Aileen Volkara
Kentucky.
A bro los ojos sin entender de dónde proviene ese tambor que tanta paz me da. Poco a poco entiendo que es el latido de un fuerte corazón, y que no se trata del mío. Un segundo… unos brazos enormes cargan conmigo camino a la casa.
Alzo la vista y veo unos penetrantes ojos verdes taladrándome con la mirada.
Ragnar .
Ragnar me tiene cogida en brazos.
Repito: estoy en los brazos de Ragnar.
Ni siquiera pestañeo mientras me llevo el susto de mi vida. Entonces el capullo me suelta y me doy de culo contra el suelo.
—¡Au! ¿Qué estás…? ¡¿A qué ha venido eso?!
—¿Y tú qué? ¿Fingías estar dormida para que te llevara en brazos, princesa?
—¡No! ¡Y no me llames princesa! ¿Dónde está Liam?
—Dentro de la casa. Ha insistido en que dejarte en el coche era peligroso y que podías morir asfixiada como un perro abandonado. —Me da la espalda y se va a zancadas a la casa.
—¿Y por qué no me has despertado y ya está? —alzo la voz—. ¡Ragnar!
—Estaba ganándome el Valhalla haciendo una buena obra. No se volverá a repetir.
—¿El Valhalla? ¡Pero si eres de Illinois! ¡Tus abuelos eran quienes pertenecían a…! ¡Ragnar!
Se aleja ignorando mis gritos.
No le tires una piedra a la cabeza, Aileen. Lo necesitas vivo. NO SE LA TIRES.
Gruñendo, me levanto y tras limpiarme el culo, le sigo dando pisotones. Es una suerte que no tengamos vecinos en varios kilómetros a la redonda.
Pero me da que mis gritos van a oírse hasta en el infierno.