Aileen Volkara
L e despierto y le pido que baje del coche para que no vea cómo Adrien lleva un pañuelo con cloroformo a la boca y la nariz de su madre.
—¿Qué ocurre, Aileen? —pregunta con esa mirada inteligente, muy avanzada para su corta edad.
—Tengo que pedirte algo muy difícil que no va a gustarte, pero necesito que me escuches bien, ¿de acuerdo? —le cojo de las manitas.
—Sí.
—Lo más seguro para tu madre y para ti es que os separemos por ahora.
Llevaros a un estado distinto a cada uno, y hacer todo lo que esté en nuestra mano para no llamar la atención y protegeros hasta que consigamos que la verdad se sepa y la ley se ponga del lado de los inocentes.
— Tenemos a gente de nuestra parte en el FBI, intentando desmantelar a los cabrones que quieren matarnos.
Quizá lo consigamos antes de que alguien nos vuele la cabeza.
—Pero yo no quiero separarme de mi madre.
—Lo sé. Liam, lo sé, de verdad. Pero si nos quedamos todos juntos, nos acabarán encontrando. Por eso hemos pensado en formar equipos. Ragnar, tú y yo, por un lado, Adrien y tu madre por otro.
Pregunta por los que faltan y me quedo con cara de tonta. Improviso diciendo que Sam se ha ido con Britney, ya que decirle que el poli en el que más confiaba ha resultado ser un malnacido traidor de mierda no hará que quiera venirse conmigo.
—No quiero dejarla. —Se le llenan los ojos de lágrimas.
—Tienes que ser fuerte, porque si no las probabilidades de que la pierdas a ella también son enormes.
Se frota los ojos y tras un momento, asiente poco convencido.
—¿Puedo despedirme? Está dormida.
—A Clara le gustará menos que a ti esta separación. Es muy protectora, ya lo sabes. Creo que es mejor que no la despertemos.
Y ahora encima, es imposible porque acabamos de drogarla. Es curioso, cuando empiezas a huir como una delincuente te acabas pareciendo a una.
A Liam le tiembla el labio y juro que preferiría que alguien viniera a arrancarme el corazón y troceármelo antes de seguir con esta conversación. Pero así están las putas cosas.
Liam se acerca a su madre y por suerte, para entonces Adrien ya está de nuevo tras el volante. Con suavidad, le quita uno de sus pendientes de perlas. Luego le acaricia la pulsera tobillera que lleva puesta y dice:
—Siempre estaremos juntos, mami.
Que me parta un puto rayo y me mate, joder.
Liam acepta mi mano y nos largamos de allí pitando.