Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Ragnar
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Ragnar

Kentucky.

A parco frente a la casa. El jardín es extenso y la casa es bonita.

Cuando dices “piso franco” cualquiera se imagina un puto búnker roñoso con la cama en el armario y un montón de latas de alubias en la alacena.

Pero este sitio es al que traigo a gente que teme por su vida, proporcionarles algo de comodidad es lo mínimo.

Nunca me imaginé que acabaría usándolo yo.

Y menos contigo, pelirroja. Desvío la mirada hacia Aileen, que lleva frita desde la última hora. Tiene cara de no haber roto un plato en su vida, lo cual no es cierto. Y seguro que se le acabará cayendo la baba de esos labios gruesos y entreabiertos que…

Me doy cuenta de que el niño Ashcroft se me ha quedado mirando y salgo del trance. Me doy un bofetón mental y muevo la cabeza en un gesto hacia fuera del coche.

—Vámonos, Liam.

Salgo del coche y el renacuajo lo hace también.

—Aileen está dormida, Ragnar.

—¿Lo está? Pensaba que los ronquidos eran su manera de refunfuñar.

—No está roncando. —Hace una mueca—. Aileen es buena persona. ¿Y tú? ¿Lo eres?

No. La verdad es que no.

Pero si te lo digo vas a empezar a llorar y no quiero tener que lidiar con eso.

—Lo que soy es una persona de pocas palabras.

—Yo también.

—Pruebas. Quiero pruebas, Liam.

—¿Me estás pidiendo que me calle?

Es listo el niño este.

— ¿Tienes hambre? Te daré algo de cenar —echo a andar y él lo hace también, pero un poco reticente.

—¿Aileen va a quedarse en el coche?

—¿Tú ves que nos siga? —levanto una ceja.

—Es peligroso.

—Tranquilo, no creo que sus ronquidos rompan las ventanas del coche. Además, no vamos a usarlo mucho y siempre podemos robar otro.

Frena sus pasos a mitad de camino, todo enfurruñado.

—Aileen no ronca. Y me refiero a peligroso para su salud. Es verano y hace calor, y se ha quedado en el coche sola.

Vas a ser un verdadero grano en el culo, ¿a que sí?

—¿Qué tal si vas entrando ya en la casa y yo voy a por ella? ¿Te parecería bien?

—Sí —obedece por fin cogiendo mis llaves al vuelo cuando se las lanzo.

Exhalo. En un par de zancadas estoy de vuelta en el coche. Abro la puerta y me quedo ahí parado, inmóvil.

Venga, idiota. Tírale del pelo, con eso bastará.

O da un par de gritos.

Dale un buen puñetazo al techo del coche.

¡Cualquier cosa, joder! ¡Pero haz algo ya!

Me echo la bronca interiormente, pero no soy capaz de hacer nada. No puedo despertarla. No, porque es verdad que no ronca. Y porque, además, está preciosa acurrucada en el asiento.

Debe ser la primera vez en su vida que no tiene el ceño fruncido.

¿Cómo es posible que siendo tan delgaducha sea la perfecta arma de matar? A ver, mirándola bien, sus curvas no tienen nada que envidiar a las de Britney, que se cree la Miss del FBI. Y sus brazos son fuertes. Y sus piernas largas. Y sus labios gruesos.

Maldigo a todos sus antepasados cuando mi polla se endurece dentro de mi pantalón.

Es solo porque la he visto morreándose con una tía y es el sueño de cualquier hombre, nada más.

La cojo en brazos imaginándome que es un saco de dormir. O una bolsa de basura. Sí, eso es. Salvo por el detalle de que…

Esta bolsa de basura huele muy bien.

Gruño y la aferro contra mi pecho, fijándome sin querer en lo suave que es su piel. Y en que tiene pecas.