Ecos tras la puerta #2
Cada segundo que pasa se hace eterno, los sonidos siguen filtrándose —un susurro, un movimiento, otro gemido mío más ronco— y tú te quedas ahí, consumido por la sensación de cornudo humillado, excitado hasta el límite y aterrado al mismo tiempo de lo que viene a continuación, pegado a esa puerta sin poder hacer otra cosa que escuchar y sufrir.
Yo dentro, siento el calor aún más asfixiante y lo empujo contra la pared con más fuerza, besándolo con hambre mientras mis manos bajan directamente a su pantalón, desabrochándolo con dedos seguros y sacando su polla ya dura y caliente, envolviéndola con la mano.
Comiendo a tocársela poco a poco mientras lo beso, y empiezo masturbarlo despacio al principio, sintiendo cómo palpita contra mi palma.
Él gime contra mi boca, me sube el vestido negro hasta la cintura de un tirón y comienza a meterme sus dedos por debajo de mis bragas, encontrándome empapada, acariciándome el clítoris con movimientos circulares que me hacen gemir más alto, un sonido ronco y necesitado que sale de mi garganta y se filtra claramente a través de la puerta.
En ese instante, decido arrodillarme en el suelo del baño sin pensarlo dos veces, lo miro hacia arriba con una sonrisa dominante y acto seguido, me meto su polla en mi boca de golpe, chupándosela con ganas, bajando la cabeza hasta que me llega al fondo de la garganta, subiendo y bajando con ritmo intenso mientras uso la mano en la base, girando la muñeca y gimiendo alrededor de su grosor con un sonido húmedo y obsceno llenando ese espacio tan pequeño y asfixiante de calor.
Tú sigues junto a la puerta con la oreja pegada a la madera, y escuchando mis gemidos que te golpean como descargas directas, reconociendo perfectamente mi voz en cada uno de ellos, sabiendo que estoy de rodillas chupándosela a ese desconocido con la misma boca que te ha hablado tantas noches.
El morbo te consume y se te pone tan dura que duele, sintiendo las piernas flojas, con un sudor corriéndote por la espalda y una humillación tan absoluta de estar ahí fuera, reducido a escuchar cómo tu Lucía se entrega a otro por completo.
Cada sonido que te llega —el chapoteo de mi boca chupándosela, sus gruñidos graves, mis gemidos ahogados— se te clavan más profundo en tu rol de cornudo, que te hace tragar saliva con dificultad y te mantiene clavado ahí sin poder moverte.
Dentro, me levanto después de un rato chupándosela con muchas ganas, me giro dándole la espalda y apoyo mis manos contra la pared, arqueando el culo hacia él mientras me subo el vestido del todo.
Él no pierde el tiempo, y saca de su bolsillo un condón que se intenta poner rápido pero en ese momento decido volver a agacharme y ponérselo yo misma con mi boca..
chupándosela un poco más y sintiendo esa polla tan dura que me llega al fondo de mi garganta mientras noto ese sabor característico del látex.
Me levanto y me giro de nuevo contra la pared y en ese momento me penetra de un empujón firme, llenándome por completo, empezando a follarme con embestidas profundas y fuertes que hacen que mi cuerpo choque contra la pared y que mis gemidos se vuelvan más altos y descontrolados.
“Sí, así… dame más fuerte..”, me oyes desde fuera decir con voz ronca entre gemido y gemido, mientras él acelera el ritmo, agarrándome las caderas con las dos manos, follándome con ganas en ese baño estrecho y yo empujo hacia atrás contra él, sintiendo cada centímetro entrando y saliendo, el placer subiéndome por la columna y escapando en forma de gemidos que resuenan en el pasillo.
Tú escuchas todo con claridad ahora: el golpe rítmico de su cuerpo contra el mío, mis gemidos cada vez más intensos y agudos, el sonido húmedo de la penetración, y sientes que te estás rompiendo por dentro.
La humillación es tan profunda que te cuesta respirar, pero no puedes apartarte de la puerta, porque el morbo te tiene completamente atrapado, imaginando cada detalle, sabiendo que estoy siendo follada por un extraño a solo unos centímetros de ti mientras que tú solo puedes escuchar como el cornudo que eres.
En un preciso momento, mientras él sigue follándome con fuerza y noto que está cerca de correrse, decido abrir ligeramente la puerta del baño, dejando una rendija pequeña pero lo suficiente para que me veas, pero no te dejo entrar, sino que tan solo te regalo esa visión parcial y cruel.
Tú te asomas instintivamente y ves la escena: yo de espaldas contra la pared, el vestido subido, él follándome por detrás con golpes fuertes, y mis tetas rebotando saliéndose del escote y moviéndose con cada embestida que me da.
Nuestras miradas se cruzan un segundo y yo te sonrío con esa expresión dominante y satisfecha, gimiendo más alto solo para ti mientras sigo recibiendo sus embestidas.
Cuando siento que él ya no puede más y está a punto de correrse, me giro rápido, me agacho arrodillándome de nuevo y me meto su polla en la boca con urgencia, chupándosela con fuerza y profundidad, mirándolo a él pero sabiendo que tú estás viendo todo por la rendija.
Él gime fuerte, agarra mi pelo y se corre llenando mi boca mientras me hace tragar todo moviendo mis labios alrededor de su polla, sacándole hasta la última gota de leche, limpiándosela con mi lengua y mostrándote claramente cómo le hago todo esto delante de tus ojos.
Tú contemplas todo este momento exacto, ves mi garganta moviéndose, ves la sonrisa satisfecha en mis labios cuando saco su polla goteando de mi boca y a la vez, mirándote directamente a través de la rendija con esa dominación absoluta que te deja completamente excitado.
El morbo que sientes te tiene quieto, la humillación te da vueltas la cabeza y la certeza de que acabas de ver a tu Lucía tragándose la corrida de un desconocido en un baño del club te hunde más profundamente en tu rol de cornudo que nunca.
Yo mantengo la puerta entreabierta unos segundos más, mirándote fijamente mientras recupero el aliento, dejando que sientas todo el peso de lo que acabas de presenciar, observando como él me da un último beso rápido en los labios y se despide de mí con una sonrisa cómplice desapareciendo entre la gente del club sin mirar atrás dejándome sola mientras me arreglo y me doy unos retoques frente al espejo.