Capítulo 162
L as puntas de mi pelo gotean después de la ducha.
Adrien acaba de llevar al Pequeño Ayudante de Satán arriba, porque se había quedado frito al borde de una silla a la que, sinceramente, no tengo ni idea de cómo ha logrado escalar.
Ver al agente del FBI más temerario con un micro-gatito en los brazos, definitivamente… No. Es. Para. Corazones. Sensibles.
De repente, oigo cómo llaman a la puerta a golpe de nudillos. Mi corazón deja de latir y sufro algo similar a un infarto. Clara, si fuera el FBI o alguien que quiere mataros, imagino que no llamaría a la puerta.
Aun así, mi corazón late frenético.
«—¿Cómo es posible? Acabamos de llegar. ¿Cómo iba a sobrevivir solito?
—Un amigo ha estado cuidando de él. Mañana te lo presentaré. Ahora vámonos a dormir».
Eso fue lo que dijo anoche.
—¿Adrien? —alzo la voz, pero no responde.
No debe oírme.
Quizá es muy insensato por mi parte ir a ver de quién se trata, en vez de ir a buscar a Adrien al piso de arriba. Pero por si no ha quedado claro ya a estas alturas de la película:
Soy una épica insensata
Abro la puerta y me topo con una chica guapísima de larga melena oscura y ojos pardos, que me sonríe. En su camiseta pone «control de plagas» y lleva un uniforme de exterminadora. Uno bastante sexy.
Dijo «un amigo».
Era un hombre.
¿Entonces esta chica quién es?
—Hola.
—Tú no eres el amigo que ha estado cuidando del Pequeño Ayudante de Satán —musito, a punto de retroceder, gritar y cerrarle la puerta en las narices.
No necesariamente en ese orden.
—No, ese es él. —La chica mueve la barbilla hacia un puto monstruo de músculos y altura intimidante que sale de entre los árboles y viene hacia nosotras.
Sus ojos verdes son penetrantes y fríos, y es de la clase de hombre que después de crearlo rompieron el molde. Como con Adrien. También viste de exterminador y tiene una cicatriz que le cruza la nariz y otra que le parte la ceja.
¿Estoy en peligro?
Me siento en peligro.
—No te asustes, Clara —pide la chica.
—Vale.
—Estás haciendo todo lo contrario a no asustarte.
—Que una extraña conozca tu nombre no puede ser nada bueno.
—No soy ninguna extraña. —Me ofrece la mano y yo la miro como si fuera una bomba—. Hola, TuMáscaraEntreMisPiernas . S oy Food4VillanosTatuados. Encantada de conocerte.
Se me cae la mandíbula hasta el suelo.