Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 150
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Capítulo 150

M e coloco a su espalda, donde no puede verme.

Me quito la máscara y ocupo la silla. Bajo la cremallera de mi pantalón y me cojo la erección mirando su cuerpo completamente desnudo.

La miel gotea por sus piernas más despacio de lo que lo hacen las gotas de sudor.

Con la mirada fija en su culo empiezo a masturbarme con la rabia que anega mis venas.

Y ella gime escuchando la grabación donde me masturbo con ella a mi lado en la cama. Dije que no la toqué, pero no dije nada sobre jugar sucio.

—Así no —jadea iracunda—. ¡Mierda, Adrien!

Sabe que va a correrse.

Sabe que no va a ser todo lo satisfactorio que merece, pero ella se lo ha buscado.

Sacudo mi mano con determinación, del glande a la base, y lo hago sin dejar de mirarla. Joder, tiene un culo perfecto. Ella entera es perfecta para mí.

—¡No le escuches! —se dice a sí misma, pero sus intentos de convencerse enseguida se vuelven maravillosos gemidos de placer—. Dios… Adrien.

Su cuerpo empieza a convulsionar. Es tan rápido como lo soy yo. Antes de que termine ya tengo la mano llena de semen.

Tengo que hacerme dos pajas para poderme poner en pie, limpiarme un poco y volver a colocarme frente a ella. Sin quitarle los cascos de los oídos, me agacho frente a su sexo e inhalo con fuerza.

Es mi droga. Mi diosa. Mi reino entero, joder.

—Ya me he corrido, no te necesito —asegura con la voz temblorosa y el pelo pegado a la frente.

Pero un gemido la traiciona porque la grabación sigue. Es una muy larga. Subo el volumen hasta que oigo qué parte está escuchando.

«Mi glande está brillante, pequeña bestia.

Me muero de ganas de ver tus labios rodeándome la polla».

Gime retorciéndose de nuevo, pero no encontrará el placer duro que necesita después de tanta anticipación. A estas alturas ni mis dedos le servirían y estoy seguro de que ella ya lo sabe.