Capítulo 165
—C ogieron a Britney, la metieron en una sala de interrogatorios y no la han soltado desde entonces —explica Varek aceptando la cerveza que le ofrezco.
—No me jodas.
—La cosa se ha puesto tensa. David ya se lo dijo a Ragnar en su última comunicación, pero está teniendo problemas para contactar con él.
—¿Y todos los demás?
—No pueden hacer nada, todavía. Hace días que no podemos comunicarnos con ninguno.
—¿Cómo es posible que nadie pueda hacer nada por Britney?
—Lo que estáis intentando hacer de ir contra los altos mandos no es nada fácil, por si no te has dado cuenta ya.
—¿Así que vamos a dejarla morir? —aprieto los puños cuando no responde—. ¿Dónde está la piedra con la sangre de Annabelle y el ADN de Chloe? Ragnar me dijo que la sacó del sótano cuando rebuscaron entre los escombros, pero no me dijo qué hizo con ella y ahora no puedo contactar con él.
—Ese es otro problema. Está en la central.
—¿La prueba de que Kenerick escondió a una asesina en su casa está en manos de los mismos que quieren limpiar el nombre de ese cabrón y cargarle el muerto a Clara?
—En su defensa, Ragnar se la dio a David. Él fue quien la guardó en su taquilla.
—¿En su…? Voy a matar a alguien. En serio, voy a hacerlo.
—Entonces cava tres tumbas, porque Liam y Clara se irán contigo.
—¿Te crees que no lo sé? —me revuelvo, incómodo y rabioso—. Debí hacer las cosas de otra manera.
—No.
—Sí. Debí secuestrar a Clara y a Liam, y traerlos aquí desde un principio.
—Entonces Kenerick seguiría con vida y estaríamos aún más jodidos. Alégrate, la cosa siempre puede empeorar.
—¿Sabes que consuelas de puta pena, Kaelven?
Sonríe y choca su cerveza con la mía para que le dé un trago. Lo hago. Y eso es justo lo que se me indigesta cuando veo a Clara en la entrada de la cocina, con el rostro descompuesto.
—¿Por qué Anastasia ha dicho que Kenerick mató a mi hija?
Le lanzo una mirada asesina a la mujer aterrorizada que ha aparecido tras Clara.
—Lo siento, yo creí que ella lo sabía. Creí… —Anastasia sacude la cabeza sin parar.
—Podemos volver en otro momento. —Varek saca a Anastasia de la cocina y más le vale sacarla de la puta casa para que no la mate.
Mierda, mierda, mierda.
—¡¿Adrien?!
—No hay forma fácil de decirte esto —me acerco a ella despacio—. Por eso he estado retrasándolo. Quería esperar a que tuviéramos un momento a solas para decírtelo.
—¿Decirme qué? —le tiembla la voz y el cuerpo.
—Wilomer llevaba mucho tiempo aliado con Kenerick. Manipulándote. Y cuando digo mucho tiempo, me refiero a años.
—No. No —susurra insistente—. Dime que no.
—Puedes tener hijos, Clara. Los embarazos no son peligrosos para ti.
—¡Sí lo son! —Las lágrimas se desbordan de sus ojos—. ¡Mi cuerpo…! ¡Las carencias de mi cuerpo fueron lo que falló a mi hija! ¡Fue un accidente!
—No. Kenerick te envenenó. Wilomer respaldó sus mentiras.
—No.
—Kenerick fue quien mató a Melisa. Por culpa suya nació muerta. A tu cuerpo no le pasa nada malo.
El grito de Clara al caer de rodillas podría haber roto los cristales porque desde luego, a mí me destroza por dentro.