Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Depredador enmascarado
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Depredador enmascarado

Idaho.

H acía poco que habíamos salido de Wyoming. Media hora, tal vez más.

Lo cierto es que me enfurece haber dejado a Clara sola en el coche, pero no podía permitir que la tocaran.

—Habéis gastado mucho en gasolina y no vais a ver ni un solo dólar de la fortuna Ashcroft. —Le digo al que tiene la cabeza abierta, pero todavía respira.

Espero que esté lo bastante consciente como para oír mi risa.

Nos han seguido desde la gasolinera. Solo doy gracias de que lo hayan hecho hasta un descampado donde he podido acabar con tres de los cinco asesinos a sueldo… De momento.

A todos les pongo la cara de Sam mientras los mato.

Cinco asesinos es un número irritantemente bajo. Una docena estaría mejor.

—¡Por favor, piedad! —grita el que he colgado del cuello y he atado al maletero de la camioneta en la que venían.

A veces me gusta tener espectadores.

—¿Sabes? Hay personas que matan porque pierden el control —hundo el cuchillo en el abdomen del moribundo y se lo abro, igual que a los tres anteriores—. Yo mato porque nunca lo pierdo.

En el fondo sé que el FBI me dio una placa porque era más barato que encerrarme .

Mato a mi espectador igual que al resto y al acabar me limpio bien las manos. Al mirarlas, nadie diría que son las de un asesino.

Lo dejo todo listo para que parezca un ajuste de cuentas entre bandas y vuelvo al coche. El corazón se me contrae al ver a Clara dormida en el asiento de atrás. Eres tan preciosa, pequeña bestia.

Por fin eres solo mía.

—D.E.