Capítulo 144
S e le cierran los ojos antes de llegar a la trifurcación. Un par de kilómetros más allá, encuentro el coche de Ragnar y me detengo a un lado de la carretera desierta. Son las cuatro y cuarto de la mañana.
De no ser por él, estaríamos todos muertos.
Aileen llega junto a mi ventanilla y le pregunto:
—¿De verdad Britney se ha ido?
—Sí. Solo espero que salga bien.
—Tú preocúpate por ti, Aileen. ¿Estaréis al noreste de Kentucky?
—Sí, en el piso franco de Ragnar.
—No me gusta una mierda. Pero vale.
Aileen mira hacia el asiento de atrás de mi coche y duda.
—¿Estás seguro de esto?
—Hazlo.
Asiente y frunce los labios. Antes de alcanzar la puerta de atrás, vuelve a la ventanilla.
—Adrien, no voy a preguntarte si estás bien porque sé que no. Yo tampoco lo estoy. Pero mantén la mente fría. Y ten mucho cuidado, ¿de acuerdo?
—Tú también —aprieto los dientes.
—Saluda al Pequeño Ayudante de Satán de mi parte.
—Lo haré.
Llevo tantas semanas sin verlo que seguramente ya no me odie por haberlo sacado de Texas.
—Vamos, princesa, no tenemos toda la noche —oigo decir a Ragnar desde su coche, en diagonal al mío.
Aileen debe estar muy jodida para ignorar el mote que tanto detesta. Abre la puerta de atrás y despierta a Liam.
Solo a Liam.
Corro la cremallera de la bolsa que ocupa el asiento del copiloto y saco el cloroformo.