Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Ragnar
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Ragnar

C oloco un brazo bajo los de Aileen cuando parece a punto de desmayarse después de que su hermano le pegue cinco tiros a ese viejo que prefirió venderlo a tener honor. Si sirve de algo, a mí nunca me gustó ese capullo. Desconfío de la gente que se esfuerza de más en parecer bondadosa.

Pero Aileen, en su línea, me golpea el pecho y se aparta de mí.

—Podrías habernos avisado de alguna manera. —Se le ponen los ojos rojos de la impotencia y las lágrimas que no deja salir.

—Sam lo habría sabido. O alguien de la central.

—Eso suena a excusa.

—No lo es. Ahora sube a mi coche, falta una hora para las cuatro, pero probablemente ya estén de camino.

—¿Cuál es el plan? —pregunta Britney.

—Para empezar, deberíamos largarnos de aquí cagando leches —interviene Aileen—. Este es un motel de mala muerte, pero si hay huéspedes, lo habrán oído y la policía local estará de camino.

Hostia puta. Será que no lo he dicho yo veces.

—El plan es que tú vuelvas a la central, Britney —le contesto, lo bastante alto como para que mi mejor amigo también lo escuche—.

David será parte de tu coartada. Volverás y harás que todos crean que estabas aliada con Sam.

Ya… ya sabes el resto —comento sin dar muchos detalles porque los ojos de Clara Ashcroft están sobre mí.

—Estás flipando, Ragnar, yo voy con vosotros. Que yo me largue nunca ha sido parte del plan.

—Pero ahora debería serlo —musita Aileen mirando el cadáver.

Cojo su barbilla y la desvío en mi dirección.

—Fija los ojos en mí, pelirroja.

—¡Yo no voy a irme!

—He matado a un agente del FBI, Britney. Aileen es el principal objetivo de un exmilitar drogadicto y perturbado. Liam, Clara y Adrien tienen una diana en la espalda, pero tú no.

—Me da igual, ¡no soy ninguna rata!

—Si nos encuentran y estás con nosotros, te matarán.

—No conseguirán encontrarnos. ¡No voy a irme!

—Sí, lo harás —sentencia Aileen—. Te pondrás en contacto con alguien de nuestro equipo y les pedirás ayuda, igual que a David. Harás todo lo que esté en tu mano para que los jefazos crean que estuviste aliada con Sam desde el principio.

—No quiero venderos para salvarme, quiero ayudar. Puedo serviros —esto casi lo suplica.

—Nos podrás ayudar más desde la central —dice Aileen cogiéndola de la mano—. Llegado el momento, y solo si no pone tu vida en riesgo.

—Ya hemos perdido bastante tiempo —cojo a Aileen del brazo y la arrastro hacia mi coche—. Adrien, nos vamos.

Estoy dispuesto a repartir un par de puñetazos si la peña no empieza a entender la gravedad de la situación. Por suerte, entran en razón y nos ponemos en marcha.