Capítulo 157
L a llevo a la ducha y la limpio. Con agua, con jabón, con mi lengua, con los dedos…
Vale, la estoy ensuciando. Me hago cargo.
Dudo si Clara pierde el conocimiento o solo se queda dormida cuando cierro el grifo, pero me la llevo a la cama en brazos y no parece importarle. Lo haría igual aunque le importara.
No la llevo a la habitación donde hemos hecho de todo, sino a mi dormitorio, donde nos espera el Pequeño Ayudante de Satán. Estos días que Clara ha estado desconectada o fuera de servicio, mi gato se ha obsesionado con ella.
Pero eso Clara todavía no lo sabe.
Aparto la bolita del centro de la cama y dejo a mi mujer en su lugar.
—La reina tiene prioridades —digo cuando intenta arañarme.
En cuanto su cuerpecito peludo toca el colchón, una mano delgada y esbelta lo alcanza.
—Estabas más depilado hace unos segundos… —murmura.
—No sé cómo tomarme que confundas el cuerpo de mi gato con mi polla. Para empezar, mi polla es mucho más grande —señalo al susodicho con el índice y le advierto—. No la arañes.
Nunca le he hecho daño, pero creo que estaría dispuesto a morderle si la hiere. Hacerla sangrar es cosa mía y va de la mano con hacer que se corra, tú no sabrías.
Clara abre los ojos de par en par cuando le muerde el dedo flojo y se revuelca junto a su cuerpo, jugando con ella.
JUGANDO. CON. ELLA.
No me lo puedo creer. El gato más arisco del planeta no solo se ha obsesionado con estar cerca suyo, sino que la quiere. ¡Quiere lo que es mío!
Debí adoptar un perro.
—¿Tienes un gato? —pregunta somnolienta incorporándose un poco.
—Sí.
—¿Tú?
—Sí.
Me mira con desconfianza, acunando al Pequeño Ayudante de Satán entre sus brazos. Algo de lo que ya estoy tremendamente celoso.
—¿Cómo es posible? Acabamos de llegar. ¿Cómo iba a sobrevivir solito?
—Un amigo ha estado cuidando de él. Mañana te lo presentaré. Ahora vámonos a dormir. —Le arrebato al animal y me tumbo en la cama, colocándolo a mi otro lado.
Puede que mis hombros sean mil veces más anchos que su pequeño cuerpo de gato de bolsillo, pero el cabrón trepa por mí para llegar hasta ella.
—Eh, voy a comprarte una jaula como no te comportes.
—No seas cruel —Clara se lo pega al pecho y gruño porque a mí me encantan sus tetas.
No tengo tiempo de quejarme más, porque se acurruca contra mí enredando nuestras piernas y metiendo la mano más allá de la toalla que rodeaba mi cintura—.
Shhh, hay mamá para todos. Dios, ¿en serio ya se te ha puesto dura?
—Estás desnuda y manoseándome, ¿tú qué crees?
—No podemos hacer nada con él aquí —dice antes de besar al puto gato que más odio del mundo.
—Más razón para comprarme una jaula. O una pala. —Tenemos un bosque inmenso que usar como cementerio.
Mueve la mano de mi glande a la base. Joder.
—Buenas noches.
—Clara…
—Si me follas otra vez me harás sangre.
—Pues me la beberé. Tú ya te bebiste la mía.
Estoy a punto de demostrarle lo en serio que voy, pero de verdad parece agotada. Se queda dormida contra mi pecho y yo tardo un buen rato en seguirla. Estoy hecho polvo, pero me gusta demasiado mirarla. Es preciosa y toda mía.
Ya se puede acabar el mundo, en esta cama tengo todo cuanto quiero.