Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 145
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Capítulo 145

L a presión de mi estómago resulta molesta y es lo que me despierta. Me cuesta unos segundos comprender lo que veo. Sigo en el coche, pero hay dos minúsculas diferencias.

Liam ha desaparecido y yo estoy atada al asiento.

—Estás despierta.

Alzo la vista hacia el asiento del conductor y su tranquilidad me deja aún más confusa.

—Adrien, ¿qué…?

—No tienes por qué tener miedo, pequeña bestia. Estás conmigo.

Su voz es una serpiente enroscándose a mi tráquea.

—¿Por qué estoy atada al asiento? ¿Y Liam? —Miro a mi alrededor, a la carretera desierta.

El paisaje no me dice nada. Tengo un mal presentimiento.

—Liam está a salvo, está con Aileen y Ragnar en Kentucky.

—¿Y nosotros estamos…?

—En Kentucky no.

Me empapo en sudor frío. Me trago sus palabras e intento asimilarlas, pero no lo consigo.

—¿Es una broma?

—No —responde con rotundidad.

—¿C-cómo va a…? ¿Cómo ibais a apartarlo de mí sin…? ¡¿Cómo no me he despertado?!

Se revuelve en el asiento, incómodo.

—Cloroformo.

—¡¿Me has drogado?!

—Sé que suena mal.

—¡¿Estás de broma?! ¿Que «suena mal»?

—No es ideal y lo siento, pero por seguridad teníamos que separarnos y tú habrías hecho todo por evitarlo.

—¡Hijo de puta! ¡Confié en ti! —la rabia me llena los ojos de lágrimas mientras me revuelvo e intento soltarme, pero solo hace que la cuerda que se entrelaza con la maneta de la puerta, el asiento y los cinturones de seguridad, se apriete todavía más.

—Clara —intenta que le preste atención, pero yo no dejo de chillar.

Adrien detiene el coche. Se baja de su lado, abre la puerta del mío y en un segundo tengo sus impactantes ojos castaños a un palmo de mi cara.

Los perversos que me hechizaron para bajar la guardia.

He sido una idiota, ¡y ahora mi hijo no está!

—Eres lo más importante para mí, Clara —su mano acaricia mi muslo con mimo—. Voy a hacer todo cuanto esté en mi mano para salvarte la vida.

—¡Has apartado a Liam de mí! ¡Te odio!

—Liam está con mi hermana y Ragnar. A salvo. Llegarán pronto al piso franco de Ragnar y nosotros haremos lo mismo con el mío dentro de unas cuantas horas más. Todo va a salir bien.

—No puedes estar hablando en serio. ¡Te voy a matar! ¡Te odio muchísimo!

Se yergue sobre sus piernas, incapaz de disimular lo que le duelen mis palabras.

Bien.

Ojalá le hicieran sangrar.

Ojalá le destrozaran el corazón.

Aunque para eso tendría que tener.

—Adrien, suéltame.

—Eso no va a pasar.

—Te mataré.

—Por favor, no digas eso.

—¡Te odio! ¡Me las vas a pagar! ¡Nunca debí fiarme de ti! ¡No eres más que un loco!

Sus ojos se enfrían de golpe.

—Bien, si eso es lo que quieres… —Adrien sonríe como lo haría un psicópata—. Señorita Ashcroft, está siendo oficialmente secuestrada.

Una punzada de pánico me retuerce el estómago. Grito hasta que el cloroformo vuelve a mis fosas nasales.

Entonces el mundo se queda en silencio.