Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 149
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Capítulo 149

U na hora.

Lleva una hora haciéndome edging sin dejar que me corra.

He estado al borde del orgasmo diecisiete veces y aun así, no he obtenido nada. Estoy a una brisa de acabar en el manicomio.

Adrien ha usado la parte fría de la barra metálica para frotar mis pliegues. La ha empapado con mis flujos y luego los ha limpiado con su lengua. Me conoce demasiado bien y todo lo que hace me excita tanto que duele.

El sudor me resbala por la frente y por la columna vertebral, y los tobillos me duelen cuando vuelvo a tirar de las cadenas en un intento de frotarme las piernas, de darme placer. No lo consigo.

—¿Cómo te encuentras? —pregunta acariciando mis pechos, mi cintura y mi culo.

Le diría que le odio, pero soy más lista que eso. Si le trato mal, se aleja de mí y yo necesito que se acerque más. Vuelvo a centrar la vista en su erección. ¿Cómo puedo desear tanto a alguien que quiero matar?

—¿Clara?

—Tócame el coño.

Gruñe. Está tan empalmado que de vez en cuando tiene que agarrarse su preciosa secuoya. Deben dolerle mucho los huevos.

—No te lo has ganado.

Me separa los glúteos y acerca un dedo a mi ano, pero no me lo mete. No hace nada y aun así estoy al límite. ¿De correrme? ¿De la locura? Cada vez lo tengo menos claro.

—No me has metido los dedos porque no sabes si serías capaz de controlarte, ¿verdad? —sonrío.

—No es por eso.

—Sí lo es. Porque si oyes cómo me corro, serás incapaz de no liberarme y follarme en el suelo.

—Te equivocas.

—Yo te dejaría que me follaras, Adrien. Duro. Sin que me marques, claro está —sonrío lasciva—. Te dejaría que me la metieras tan profundo que mi cuerpo no llegaría a olvidarse nunca de ti.

No contesta, pero sé que le he dado donde duele.

Sus manos acarician la cara interna de mis muslos, la que ha dejado limpia con la lengua hace escasos diez minutos, pero que ya vuelve a estar chorreando.

—¿Tan débil crees que soy, çmenduria ime ?

Sosteniéndome la mirada, me mete tres dedos de golpe y grito. Adrien los saca y los vuelve a meter, pero entonces los curva. Estoy a punto del orgasmo, incluso empiezo a marearme de la impresión, pero entonces él se separa de mí jadeando.

Chillo de impotencia.

—¡Adrien!

—Quieres correrte, pero no te lo permitiré hasta que reconozcas que soy el único que quieres que te proporcione placer.

—¿El único? No te creas tan especial, me serviría el pico de una mesa si me soltaras —intento sonar segura de mí misma, pero es mentira.

Es la mayor falacia que he dicho en toda mi vida.

Ahora mismo ni siquiera mis dedos me servirían para satisfacer la inmensa necesidad que tengo.

Sí, podría correrme, pero no al nivel que necesito.

Cierro los ojos cuando vuelvo a fantasear con su polla, haciendo que mi ego rabie de enfado.

No estoy dispuesta a que vea la verdad en mis ojos y tengo la sensación de que cada vez soy más transparente para él.

—Como quieras. —Adrien se aleja de mí y cuando vuelve, lo hace con unos cascos inalámbricos.

Estoy tan rota de necesidad que ni siquiera me aparto cuando me los pone. Los enciende y su voz se cuela por mi oído y alcanza los rincones más ocultos de mi cabeza.

«Hola, pequeña bestia. Veo que quieres hacer esto por las malas.

Es una pena, porque ya podría estar persiguiéndote por el bosque.

Hay uno aquí fuera, ¿sabes?

Podría desnudarte, perseguirte por él y poseerte hasta que te desmayaras.

Pero has decidido ser mala conmigo…».

Su voz es tan erótica que mi clítoris palpita sin freno.

Mi mente se imagina todas esas cosas, pero no quiero correrme así, sin que nadie me toque. ¡Sin que él me haga lo que está pintando en mi cabeza!

Oírle respirar con dificultad… Espera, no. ¡No quiero que sea así! Gimo.

Estoy tan desesperada que apenas controlo los impulsos de mi cuerpo.