Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 164
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Capítulo 164

—Señorita Ashcroft —dice el susodicho gigante al pasar por mi lado, haciendo un gesto cordial con la cabeza.

—Volkara. Clara Volkara —le corrige Adrien desde la puerta de la cocina.

Socorro. ¿Por qué sigue insistiendo en juntar mi nombre con su apellido? ¡¿Y por qué me gusta tanto?!

Adrien sonríe y a mí me tiemblan las piernas.

—Vuelves a ponerte roja, pequeña bestia.

—No, qué va. —Le doy la espalda sintiendo que voy a explotar.

Anastasia se abotona el traje de exterminadora que alguien le ha abierto y da varios golpecitos en el asiento del sofá para que ocupe el espacio a su lado. Adrien y Varek desaparecen y yo tomo asiento.

—Se me hace raro ponerte cara al fin. —Me muerdo el labio, nerviosa y algo cohibida.

—A mí también.

—¿Cuántos años tienes?

—Treinta y uno.

Siempre tuve la impresión de que tenía más o menos mi edad.

—Yo treinta.

—Sí, lo sé. —Hace una mueca—. Clara, tienes que saber que cuando las cuatro chateábamos online no tenía ni idea de que tú eras… bueno, tú. Varek fue quien unió cabos poco después de que Adrien lo contactara.

Tengo muchas preguntas y todas quieren salir a la vez. Me cuesta hasta coger aire.

—¿Conoces al resto del grupo en persona?

—No, pero me encantaría.

—A mí también.

—No soy muy fan de la gente, más allá de mi familia elegida, pero con vosotras tres siempre me partía de risa. A mi mejor amiga Juls le he hablado mucho de ti.

—¿En serio?

—Ya te digo. Le hubiera encantado venir a conocerte, pero está muy embarazada y no le conviene llevarse sustos.

Además, está casada con un noruego sobreprotector que no se habría apartado de nosotras, así que nos habría cortado un poco el rollo.

Pero en definitiva, las dos sentimos mucho que Kenerick resultara ser un grandísimo hijo de puta.

—¿Cómo sabes tanto de mi vida?

—¿El tatuado con pinta de estar maquinando un asesinato que me estaba comiendo la boca cuando has llegado? Es mi marido. Digamos que no tiene un trabajo normal.

—¿También trabaja en el FBI?

—La verdad es que no. Oye —me coge de la mano—. Estamos aquí para ayudar. Puedes contar con nosotros.

—Gracias. ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro.

—¿Tu marido te ha llamado su Ruina?

—Sí. ¿Tu novio te ha llamado «pequeña bestia»?

—Adrien no es mi novio.

—¿Marido entonces? —Sonríe de forma pilla y hasta le brillan los ojos.

—¡No!

—Vale, vale, lo cojo. Todavía es pronto. —Se muerde el labio inferior y empieza a hablarme de libros en plan metralleta.

Así, como si nada, como si estuviéramos chateando. ¡Como si no estuvieran aquí porque la vida de todas las personas que quiero pende de un hilo!

—Tienes que contarme una cosa, Clara. ¿Al final has conseguido que un enmascarado ponga la cara entre tus piernas?

Los tomates no tienen nada que envidiarle al color de mi cara. Pero asiento.

¿Por qué es mucho más fácil ser yo misma con Adrien que con el resto del mundo? No paro de ponerme roja desde que han llegado, es insufrible.

—Esa es mi chica. MorallyGreyFucker y NoSoyTuMami_OSí estarían muy orgullosas de ti.

—Anastasia, ¿tú sabes dónde estamos?

—Seattle. Supongo que no debería decírtelo, pero las chicas debemos mantenernos unidas. Y Liam en Kentucky. También está bien. Ragnar y Aileen no han tenido ningún susto por el momento.

—¿Cómo lo sabes? —se me llenan los ojos de lágrimas.

—Hay mucha gente que le debe favores a Adrien, bombón, y no todos en el FBI son escoria podrida. Varek ha conocido a algunos muy leales estos últimos años. Van a trabajar desde las sombras y evitar que os maten como Kenerick hizo con tu hija.

Siento cómo la sangre abandona mis venas. Mi garganta se seca convirtiéndose en un desierto árido.

—¿Q-qué?

—Perdona, sé que no debería mencionarlo cuando acabo de conocerte. Pero como mujer me enfurece y como madre, saca mi vena más asesina.

—¿Qué has dicho? —alzo la voz.

Su rostro empieza a perder color. Se le agrandan los ojos hasta que pasan a ocuparle toda la cara. Boquea intentando buscar las palabras correctas, pero no las hay.