Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 156
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Capítulo 156

C oloco un pie en su hombro cuando se acerca.

—No me toques —gimo fuerte y luego inclino la cabeza, viéndome en el espejo del techo.

Pero a quien miro no es a mí, sino a él, que parece a punto de morirse de la impresión y la lujuria. Nunca he hecho nada tan atrevido, pero con él me siento capaz de cualquier cosa.

Adrien me aparta la pierna e intenta alcanzarme, pero que el lado opuesto al mango con el que me masturbo sea un cuchillo juega por completo a mi favor.

Me quedo sin respiración cuando el filo del arma que él llevaba en la mano acaba contra mi garganta.

—Yo puedo mejorarlo —dice acariciando mi labio inferior con los dedos, para luego meterme dos en la boca. Los hunde profundo, hasta los nudillos, hasta que me atraganto con ellos—. Métetelo más o mi polla te destrozará.

Me arde el cuerpo. Chillo alcanzando el jodido cielo tras ganar un puñado de centímetros más gracias a sus palabras. Su sufrimiento es mi placer, ¡pero que le ponga tanto lo hace todo mejor!

Esto no debía gustarle.

¡Es mi castigo!

—Chúpalos a conciencia —me ordena y represento lo que le haré a su polla cuando termine de torturarle.

Clavo la vista en su entrepierna. En el cuchillo que tiene en mi garganta. En sus ojos. Pero él quiere otra cosa.

—Mírate a ti.

Me moja la cara cuando me saca los dedos de la boca para moverme la cabeza hacia arriba. Pierde el arma que sostiene, la lanza lejos de la cama. Con decisión alcanza la mano que tengo en la entrepierna y un latigazo de miedo me recorre al ver sus intenciones.

Dios, la imagen es tan digna de nosotros…

Adrien aleja el mango de mi centro para luego penetrarme tanto como puede de una sola embestida. Me retuerzo. Me tiemblan las piernas. Estoy a punto.

—Ya lo sé, çmenduria ime.

—¿Q-qué s-significa? —pregunto en un gemido airoso y entrecortado, pero no parece oírme—. ¡Adrien!

—Çmenduria ime. Mi locura. Porque es lo que eres para mí. Haces que pierda la cabeza, Clara Volkara.

Mierda, joder .

Me corro del gusto que me da saberlo, por el nombre, por la forma en que me mira y por todo. Él hace resbalar el mango dentro y fuera de mí mientras lo impregno con mi deseo. Convulsiono dándole un buen espectáculo.

Varios instantes después, Adrien me arrebata la joya de mi castigo y yo paso a estar vacía.

Mientras las gotas resbalan hacia su mano, su lengua saborea el resto.

Abierta de piernas, expuesta a él, empapo las sábanas mientras él lo limpia.

Entonces lo deja caer al suelo y me mira con necesidad, hambre y fascinación.

—Ya no hay máscaras —admito.

—No. —Su iris castaño se vuelve líquido, oscuro y letal—. ¿Intentabas arrebatarme algo con esto?

—Sí. Puedo ser muy vengativa.

Adrien se cierne sobre mí, libera su miembro y mi estómago se da la vuelta al ver por fin a la maldita secuoya en su máximo esplendor.

Ese apodo no le hace justicia. ¿Qué hay más grande que una secuoya?

—Ahora el mango de ese cuchillo te parece adorable, ¿a que sí? —sonríe con perversión y mi instinto de supervivencia me empuja a cerrar las piernas.

Él me las abre con tanta brusquedad que me arden las caderas.

Se coge el miembro y acaricia mi entrada con el glande.

Da toquecitos a mi clítoris hasta que rabio porque se adentre en mí.

Entonces busca en el bolsillo trasero de su pantalón y saca un condón.

No quiero que se lo ponga, pese a la irresponsabilidad que sería eso, sobre todo para alguien como yo, pero no lo digo.

No, porque incluso observarle poniéndoselo es todo un show.

—Quiero verte masturbarte.

—Tendrás lo que quieras de mí —dice antes de tumbarse sobre mí y comerme la boca con voracidad.

Le rindo pleitesía hasta a su piercing.

Sin aviso, me penetra un puñado de centímetros metiendo una mano entre nosotros y frotándome el clítoris como si fuera un maldito rasca y gana. Quiero rodearle la cintura con las piernas, pero apenas soy capaz de asimilar la brutalidad con la que me está follando.

La tiene inmensa, es insaciable, y…

Puede que este sea el intento de asesinato más guarro, sucio y placentero de la historia.

—Qué puta barbaridad, joder.

—¡Me vas a romper! —gimo suplicando que lo haga.

Cada embestida lo hunde más adentro y aunque duele, el placer es muy superior a cualquier otra cosa. Empiezo a ver lucecitas tras mis párpados.

—Si te desmayas, te lo vas a perder —susurra en mi oído, burlón, pero la imagen de que se folle a mi cuerpo incluso entonces hace que me tiemble de excitación hasta el alma.

Es un animal.

Una bestia.

Y yo soy su comida.

No quiero ser ninguna otra cosa.

Le agarro de las mejillas para volver a besarle y cuando cuela su lengua caliente en mi boca, juro que no quiero volver a dejarle escapar jamás.

Adrien me folla con rabia. Como si me despreciara. Como si fuera su diosa y su alma gemela. Es un cóctel de pura dinamita y yo no puedo hacer otra cosa que estallar.

La espalda se me arquea cuando mis terminaciones nerviosas se vuelven fuegos artificiales.

Siento cómo le succiono más adentro de mi ser. Sus embestidas rápidas hacen que me la meta entera, hasta la base, y justo entonces empieza a correrse conmigo.

Nos volvemos un amasijo de carne, sudor y flujos, y lo admito.

Quiero que sea mío, mío mío.

Solo mío.