Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 160
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Capítulo 160

N o ha podido correrse, imposible.

Jadeante, sin tener claro si voy a desplomarme porque acaba de hacerme la mejor mamada de la puta historia, la empujo de los hombros y la tumbo en el mismo suelo.

Le abro las piernas de golpe y veo lo brillante que está.

Clara suelta un grito, pero este se transforma en un gemido delicioso cuando paso la lengua por sus pliegues.

Aún.

Le.

Late.

El.

Coño.

—¡…Ese puto piercing!

¿Me dejaría hacerle uno en el clítoris para que hasta caminar la pusiera cachonda? ¿Para que tuviera que parar sus sesiones de pilates con tal de no correrse en mitad de una clase llena de gente?

Desearía preguntárselo, pero ahora mismo no puedo ni hablar.

Le meto dos dedos en su interior y los curvo hasta golpear su punto G, con un deje vengativo guiando mis movimientos. Quiero ser yo el único que haga que se corra.

IMJA. IMJA. IMJA.

—Adrien —gime mientras arquea la espalda y chilla.

Me alzo sobre las rodillas y me inclino para rozar sus pliegues con la polla.

Es cierto que después de tragarse todo mi semen, Clara ha recorrido mi miembro con la lengua hasta que no he aguantado más, pero ya vuelvo a estar goteando de necesidad por ella.

—Vasectomía… ¿la tienes?

La escoria de su marido sí se la hizo después de la muerte de su segundo bebé. Me da rabia que pueda estar pensando en ese cabrón.

—¿A-Adrien? ¡Dios! —chilla cuando torturo su clítoris con rapidez.

—No, pequeña bestia. ¿Quién la tenía?

—Kenerick —dice, y me da justo lo que quería: la razón perfecta para castigarla.

Tenemos un puñado de conversaciones pendientes, pero sé que saber la verdad la va a destrozar.

—No puedo quedarme embarazada, sería muy peligroso para mí… —dice, pero aprieto los dientes cuando agarra mi erección y trata de empalarse sola.

Tenso la mandíbula como para rompérmela. Con todo el autocontrol que tengo, le cojo las manos con una de las mías y se las aprisiono contra el abdomen.

Luego le meto cuatro dedos para asustarla.

Ella alza la cabeza ojiplática, dudando si se la he metido. Ofendiéndome.

—Una vez más, mi polla es más grande.

Me relamo viendo cómo se contonea y disfruta. Pero no se merece disfrutar después de lo que acaba de decir. Kenerick, Kenerick, Kenerick… Me aparto de Clara y se enfurruña confusa.

—¿Qué estás…?

—No puedes decir el nombre de otro hombre mientras te follo. —Me pongo en pie como puedo.

—¡Pero si tú has sido el que me ha…!

—Esto es lo que vamos a hacer. —Muevo la cabeza hacia la puerta del dormitorio—. Vas a salir de la casa. Y vas a intentar esconderte en el bosque.

—¿Ahora? Tú flipas.

—Y si te encuentro, te follaré sin condón. —Mis palabras suenan con eco, al menos en mi cabeza.

Clara se queda blanca, pero sus pupilas se dilatan.

No tiene claro si le gusta o no.

—¿Ha-hablas en serio?

Ladeo la cabeza y alzo las cejas. Se pone en pie despacio con las mejillas cada vez más rojas y un ligero temblor recorriéndole el cuerpo.

No queda nada de la antigua Clara enjaulada. La nueva versión no tiene inconveniente en salir desnuda de la casa tal y como le he pedido.

Tic, tac. Voy a por ti.