos.
Después de ese beso cargado, te cojo de la mano con firmeza y tiro de ti por el pasillo, alejándonos de la zona de los baños y dirigiéndonos hacia una zona VIP más oscura y reservada del club, donde las luces son más tenues, los sofás están separados por cortinas y el ambiente permite una intimidad mayor entre la música amortiguada.
Caminamos juntos entre la gente, yo todavía con el vestido algo descolocado y el sabor de lo que ha pasado fresco en ambos, y tú me sigues con las piernas flojas, la mente completamente saturada por todo lo que acabas de vivir: los sonidos, la imagen a través de la rendija, el beso con su corrida todavía en tu boca mientras que yo siento tu mano sudada en la mía y eso me excita, porque se que estás completamente superado, y que cada paso que damos hacia el reservado te hunde más en esa sumisión que tanto te define.
Llegamos al rincón VIP, un espacio semi-oculto con un sofá amplio y poca luz, y yo te empujo suavemente para que te sientes primero, colocándome después a tu lado muy cerca, cruzando las piernas de forma que el vestido se suba por mis muslos y dejando que mi mano descanse en tu pierna mientras te miro fijamente.
El ambiente en el reservado es más íntimo, la música llega más baja y las cortinas nos dan una falsa sensación de privacidad, pero tú sigues sintiendo el peso de todo lo anterior, el sabor persistente en tu boca, el olor de mi cuerpo mezclado con el de otro, y yo empiezo a hablarte en voz baja y cargada, contándote con todo lujo de detalles cómo ha sido follar con ese desconocido en el baño: la forma en que me penetraba, cómo me agarraba las caderas, los gemidos que soltaba cuando yo apretaba alrededor de él, y sobre todo cómo me ha excitado saber que tú estabas justo fuera, escuchando cada golpe y cada gemido mío.
Te describo cómo me he corrido con él dentro, cómo he sentido su polla latiendo antes de sacármela y metérmela en la boca para tragárselo todo, guardando un poco especialmente para ti en ese beso.
Tú escuchas cada palabra con el pulso acelerado, la humillación y el morbo mezclándose en una tormenta que te tiene completamente entregado a mí, sentado a mi lado en ese reservado oscuro, sabiendo que la noche sigue y que yo controlo absolutamente todo lo que va a pasar a continuación.
En el reservado VIP, con las cortinas semi-cerradas y la luz tenue que apenas nos ilumina, yo sigo sentada muy cerca de ti, con mi mano todavía descansando en tu pierna y sintiendo cómo te tiembla el músculo bajo la tela del pantalón, cuando en ese momento, aparece el camarero trayendo las bebidas que habíamos pedido unos segundos antes.
Es el mismo chico que nos vio en la barra hace un rato, alto, con una camisa negra ajustada y una mirada que ya se nota cargada de curiosidad y deseo.
Me observa directamente mientras deja las copas sobre la mesa baja, deteniéndose un segundo más de la cuenta en mis tetas que se marcan bajo el vestido y en mis labios hinchados, y yo le sostengo la mirada con una sonrisa lenta y provocadora, cruzando las piernas de forma que el vestido se suba un poco más por mis muslos.
Coges la copa con la mano todavía inestable y das un sorbo largo, intentando calmar el nudo que tienes en la garganta, pero el sabor persistente de lo que te hice tragar antes se mezcla con el alcohol y te excita de nuevo, recordándote exactamente dónde ha estado mi boca hace solo unos minutos.
Yo, mientras tanto, le hablo al camarero con voz baja y cargada, preguntándole si lleva mucho rato trabajando esta noche, si ha visto muchas cosas interesantes por el club, y él responde sin apartar los ojos de mí, confesando con una media sonrisa que sí, que me ha visto antes en la barra y que ya se imaginaba que eras de las que no pierden el tiempo, de las que vienen a divertirse de verdad.
Yo me río un poco, me inclino un poco hacia delante para coger mi copa y dejo que mi escote se abra más, sabiendo perfectamente el efecto que causa, mientras le digo que a veces las apariencias engañan pero que en mi caso no, que efectivamente vengo a por lo que me gusta y que no me da vergüenza admitirlo.
El camarero se queda ahí un momento más de lo necesario, con la bandeja vacía en la mano, y en ese momento, me levanto del sofá con un movimiento fluido, me acerco a él hasta que mi cuerpo casi roza el suyo y le pongo una mano en el pecho, sintiendo cómo se le acelera la respiración.
Tú sigues hay sentado, das otro sorbo a tu copa, más largo esta vez, con los ojos muy abiertos y el pulso disparado mientras me ves actuar delante de ti sin ningún filtro.
Ves como levanto mi cara hacia el camarero, le agarro la nuca con la misma mano y lo beso directamente, metiendo mi lengua en su boca con la misma hambre que tenía antes, con un beso profundo y sucio que hace que él suelte la bandeja en la mesa con un ruido sordo y me agarre de la cintura con las dos manos.
En este momento, nuestras lenguas se enredan abiertamente, yo gimo bajito contra sus labios y me pego más a su cuerpo, frotándole mis tetas contra su pecho mientras sus manos bajan hasta mi culo y empieza a apretármelo con fuerza.
Tú sigues sentado en el sofá, con la copa pegada a los labios, dando sorbos cortos y nerviosos mientras ves cómo me enrollo con el camarero justo delante de tus narices en este reservado, a menos de dos metros de ti y sintiendo cada detalle como una puñalada caliente: el sonido húmedo de nuestras bocas, la forma en que mis caderas se mueven contra él, cómo sus dedos se clavan en mi culo y lo aprietan con ganas, y esa humillación nueva y fresca que se suma a todo lo anterior, porque acabas de tragar la corrida de un desconocido y ahora estoy besando a otro hombre delante de ti sin ni siquiera mirarte, como si tu presencia solo sirviera para presenciarlo todo.
El morbo te tiene completamente paralizado con la polla dura presionando tul pantalón y la mente saturada de celos y excitación, incapaz de hacer otra cosa que dar sorbos a tu copa y mirar, sintiendo cómo cada beso mío contra la boca del camarero te hunde más en esa sumisión que te define esta noche.
Rompo el beso un segundo, miro al camarero a los ojos con esa sonrisa pícara que me caracteriza y le susurro algo al oído que le hace apretarme más fuerte contra él, para volver a besarlo con más intensidad, dejando que sus manos suban por mis costados y rocen el borde de mis tetas por encima del vestido.
Tú sigues ahí, sorbiendo de tu copa con la mano temblorosa, tragando saliva entre sorbo y sorbo, con los ojos clavados en la escena y el pecho subiendo y bajando rápidamente, completamente consumido por la visión de tu Lucía enrollándose con otro hombre en el reservado VIP, sabiendo que esto solo es otra capa más de lo que estoy dispuesta a hacerte vivir esta noche.